lunes, 17 de septiembre de 2018

Nicaragua: como bien merece ese heroico pueblo, tiene que desarrollar la revolución democrática y eso le demanda una guerra popular

 
" Nicaragua hizo una revolución inconclusa y su problema está en que allí no se ha destruido el Poder de toda la gran burguesía, se han centrado en antisomocismo, creo que ése es un problema. Una revolución democrática tiene que barrer las tres montañas y allí no se ha hecho; por otro lado, se desarrolla dentro de criterios cubanistas reajustados en los últimos tiempos y eso simplemente lleva a depender, en último término, de la Unión Soviética. Cómo se comprueba esto?, porque en las conversaciones entre los representantes diplomáticos de las dos superpotencias es donde se trata, se ve y se maneja la situación de Nicaragua, como la de Afganistan o la de Medio Oriente, son muy sintomáticos los pasos de marchas y contramarchas que han dado y muy coincidentes reuniones y acuerdos de las superpotencias las medidas que luego se toman en Nicaragua, en su relación con la "contra".

Nos parece que Nicaragua, como bien merece ese heroico pueblo, para seguir el camino correcto tiene que desarrollar la revolución democrática completamente y eso le va a demandar una guerra popular, tiene que romper con el bastón de mando de la Unión Soviética, asumir en sus manos su propio destino y defender su independencia de clase y esto demanda un Partido y, obviamente, sujetarse a la concepción del proletariado; de otra manera seguirá siendo ficha de ajedrez y eso es lamentable. Creemos que ese pueblo ha dado muestra de gran combatividad y su destino histórico no puede sino desarrollar la revolución como corresponde, con Partido basado en el marxismo-leninismo-maoísmo y guerra popular, y desarrollarse independientemente sin tutelaje alguno, de nadie, ni cercano ni lejano. 

Cita de la ENTREVISTA CON EL PRESIDENTE GONZALO

En el artículo anterior sobre Nicaragua, nos referimos al proceso del país desde finales de los 70 que dura hasta finales de los 80, gobierno de la facción burocrática de la gran burguesía, seguido de gobiernos encabezdos por representantes de la facción compradora, en los que no participa el sandinismo, como los de Chamorro hasta Alemán, para volver a partir de 2007 al predominio de la facción burocrática en el gobierno con Daniel Ortega y sectores del FSLN, a partir de hoy vamos a documentar este proceso incluyendo el actual gobierno de Daniel Ortegacon el artículo que usando in extenso el artículo: LOS EMPRESARIOS Y EL ESTADO POSREVOLUCIONARIO:EL REORDENAMIENTO DE LAS ÉLITES Y LA NUEVA ESTRATEGIA DE COLABORACIÓN EN NICARAGUA, por Rose J. Spalding, publicado en Anuario de Estudios Centroamericanos, Universidad de Costa Rica, Vol. 43, 2017. Lo haremos por entregas.

En el artículo arriba mencinado, el autor (Rose J. Spalding)se propone “examina(r) los procesos políticos que afectaron la reconfiguración de la élite económica en Nicaragua”.
Usamos el material y la exposición de los hechos contenidos en él para presentar nuestra posición al respecto, separando la paja del trigo, tomando el contenido racional (Marx), objetivo de la exposición, deslindando con las ideas del autor que pueden llevar a una comprensión distorsionada de los mismos, por corresponder a la sociología burguesa de moda que se imparte en la universidades yanquis.

Para comenzar, cuando el autor escribe “las élites” se refiere a las facciones y grupos de las clases dominantes y sobre sus representantes políticos, por sus limitaciones de clase confunde muchas veces a los sectores que conforman a la burguesía media (no monopolista) con sectores de la gran burguesía (monopolistas como su amo el imperialismo), como cuando se refiere a las asociaciones empresariales donde alguna corresponden a los grupos de la gran burguesía, en otras se entremezclan sus  grupos con los de grupos de la burguesía media y otros de está última con la pequeña burguesía.

Dentro de la “élite tradicional” el considera a los terratenientes y grandes burgueses dedicados a los productos de exportación tradicional (extractivos).
Del artículo se colige, que los principales grupos de la gran burguesía, tanto los que  políticamente están con la oposición, por ejemplo, los Contras; así como los que están con el gobierno sandinista, actúan como intermediarios del capital imperialista principalmente yanqui; están subordinados al capital financiero yanqui dependen del mercado norteamericano, como dice el propio Ortega, tienen también grandes inversiones en el territorio de los Estados Unidos (leer Entrevista  Completa de Daniel Ortega a Agencia EFE, en adelante Entrevista  a EFE). Hay otros grupos de la misma facción compradora que dependen del capital financiero de otros países imperialistas y están orientados más a otros mercados.

Hay que considerar también, que los grupos de la facción burocrática como los de la compradora en los países semicoloniales, se diferencian entre ellos, según cual sea el país imperialista a que están subordinados directamente; así, los representantes de la facción burocrática que tienen que ver con las finanzas, la producción y el comercio de exportación e importación de Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Chile, Perú, etc., estarán más fuertemente ligados al imperialismo con el cual se realizan principalmente estas actividades, el imperialismo principal que los domina, el yanqui; por su rol de intermediarios de éste, sus  intereses están subordinados al tratamiento político de estos imperialistas y tratarán de relacionarse con parlamentarios y personajes del gobierno de estos países imperialistas para que los apadrinen y abogar por un mejor trato para “su gobierno”. 

Tener en cuenta, que hay una fuerte presencia de los otros imperialistas en América Latina como España, Holanda, Alemania, Japón, Rusia, China, etc. Por ejemplo, si mencionamos al monopolio español de la energía Repsol, se lo encontrará en diversas combinaciones actuando con otros monopolios, como ejemplo, con las petroleras chinas, en campos petroleros de Venezuela, Argentina, Bolivia o Brasil. Esa es la base económica de las llamadas “dos alas” o de las tendencias que se dan en todos esos gobiernos del oportunismo (gobiernos reaccionarios de la facción burocrática con participación de los oportunistas). Lo cual documentaremos oportunamente. Que tampoco es un tema fácil porque los grupos monopolistas imperialistas desenvuelven sus actividades mediante el sistema de “participación”, de asociaciones entre ellos en medio de colusión y pugna.

Volviendo al artículo en cuestión, en él se resume, el desarrollo de la colusión y pugna, entre las facciones y grupos de las clases dominantes en Nicaragua, los cambios de régimen mediante lucha armada o por elecciones, así:

“Las élites económicas no se desarrollan simplemente en respuesta a señales económicas, sino también en relación con su compromiso con el Estado. El caso de Nicaragua demuestra cómo los procesos de formación y recomposición de las élites se entrecruzan con los principales cambios políticos acontecidos mientras el país estuvo sujeto a procesos como la revolución, la guerra, la democratización y la reinserción económica. En respuesta a un proceso pos revolucionario de reformas de mercado en la década de los 90, que alteró la arquitectura institucional interna y produjo nuevos flujos de comercio e inversiones, se desarrolló una nueva configuración de la élite empresarial nicaragüense. Mientras algunas élites tradicionales no pudieron hacer las transiciones necesarias en cuanto a tecnología y a procesos de producción, otras encontraron la forma de expandir sus actividades económicas, y surgieron como parte de la nueva élite”.

En la cita que antecede, el autor ( Rose J. Spalding) de acuerdo a su concepción dualista concibe el Estado separado de la sociedad, Lenin, tomando a Engels, nos dice: 

"El Estado es, más bien, un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado con sigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. Y para que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso hízose necesario un Poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del 'orden'. Y este Poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado (...)Según Marx, el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del "orden" que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los choques entre las clases. En opinión de los políticos pequeñoburgueses, el orden es precisamente la conciliación de las clases y no la opresión de una clase por otra. Amortiguar los choques significa para ellos conciliar y no privar a las clases oprimidas de ciertos medios y procedimientos de lucha para el derrocamiento de los opresores"

Por su concepción burguesa del Estado, el autor confunde la lucha entre (las facciones) y los grupos de estas (élites económicas) por el control del gobierno para imponer su programa gran burgués comprador o burocrático, con “su compromiso con el Estado”.

Prosiguiendo con el artículo: “El retorno a la presidencia en 2007 de Daniel Ortega, líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y antiguo revolucionario, planteó dudas sobre la naciente interface (conexión, comunicación, aclaración nuestra) entre las élites económicas y políticas. Sin embargo, las adaptaciones mutuas facilitaron el desarrollo de nuevas formas de colaboración. Los líderes empresariales reaccionaron estratégicamente ante el cambiante panorama político y el Gobierno pos revolucionario intentó garantizar la estabilidad económica al promover un diálogo de alto nivel. Este dio como resultado una nueva reconfiguración a las relaciones entre los empresarios y el Estado”.

Lo escrito por el autor del artículo se corresponde con lo sostenido por D. Ortega en su Entrevista   a EFE.

Proseguimos citando el artículo:

Relaciones Estado-empresariado: Consideraciones teóricas. Las élites empresariales presentan un amplio repertorio de estrategias que pueden desplegar para conseguir sus objetivos –individuales y colectivos, formales e informales, de asociaciones y electorales– (Schneider 2004; Fairfield 2015; Wolff 2016).

Además de instrumentos obvios como el financiamiento de las campañas y la propiedad sobre los medios de comunicación, las élites económicas disfrutan de otros niveles que incrementan su influencia. La necesidad de inversiones y desarrollo en el sector privado de los líderes políticos para lograr la consolidación del Estado y la estabilidad (es decir, la dependencia estructural que este tiene del capital), le otorga al sector empresarial un poder imperecedero, que las élites políticas ignoran a su cuenta y riesgo.
A su vez, la habilidad de los empresarios de ejercer esta influencia depende de la medida en que ellos puedan atenuar las diferencias internas a través de la negociación, la persuasión, la intimidación o la exclusión de los segmentos más débiles. Aunque en muchos países las organizaciones empresariales han sido históricamente fragmentadas y dependientes del Estado, en Latinoamérica a menudo ganaron capacidad de organización durante las transiciones del mercado (Durand y Silva, 1998). Complejas e importantes asociaciones multisectoriales trabajaron para unificar la voz del empresariado y amplificar su impacto tanto en la política interna (...)

(...)En su estudio sobre las negociaciones de libre comercio chilenas, Bull (2008) observó que las élites empresariales tenían no solo control sobre el capital, sino también sobre el conocimiento, para influir en la redacción del texto comercial. El grupo profesional de las asociaciones de negocios, algunos de los cuales rotaban entre el sector privado y sus funciones en el gobierno, no establecía una distinción entre lo público y lo privado, y ayudaba a sincronizar las posiciones de los negocios y las gubernamentales.2

Sin embargo, con la reforma del mercado se trata tanto de ganar como de perder con las élites empresariales, lo cual comúnmente lleva a la fragmentación y a la reconfiguración organizativa. Las jerarquías entre los grupos de negocios con acceso diferencial a los que dictan las políticas, conducen a reformas de políticas que favorecen a algunos intereses por encima de otros. Estos procesos pueden resultar en lo que David Harvey (2004) llama “acumulación por desposesión,” en que las relaciones de poder permiten la transferencia planificada de los recursos de los sectores debilitados a las élites en ascenso. (c) Aaron Schneider (2012) utiliza las herramientas de la “sociología fiscal” para demostrar cómo la estructura de las alianzas de negocios afecta los procesos de construcción del Estado por medio de los regímenes de impuestos en América Central. La particular formación de coaliciones entre las élites de Estado y las económicas puede dirigir la política económica hacia diferentes parámetros.(...) . 

Las reformas neoliberales redujeron la base de recursos de los pequeños agricultores y desarticularon la capacidad de organización de los campesinos, con lo cual fue más fácil para el Estado rechazar sus reclamos. Un proceso similar surgió con los grupos de trabajadores, los cuales son desplazados del lugar relativamente privilegiado que ocupaban durante la industrialización patrocinada por el Estado. Mientras los vínculos tradicionales Estado-sociedad se deterioran y se forjan nuevas alianzas, las presiones internas se pronuncian a favor de las reformas de mercado con particulares consecuencias distributivas”.

En lo que antecede, el autor describe el proceso de concentración y centralización del capital, donde unos capitalistas particulares y grupos empresariales (sistema de participación, Lenin) pierden y otros ganan  concentrando y centralizando más capital y por tanto poder en el Estado terrateniente-burocrático. También como el cambio de gobierno y  “las reformas neoliberales” conllevan la pérdida de los derechos conquistados por los campesinos y obreros durante el paso del régimen de Somoza al régimen sandinista.

Lenin, al respecto dice:

"La omnipotencia de la "riqueza" es más segura en las repúblicas democráticas, porque no depende de la mala envoltura política del capitalismo. La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo, y por lo tanto el capital, al dominar (a través de los Pakhinski, los Chernov, los Tsereteli y Cía., del govierno provisional de socialrevolucionarios y mencheviques con la burguesía después de la Revolución de Febrero de 1917 en Rusia, nota nuestra) esta envoltura, que es la mejor de todas, cimenta su Poder de un modo tan seguro, tan firme, que ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república democrática burguesa, hace vacilar este Poder.Hay que advertir, además, que Engels, con la mayor precisión, llama al sufragio universal arma de dominación de la burguesía". 

Tener en cuenta la cita de Lenin para todos los gobiernos de los Estados burgueses o terrateniente-burocráticos, sea cual sea su color.


También el autor Rose J. Spalding, pese a no emplear la denominación correcta, diferencia entre los gobiernos de la facción burocrática que lleva a cabo "la industralización patrocinada por el Estado" y los gobiernos de la facción compradora de la gran burguesía "a favor de las reformas de mercado".

Así, el autor se refiere a la base económica que explica las diferencias de políticas económicas, de las organizaciones, acuerdos y luchas al interior de la gran burguesía y sus consecuencias políticas. Lucha entre las facciones de la gran burguesía por el control del gobierno e imponer su propio programa, facciones que a su vez se dividen en diferentes grupos con intereses contrapuestos principalmente de acuerdo al amo  imperialista al cual sirven. Contradicciones entre las facciones y los grupos al interior de estas que se desarrollan en medio de colusión y pugna. Y prosigue:

“(…) Aunque las categorías de emergentes, nuevas y tradicionales son útiles a nivel conceptual, estas pueden resultar conflictivas para el análisis empírico. En la práctica, las élites se mueven a través de dichas clases, y las múltiples generaciones no se pueden confinar a un solo segmento de la tipología. Por ejemplo, en Nicaragua algunas élites tradicionales se reconfiguraron durante el período revolucionario y resurgieron como parte de una élite nueva durante la transición neoliberal posrevolucionaria, ocupando espacios que se abrieron al privatizar las empresas estatales y las nuevas formas de integración económica. Otras, por su parte, continuaron en el proceso de diversificarse y transnacionalizarse, y pudieran ser consideradas como parte de una élite emergente en sectores que han comenzado a crecer recientemente.

Las élites nicaragüenses, en la paz y en la revolución. Históricamente, la élite económica nicaragüense estaba centrada en la producción agroexportadora de café, algodón y ganado vacuno (Bulmer-Thomas, 1987). Las ramas comerciales y financieras se desarrollaron muy cerca de la dinastía Somoza (1936-1979), cuando la producción agroexportadora se expandió y se emprendió el proceso de industrializador del Mercado Común Centroamericano (MCCA). Los tres grupos principales fueron construidos en los años 60 y 70, cada grupo organizado alrededor de nacientes intereses bancarios (Strachen, 1976 y Wheelock Román, 1980). La familia Somoza y sus aliados aseguraron uno de estos grupos de negocios con importantes inversiones en la agricultura, el ganado, la banca y el comercio. Otros importantes productores agrícolas e industriales se organizaron alrededor de dos bancos nacionales privados: el Banco Nicaragüense (BANIC) y el Banco de América (BANAMER).

Los aliados de Somoza, mediante dádivas y presiones, extendieron su presencia en los negocios como competidores y asociados.

Esta relación generó tensiones, especialmente bajo la tercera encarnación de la dinastía Somoza con el gobierno de Anastasio Somoza Debayle (1967-1972 y 1974-1979) cuando aumentaron los niveles de corrupción y la violencia política se incrementó. A principios de la década de 1970, los empresarios comenzaron a organizarse alrededor de este descontento, y en febrero de 1972 surgió una organización importante de empresarios, que atrajo a líderes empresariales a través de una docena de redes sectoriales y cámaras.

Esta organización, el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), proporcionó el espacio organizativo necesario para coordinar una profunda oposición de la élite empresarial al régimen en los años setenta (Tabla 1). Tras la tremenda corrupción implicada en la ayuda para los damnificados del terremoto de 1972 en Managua, los líderes de esta entidad exigieron cambios políticos y administrativos para mejorar la responsabilidad social y la trasparencia (COSEP, 2012b).

Mientras la represión del régimen llevaba a la escalada de violencia y los conflictos armados a finales de la década de 1970, algunos sectores de la élite comenzaron a cambiarse hacia la oposición que se acrecentaba lentamente. Varios productores prominentes comenzaron a apoyar el levantamiento dirigido por el FSLN contra la dinastía de los Somoza, al cultivar de forma activa el apoyo diplomático para la insurgencia, y al suministrar recursos financieros y protección a los rebeldes, cultivando activamente apoyo diplomático para la insurgencia, y suministrando recursos financieros y protección a los rebeldes. Varios empresarios3 se unieron a “Los Doce”, un grupo de destacados líderes intelectuales, religiosos y económicos que sirvieron como emisarios internacionales para el FSLN, alentando a los actores externos a desvincularse del régimen de Somoza. Después del asesinato en 1978 de uno de los integrantes de estos grupos, el editor del periódico La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro, un creciente número de líderes empresariales apoyaron las periódicas huelgas generales, lo cual contribuyó a la escalada del conflicto y finalmente, a la salida de Somoza del poder al año siguiente.

Aunque varios representantes del sector empresarial se incorporaron en un ninicio al Gobierno revolucionario, y algunos jóvenes de las familias élites también se unieron en la toma del poder político, la relación entre el grupo empresarial y el Gobierno sandinista rápidamente se malogró. Bajo la dirección colegiada de los nueve comandantes del FSLN, de que Daniel Ortega llegó a ser la cabeza más visible, la Revolución sandinista (1979-1990) creó una economía mixta que priorizaba la acumulación centralizada por el Estado. Así, el nuevo gobierno expropió los bienes de la familia Somoza y de sus aliados, y adquirió extensas propiedades y una amplia red de firmascomerciales e industriales. Además, los bancos privados habían colapsado durante la insurrección, y fueron reemplazados por entidades de propiedad gubernamental.

Comentario a lo anterior: En sentido estricto, lo citado, muestra como "la revolución sandinista" no constituyo el cambio de la dominación de clase por otra, fue un cambio de régimen, el desarrollo del capitalismo burocrático pasó a ser impulsado por la facción burocrática encabezada por el FSLN. Prosiguiendo con las medidas del gobierno sandinista, dice:

“(…) El gobierno rápidamente asumió un control monopólico sobre las exportaciones de las principales mercancías, eliminó las firmas comerciales privadas, e impuso regulaciones sobre el comercio y las transacciones nacionales que aumentaban en complejidad.
Mientras corrían los años ochenta, siguieron otras expropiaciones, a veces centradas en los líderes empresariales más importantes.4 Al final de esta etapa, alrededor del 30 por ciento del PIB estaba controlado por el sector estatal, y el sector privado (es decir privado particular, nota nuestra) se enfrentaba a enormes regulaciones (Velázquez 1986; Spalding, 1987; Spalding, 1994; Conroy, 1990; Martínez Cuenca, 1990; Solà Montserrat, 2007; Martí y Baumeister, 2017).

De esta forma, Aunque varios empresarios encontraron diferentes modalidades decolaboración con el gobierno y adaptarse a la nueva economía mixta, las élites tradicionales en general perdieron poder económico y social; muchos, quienes pudieron, se fueron al autoexilio, generalmente hacia los Estados Unidos.
El conflicto por el “socialismo” auto-diseñado del Gobierno y la alianza con Cuba alimentaron la guerra de los “Contra”, una fuerza contrarrevolucionaria que la administración del presidente estadounidense, Ronald Reagan (1980-1988), auspició y financió en un esfuerzo por desestabilizar al Gobierno sandinista. Con una economía en contracción, una virulenta hiperinflación y la guerra que generaba vastos costos humanos y materiales, los votantes nicaragüenses escogieron un cambio de curso en las elecciones presidenciales de 1990”.

Comentario: El autor se pasa por alto aquí como desde los finales de la década de los 80 los imperialistas yanquis se coluden con los revisionistas soviéticos reconociendo a Cenro América como zona de influencia yanqui. Corresponde estudiar la cita del Presidente Gonzalo que encabeza este artículo nuestro para ver lo sucedido y sacar lección. Como la colusión de superpotencia empujó los cambios en Nicaragua a afavor de la vuelta de la facción compradora y al redil del imperialismo yanqui.Los famosos "Acuerdos de Esquipulas" y otros. Cambio de gobierno en Nicaragua, "Acuerdo de Paz" en El Salvador, Guatemala, etc.

“(…) La administración de George H. W. Bush (1988-1992) financió la campaña de Violeta Chamorro contra el líder sandinista Daniel Ortega, y saludó su victoria con una promesa de ayuda adicional. A la elección de Chamorro le siguió un período de 16 años, en el cual los líderes de la comunidad empresarial tomaron la dirección política y el país sufrió un cambio hacia el modelo de desarrollo neoliberal.5 Durante este lapso, la élite económica nicaragüense experimentó la dislocación y el aumento de nuevas oportunidades, lo que llevó a mayores reconfiguraciones.

Estos ajustes y la reconstitución de la resultante clase empresarial nicaragüense fueron facilitados por grandes flujos de ayuda.6 Una lista de criterios los condicionaba, por ejemplo las reducciones en los gastos gubernamentales, el restablecimiento de los bancos privados, la devolución de las licencias a las compañías de comercio privadas,la privatización de empresas propiedad del Gobierno y la reducción del personal en puestos estatales. De las 351 firmas programadas para su desaparición, el Gobierno había privatizado, liquidado o transferido 233 en 1992 (Banco Mundial, 1995).7 Mientras la economía comenzaba a recuperarse, nuevas firmas de exportación empezaron a surgir, llenando el vacío que había cuando los monopolios del comercio estatal fueron eliminados en el período 1991-1992. Algunos gerentes de empresas estatales liquidadas emergieron como gerentes en el creciente sector privado de exportación, y algunas operaciones estatales de la construcción y seguridad fueron reconfiguradas como negocios del sector privado. Los aranceles de importación se redujeron unilateralmente, lo cual permitió que los bienes de consumo entraran con menos restricciones y se presentara un auge comercial”.

Es decir, mediante elecciones se dio el cambio de régimen, la vuelta a la cabeza del viejo Estado nicaragüense de los representantes de la facción compradora de gran burguesía patrocinada directamente por el imperialismo yanqui y sus organismos internacionales, esto es muy  importante para comprender el cambio de amo del "grupo" de la facción burocrática que encabeza Daniel Ortega y la parte del FSLN (gobierno actual) y sus aliados pertenecientes a diferentes grupos de la compradora, algunos con fuertes inversiones en los EE.UU. (ver Entrevista a EFE de Ortega).

“(…) Como en otras partes en Centroamérica, la reforma de mercado de los años noventa abrió importantes oportunidades en el sector financiero (Segovia, 2005; Colburny Sánchez, 2000), y el bancario nicaragüense rápidamente se remodeló. De los bancos privados, 11 se establecieron entre 1991 y 1994, incluyendo cinco que resultaron duraderos: Banco de América Central (BAC), fundado en 1991; Banco de la Producción (BANPRO) instituido en 1991; Banco de Crédito Centroamericano (más tarde LAFISE Bancentro), en 1991; Banco de Finanzas (BDF), en 1992; y Banco Uno (comprado en el 2008 por Citibank) fundado en 1992.8 Algunos de los bancos originales, como el Interbank, fundado en 1992, representaban nuevos grupos económicos, y no perduraron.

Otros, como el Credomatic/BAC y el LAFISE Bancentro, marcaron el retorno de empresarios bancarios nicaragüenses que habían formado nexos con operaciones bancarias en el exterior, particularmente en Miami.

Los banqueros nicaragüenses que retornaron, transnacionalizados a través del autoexilio, fueron los primeros en Centroamérica en expandirse hacia el mercado regional, ofreciendo servicios de tarjetas de crédito, cambio de moneda y operaciones financieras con bancos en el exterior (Segovia, 2005). Mientras tanto, las entidades bancarias estatales hicieron reducciones; por ejemplo, el Banco Nacional de Desarrollo (BANADES), fuente principal de créditos para la agricultura, hizo cortes drásticos de personal y en oficinas ramales antes de cerrar definitivamente en 1998 (Enríquez, 2010).

Ante esta situación, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proporcionó una atención sostenida y con una mentalidad centrada únicamente en las reformas económicas.
Esta institución abrió negociaciones con Nicaragua en 1991, después de una masiva devaluación y una serie de acuerdos políticos (Lacayo Oyanguren, 2005). Entre 1994 y 2002, tres préstamos multianuales para ajustes estructurales fueron firmados con el FMI. Según un informe del Gobierno de Nicaragua (2000) sobre las reformas estructurales llevadas a cabo en la década de los noventa, el empleo en el sector público (incluyendo las fuerzas armadas) descendió de 285 000 a 89 000 entre 1990 y 1999.

Una vez que la economía se estabilizó, el Gobierno comenzó a privatizar los bancoestatales restantes, las telecomunicaciones y la electricidad, y liberalizó aún más el comercio bajo un segundo plan de ajustes estructurales, lanzado en 1999 (FMI, 1999; Solà Montserrat, 2007). Así fue como la Empresa Nicaragüense de Telecomunicaciones (ENITEL) pasó a formar parte del sector privado en el 2001, junto a Telefónica (España) y el Grupo América Móvil (México) como los principales proveedores de servicios. La concesión para distribuir la electricidad se le entregó a la corporación española Unión Fenosa (más tarde Gas Natural Fenosa).

Rápidamente, la transición hacia el mercado produjo algunos beneficios. La inflación bajó de forma abrupta de 13 490 por ciento en 1990 al 12 por ciento en 1996 (Solà Montserrat, 2007, 117), y el crecimiento económico se reanudó en 1994, después de casi una década de contracción. Por su parte, el crecimiento promedio anual del PIB, que en el período revolucionario de 1980-1989 fue de -1,4 por ciento, aumentó al 2.4 por ciento en el período 1990-1997 y al 3.5 por ciento de 1998 al 2003 (ECLAC, 2010b). Las exportaciones de mercancías, que registraron un promedio anual de -3.8 por ciento de descenso durante el período 1980-1989, creció a un promedio anual de 9.4 por ciento de 1990 a 1999 (ECLAC, 2010a), en parte debido a la expansión de las zonas francas para el procesamiento de las exportaciones. En Nicaragua, al disfrutar de un 100 por ciento de exoneración de impuestos durante 10 años (y un 60 por ciento en adelante), y de una tasa de desempleo que proveyó personal con el promedio de escolaridad más alto en ese tipo de labores; el número de compañías de la zona franca se incrementó de 5 (con una fuerza de trabajo de 1000 personas) en 1990, a 45 (con 37 000) en el 2001 (PNUD, 2003). Las exportaciones agrícolas no tradicionales se convirtieron en otra fuente de crecimiento, fuertemente alentadas por la USAID.9

La rápida privatización y las nuevas regulaciones carecían de trasparencia, lo que produjo una actitud de búsqueda de arrendamientos, y los inversionistas bien ubicados comenzaron a obtener concesiones en los aranceles y regulaciones (Mayorga, 2007 y Medal, 2012). A las dificultades asociadas a la pérdida de créditos de los bancos estatales y de la protección del comercio, se unieron las evidencias del favoritismo en el otorgamiento de indemnizaciones y recursos para debilitar la cohesión de los empresarios durante el período de los ajustes neoliberales (Spalding, 1997; Colburn y Sánchez, 2000). Los daños de la década de guerra, la destrucción y el deterioro de la infraestructura y los niveles galopantes de pobreza nacional contribuyeron a que algunos no pudieran ajustarse al nuevo orden. Aun teniendo ayuda sustancial de los EE. UU. y el subsiguiente apoyo multilateral de los primeros años, algunas élites históricas presentaron dificultades para satisfacer las cambiantes demandas, y no prosperaron.

La consolidación gradual de la nueva economía les permitió a los que se beneficiaron con la apertura económica, obtener un impulso y comenzar a restablecer las alianzas de empresarios. Como en otras partes en Centroamérica, se unieron los grupos económicos más poderosos, y los más importantes después de haberse retirado de Nicaragua durante la revolución, ahora volvían y ampliaban su presencia en todo el istmo, muchos anclados en los bancos privados y otros servicios financieros (la bolsade valores, leasing, etc.) que se expandían rápidamente (Segovia, 2005; Mayorga, 2007).

Los grupos Pellas y LAFISE, ahora transnacionalizados, se remodelaron bajo la dirección de una nueva generación de líderes. Con la apertura de los mercados, estos dos grupos se extendieron tanto dentro de Nicaragua como en otros lugares de América Central. Los líderes empresariales nicaragüenses más prominentes se reorganizaron en “grupos de empresarios diversificados”, definidos como “una colección de firmas que operan en diferentes sectores, sujetos a la centralización de la propiedad y al control financiero por una sola familia o red de familias” (Bull 268). Algunos de estos grupos nicaragüenses, como el Grupo Pellas y el Grupo Promerica (BANPRO), se regionalizaron; mientras otros, como CALSA, se centraron en el aumento de la distribución en el mercado doméstico de los productos importados (Bull y Kasahara, 2013).

Desde 1985, el Grupo Pellas, bajo la dirección de Carlos Pellas Chamorro, creció e incluyó a 21 compañías afiliadas en el 2012. Este grupo, que había comenzado por Nicaragua Sugar Estates, Limited, un negocio familiar fundado en 1890, llegó a abarcar una serie de operaciones de turismo, energía, comercio y finanzas, incluyendo varias compañías en otros lugares de América Central.10

El Grupo LAFISE es de origen más reciente. En un inicio establecido en Miami en 1985 con la participación de exiliados nicaragüenses, LAFISE se concentró en los servicios financieros, incluyendo la renegociación de la deuda exterior y la conversión de la moneda en América Central. En 1991, el vicepresidente de esta entidad, Eduardo Montealegre Rivas (hijo de Eduardo Montealegre Callejas, fundador de BANIC), volvió a Nicaragua como gerente general del recientemente creado Banco de Crédito Centroamericano (Bancentro).11 Con el banquero Roberto Zamora Llanes como presidente, LAFISE creció hasta llegar a operar servicios financieros en 11 países (Nicaragua, Honduras, Costa Rica, Panamá, Guatemala, El Salvador, República Dominicana, Venezuela, Colombia, México y los Estados Unidos). Los Grupos Pellas y LAFISE desarrollaron algunos de los bancos principales de Nicaragua (BAC y Bancentro), los cuales, junto a BANPRO, rápidamente emergieron como los más grandes y de más rápido crecimiento en el período 2000-2016 (Tabla 2).12

Nicaragua también atrajo inversiones de grupos económicos que surgieron en otras partes de América Central (c) El relativamente bajo índice de crímenes en Nicaragua, comparado con El Salvador, Honduras y Guatemala, y los bajos costos de producción, en relación con Costa Rica, encantaron a los inversionistas, así como la desregulación y los logros en la protección de las inversiones. Varios grupos de negocios nicaragüenses atrajeron inversiones al asociarse con empresas trasnacionales, entre los que se incluye La Perfecta (con Parmalat en 1999), Tip Top (con Cargill en 2000) y Café Soluble (con Nestlé en 2006) (Rocha, 2011).

Cuando se expandieron el sector bancario, las exportaciones no tradicionales (entre las que se incluye la producción de las maquiladoras), la industria agrícola y las nuevas olas de comercio, las élites que entraron en estas áreas de crecimiento ganaron en capacidad de organización. Los empresarios de esta renovada élite abrazaron y promovieron el desarrollo de las reformas de mercado. Estos sectores dieron un activo apoyo a la integración regional y a los acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, buscando funcionar como socios nacionales para los inversionistas extranjeros que vendrían, y como exportadores hacia los mercados ahora legalmente más seguros del Norte (Spalding, 2014).

En los años ochenta y en el período inmediatamente posterior a la transición política de 1990, la relación entre el sector empresarial y el FSLN fue generalmente de confrontación, particularmente en el ala del COSEP; pero estos vínculos eran multifacéticos y complejos. Durante la década del 80, algunos productores, caracterizados por el gobierno sandinista como “patrióticos”, adquirieron tierras o hicieron nuevas inversiones que los pusieron en muy buena posición para la subsiguiente transición neoliberal (Spalding, 1994). Algunos sandinistas eran descendientes de familias élites; con la derrota electoral del FSLN en el 1990, ahora retomaban su lugar en los negocios familiares, en búsqueda de oportunidades. Algunos segmentos de la élite posrevolucionaria eran antiguos funcionarios sandinistas que habían adquirido bienes en la “piñata”, la apropiación no regulada de bienes estatales después de la derrota de 1990.

Algunos de los individuos particulares que recibieron las empresas lo hacían en calidad de testaferros del FSLN para destinar los beneficios a las arcas del partido. En la medida en que estas élites se identificaron con el FSLN, el aburguesamiento de la directiva del partido comenzó a remodelar la orientación económica del FSLN”.

Así, representantes conspicuos de ambas fracciones se beneficiaron de “la transición”, aunque de manera desigual, es una conclusión muy importante que podemos sacar, la otra, es que para el pueblo esto no significó una mejora en su situación sino que ésta empeoró hasta ahora, como el propio autor escribe al respecto:

“El modelo neoliberal de desarrollo empleado en el período posrevolucionario detuvo la contracción económica de Nicaragua, pero fracasó en la estimulación de un crecimiento sostenido y de oportunidades para todos. Ese país se mantuvo como la segunda nación más empobrecida de Latinoamérica y el Caribe, con una infraestructura destrozada y niveles de analfabetismo en aumento”.

Aí, el desarrollo expuesto por el autor confirma que el capitalismo burocrático frena el verdadero desarrollo nacional. Porque está entrabado por los grilltes subsistentes de la semifeudalidad que lo atan y por otro lado sojuzgado al imperialismo que no permite desarrollar la economía nacional, es, pues, un capitalismo burocrático que oprime y explota al proletariado, al campesinado y a la pequeña burguesía, y que constriñe a la burguesía media. Por qué? porque el capitalismo que se desarrolla es un proceso tardío y no consiente sino una economía para sus intereses imperialistas. Es un capitalismo que representa a la gran burguesía, a los terratenientes y al campesinado rico de viejo tipo, clases que constituyen una minoría y explotan y oprimen a las grandes mayorías, a las masas.

En la siguiente entrega continuaremos con el artículo, donde ya se trata sobre las relaciones del gobierno de Daniel Ortega con la “élite empresariales”.

Notas
1 La versión original de este artículo fue preparada para un proyecto dirigido por Eric
Hershberg y llevado a cabo bajo los auspicios del Centro de Estudios Latinoamericanos y
Latinos de la American University con el apoyo de la Fundación Ford. La autora agradece a los
participantes en la Conferencia sobre las Élites Centroamericanas en San José, Costa Rica, del
1-3 de noviembre de 2012, y los participantes del panel sobre “The Reconfiguration of Elites
and Power in Central America” en la reunión de la Asociación de Estudios Latinoamericanos
en Washington, D.C., del 29 de mayo al 1ro de junio de 2013. Nikki Hughes y Christina Origel
proporcionaron excelente ayuda para esta investigación, con el apoyo de la Facultad de
Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de DePaul.
2 En el caso Chileno, los negociadores oficiales delegaron en los líderes empresariales
para que se hicieran cargo de aspectos específicos en las negociaciones con Mercosur
(Schneider, 2004, 228).
3 Los Doce incluyó a Emilio Baltodano Pallais, gerente de la compañía Café Soluble Presto; Felipe
Mántica, dueño de la cadena de supermercados más grande de Nicaragua; y Ricardo Coronel
Kautz, técnico del Ingenio San Antonio.
4 Al presidente de COSEP Enrique Bolaños le fueron expropiadas propiedades de tierras en 1985,
así como a otros tres líderes del sector de productores de café en 1989, incluyendo al futuro
presidente Arnoldo Alemán. La familia Pellas temporalmente perdió su inversión insignia, el
ingenio azucarero San Antonio, en lo que se convirtió en una venta forzosa. La propiedad le
fue devuelta en los 90.
5 Antonio Lacayo, Ministro de la Presidencia y yerno de Violeta Chamorro (1990-1996), había
sido gerente general de GRACSA, miembro de la junta de la Cámara de Industria (CADIN) y
vocero del CORDENIC, una entidad moderada de negocios que surgió al final de la Revolución
Sandinista; el presidente nicaragüense Arnoldo Alemán (1996-2001) había sido uno de los
líderes en la asociación de productores de café antes de ser el alcalde de Managua después de
la derrota del FSLN en el 1990; el Presidente Enrique Bolaños (2001-2006) había sido el líder
de COSEP por largo período durante y después de la revolución.
6 La ayuda oficial total para el desarrollo de todas las fuentes bilaterales y multilaterales fue de
un promedio anual de 30 por ciento del PIB en el período 1990-96 (Solà Montserrat, 2007: 123).
7 De acuerdo con informes de Corporaciones Nacionales del Sector Público (CORNAP, 1993), que
era la compañía de propiedades responsable de administrar la propiedad estatal, el 30 % de las
tierras estatales transferidas fueron devueltas a sus antiguos dueños; un 32 % se le otorgó a los
trabajadores agrícolas en esas propiedades; un 17 % para los que habían sido desmovilizados
del ejército; y el 21 % restante para los desmovilizados de la “contra.”
8 Ver la “Superintendencia de Bancos y de Otras Instituciones Financieras”. Recuperado de www.
siboif.gob.ni/documentos/bancos/informes; International Business Publications, 2013: 220-222.
9 A diferencia de Costa Rica, donde la contribución de la agricultura al PIB cayó del 12.7 % en
1990 al 7.9 % en 2004, o El Salvador, donde decreció de un 16.5 % a un 9.2 %, en Nicaragua la
contribución del sector agrícola al PIB sólo disminuyó de un 18.8 % al 18.1 % (Solà Montserrat,
2008, 104). Este resultado en Nicaragua fue en parte debido al 62 % de incremento de tierras
productivas entre 1990 y 2003 (Solà Montserrat, 2008: 107), después del fin de la guerra.
10 El sitio web http://www.grupopellas.com/empresas.htm del Grupo Pellas, accedido el 30
de octubre de 2012, suministraba información sobre estas inversiones. El grupo se expandió
regionalmente en sus áreas históricas de concentración, el azúcar y los productos derivados
del azúcar, incluyendo la Compañía Licorera de Nicaragua, fuente del ron Flor de Caña, y se
añadieron la Compañía Chumbagua en Honduras y el Grupo Alcoholes del Istmo de Panamá,
entre otros. El central azucarero y la inversión en tierras en el Valle Polochic, Alta Verapaz,
Guatemala, que el Grupo Pellas adquirió a través de sus acciones en Chabil Utzaj, S.A. en Junio
de 2011, pronto se vio envuelto en reclamos por el desplazamiento de los campesinos maya
Kekchi (ECLAC, 2013a, 99-100).
Las actividades del Grupo Pellas en Nicaragua incluyeron las ventas, alquiler y reparación
de autos (Casa Pellas), producción industrial (E. Chamorro Industrial), telecomunicaciones
(CEM JWT), seguros (Seguros América), servicios de salud (Hospital Vivian Pellas),
televisión (VosTV), comunicación inalámbrica (Coínca), almacenamiento y transportación
(Alpesa), e instalaciones deportivas (Zona Deportiva). Aunque la familia había sido líder
del sector bancario, el Grupo Pellas vendió la mayor parte de BAC al GE entre 2005 y 2010, pero retuvo el BAC Florida. Sus negocios en Centro América incluyeron GBM (contrato de
distribución de IBM), Distribuidora Istmania en Honduras, y Distribuidora Salvadoreña.
El Pellas Development Group, fundado en 2005, comprendía ampliación de bienes raíces y el
desarrollo del turismo de lujo, con inversiones asociadas en Costa Rica (Reserva Santa Elena),
Panamá (Campo de Golf Santa María y Club Campestre) y Nicaragua (Guacalito de la Isla).
Para más información sobre antecedentes y propiedades del Grupo Pellas, visite http://www.
grupopellas.com/index.php/es/
11 El sitio web http://www.grupolafise.com/info-corporativa.aspx suministraba información
sobre estas inversiones. Montealegre trabajó como gerente general de Bancentro de 1991 a 1997
antes de lanzar su carrera política. Para más información sobre antecedentes y propiedades del
Grupo LAFISE, visite https://www.lafise.com
12 Durante la crisis bancaria de 2000-2001, que produjo una serie muy discutida de intervenciones
estatales incluyendo la emisión de CENIS (certificados negociables de inversión), siete bancos
privados y dos bancos estatales se declararon en quiebra. De los bancos privados, el Interbank
fue adquirido por el Banco de Producción (BANPRO), el Banco del Café fue adquirido por el
Banco de Finanzas (BDF), y el Banco Mercantil fue adquirido por el Bancentro (Hernández
Munos y Mercado Tijerino, 2013, 26-28). Véase Mayorga (2007) para una evaluación crítica
escrito por un economista nicaragüense y ex presidente del Banco del Café.

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