miércoles, 25 de abril de 2018

El criminal asesinato de Marielle Franco

 
Mujer brasileña, negra, y carne de favela, Marielle Franco hizo de esa combinación su causa. Nacida y criada en la favela de Maré, Mairelle se convirtió en un símbolo de la lucha de las mujeres negras contra el racismo, el machismo y la violencia policial, luego de ser asesinada a tiros mientras viajaba en coche este 14 de marzo, a los 38 años de edad.
El dolor y la rabia se tradujeron en un tema que estaba particularmente cerca de su corazón: en 2014 y 2015, la favela de Maré había sido ocupada por soldados y muchos residentes habían denunciado varios abusos. La lucha contra la militarización de las favelas se transformó así en una de sus banderas de combate.
El Sábado anterior a su muerte Marielle denunció que en la favela de Acarí, zona norte de Río de Janeiro, el batallón 41 de la policía militarizada había asesinado extrajudicialmente a dos jóvenes, a quienes depositó en fosas comunes. Esa denuncia sería su condena a muerte, siendo luego asesinada a tiros en un crimen orquestado y encubierto por el Estado 
Hoy la fuerza policial de Río es una de las más mortíferas del mundo. En 2016, 925 personas murieron durante las operaciones policiales, según el Foro de Seguridad Pública de Brasil. Los grupos de derechos humanos han calculado que en 2017 fueron más de mil. Marielle, a pesar de su ilusión con la farsa electoral encarnaba para muchos el sueño de millones de personas en Brasil, de quienes creían en la paz, la justicia y la posibilidad de tener oportunidades pese a haber crecido en un entorno como el de las favelas. Por ello, en este contexto de Guerra Civil Reaccionaria y de agudización de las contradicciones en el viejo Estado, se transformó en un peligro.
Los abusos reiterados por la policía Brasilera ya se hacen cada vez más evidentes en las favelas. Nuevas vidas son tomadas por un viejo Estado que vive una profunda crisis social y que tiene como respuesta de parte del gobierno de Temer y todos los golpistas una escalada de brutalidad y violencia policial, ahora con la intervención federal del Ejército, llevando más violencia a la sufrida población carioca. La militarización solo puede traer más muertes y represión a pueblo pobre.
El pueblo brasileño no solo expresa tristeza por este crimen, sino también su odio contra esta Guerra Civil Reaccionaria, el viejo Estado y el golpe militar que vienen preparando los imperialistas. Las universidades están parando las clases en Río de Janeiro y varios estados del país en respuesta a este caso, en los lugares de trabajo se expresa una enorme indignación, en las huelgas de profesores y trabajadores de San Pablo o de Minas Gerais.
Hoy más que nunca debemos repudiar este y tantos crímenes del Estado brasileño, apoyando activamente las luchas de su pueblo.

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