domingo, 31 de mayo de 2020

El rol del imperialismo yanqui

EL ROL DEL IMPERIALISMO YANQUI COMO SUPERPOTENCIA HEGEMÓNICA ÚNICA Y LA FED LA ÚNICAFUENTE DELIQUIDEZ GLOBAL

Crisis general del imperialismo que es la última etapa del capitalismo, y se desarrolla en medio de todo tipo de crisis, en medio de una serie compleja de guerras, pandemias, desastres de toda clase y esta siendo barrido por la guerra popular que comenzó en 1980 en el Perú y nos lleva a guerra popular mundial para enterrar al imperialismo.

Dentro de su crisis general, atraviesa por una nueva crisis económica cíclica, de superproducción relativa (pese a la necesidad insatisfecha de inmensas masas humanas y la abundancia de inmensa mercancias necesarias para satisfacerlas, las grandes masas no pueden consumirlas porque no tienen los ingresos para hacerlo, esas necesidades no se concretan en demanda solvente, conscuencia superproducción de mercancias que hay que destruir -crisis- para alcanzar el equilibrio y comenzar de nuevo, siempre de más abajo).

Esta crisis, se da en todos los planos no solamente el económico, ellos mismos lo confiezan como podrán leer más abajo; esta nueva crisis ciclíca es más honda y profunda y lo arrastra a una más amplia y profunda crisis política, demostrando que ellos ya no pueden seguir gobernando como antes y que las masas no estan dispuestas a seguir viviendo como hasta ahora. Compromete tanto su orden internacional como nacional, las viejas alianzas imperialistas pierden vigencia y el imperialismo yanqui se muestra más prepotente que nunca, Trump lo expresa como nadie, en su condición de máximo represente del mismo, tal condición. Los representantes del Partido Demócrata, los revisionistas como Avakian , simpatizantes de los demócratas en todo el mundo, oportunistas y revisionistas consideran que no es un digno representante del imperialismo, pero nadie como el interpreta el papel en la hora actual. La crisis actual, en un nivel más significativo que la de hace diez anos, es un nuevo hito en el largo proceso de hundimiento del imperialismo.

La crisis actual muestra quien es la superpotencia hegemónica única. Asi se va hundiendo todo un sistema y mostrando que solo sirve para ser barrido por la guerra popular. E limperialismo es el cancer. Los pueblos no lo necesitan.

En la crisis iniciada el 2008, el imperialismo yanqui actuando en su condición de superpotencia hegemónica única proveyó de liquidez a los demás países imperialistas, lo que se va ha repetir en la actual del llamado "corona virus" pero a un nivel que se considera que es el triple que en la de 2008.

Documentamos lo del endeudamiento que fue referido en un post anterior parara alargar el ciclo, luego la provisión de liquidéz el 2008 y ahora, además la colusión y pugna, siendo la colusión principal y que la crisis como la actual ya estaba anunciada, como también se puede colegir de las citas:

“Pero el último episodio es sencillamente brutal: una superburbuja de casi 60 años hinchada a base de crédito, de deuda, en la que cada vez que el sistema financiero se metía en problemas aparecían los bancos centrales con nuevas fórmulas para estimular la economía. Esa superburbuja se le acabó escapando de las manos al sistema cuando las innovaciones financieras –subprime, derivados, CDO, CDS y demás jerga imposible— se complicaron tanto que las autoridades ya no parecían capaces de calcular los riesgos de los propios bancos.

Hasta que un día esa magia se esfumó. A partir de septiembre de 2008... “La relación incestuosa entre las autoridades y sus bancos acabó explotando”, apunta Soros en La tormenta financiera. El resultado fue la crisis más grave desde la II Guerra Mundial. Y en esta crisis, el imperialismo yanqui actuando en su condición de superpotencia hegemónica única proveyó de liquidez a los demás países imperialistas, lo que se va ha repetir en la actual del llamado corona virus pero a un nivel que se considera que es el triple que en la de 2008. Ver que se da en colusión y pugna, siendo la colusión principal como se puede colegir de la cita:

La tormenta perfecta duró hasta bien entrado octubre de 2008: hasta que los ministros de Finanzas del G7 y el G20 formularon un compromiso inequívoco para impedir la quiebra de las instituciones financieras sistémicas. No más Lehmans, fue la consigna: en última instancia, a pesar del triunfo de los apóstoles del libre mercado, solo la intervención decisiva y globalmente coordinada de los Gobiernos y los bancos centrales detuvo el pánico. A pesar de eso, los paradigmas han cambiado poco o nada en las procelosas aguas de la política económica: los sintagmas mágicas preferidos por las autoridades en Europa eran y son austeridad expansiva (sea lo que sea eso) y reformas estructurales. Los estadounidenses leyeron mejor a Keynes y política fiscal y fueron más audaces con la política monetaria. Europa sufrió mucho más: el BCE llegó tarde y Berlín impuso una camisa de fuerza fiscal que ha alargado mucho la crisis.

(...)Fue una crisis de mil caras: financiera, económica, social, de deuda, estadounidense, europea, de empleo, política, migratoria, de todo tipo. Para detenerla, los líderes mundiales prometieron poco menos que una refundación del capitalismo; la prioridad era embridar el sistema financiero. (...) No hubo tal refundación: “El sistema financiero actual es tan peligroso y frágil como el que llevó a la crisis”, asegura Martin Hellwig, del Max Planck Institute(…) (esta parte de lo citado es de destacar porque demuestra como ellos mismos ven que es no sólo en la base sino abarca todo, lo que corresponde a una crisis dentro de la crisis general, nota nuestra)

Y al final del artículo aparecen dos advertencias de lo que se veía venir y hoy estamos asistiendo como corona crisis:

“No creo que haya peligro inminente, pero me siento incómodo: la regulación financiera no se ha reforzado lo suficiente y la próxima crisis está esperando, inquietante, en algún lugar”, advierte Paul De Grauwe, de la London School (…)

Algunos de los grandes villanos de estas crisis fueron los máximos responsables de los bancos involucrados (...) dejó un aviso a navegantes: “Sé que nadie quiere escuchar esto y menos aún si yo lo digo, pero los ricos se están haciendo cada vez más ricos y, de nuevo, el corazón de la economía está enfermando. Soy un capitalista incondicional, pero seamos justos: el capitalismo solo funciona si la riqueza se crea en la parte superior y después se va filtrando hacia abajo. Si la riqueza no baja, habrá problemas”. ( cínicas palabras de de un sujeto como éste, que apunta a la causa de a superproducción relativa y a necesidad de paliar la super explotación de la clases para que todo siga igual, porque el problema no está en la distribución sino en la producción, en las relaciones sociales de producción, nota nuestra)

(Recesión a lo grande: crónica de los 10 años de crisis que cambiaron el mundo
El 15-S de 2008 fue la versión moderna del ‘crash’ del 29, y sus efectos persisten EL PAÍS, Claudi Pérez, Twitter, 9 SEP 2018 - 13:25 CEST)

Con las siguientes documentamos los mismos puntos, pero referidos a la actual:

“Cuando las líneas de suministro chinas se interrumpieron a fines de febrero debido a las paralizaciones que intentaban detener la propagación del coronavirus, las empresas e instituciones financieras de todo el mundo comenzaron a tener problemas para obtener efectivo. En respuesta, las empresas vendieron activos, como acciones, y los bancos comenzaron a restringir los préstamos. Como todos intentaron vender todo a la vez, los precios colapsaron, lo que requirió más ventas y causó nuevas caídas de precios. Durante las posteriores tres semanas, los mercados bursátiles de todo el mundo perdieron entre un 20 y un 30 por ciento de su valor, y las monedas colapsaron cuando todos en todo el mundo vendieron todo a cambio de dólares. En efecto, esto fue una repentina caída hacia el mundo entre la caída de Bear Stearns en la primavera de 2008 y la quiebra de Lehman Brothers. En 2008 se llamó una «crisis crediticia». En general, se le llama «trampa de liquidez» [«liquidity trap«]. Y nunca ha habido una corrida global por dólares tan rápida y en la escala de la «trampa de liquidez» de la crisis del coronavirus.

En respuesta, ha habido una oleada sin precedentes de actividad de políticas monetarias. Los bancos centrales de todo el mundo, especialmente la Reserva Federal [en adelante, también «Fed»], han intervenido para apoyar principalmente a todos los mercados de crédito del planeta. El 12 de marzo, la Fed anunció que había puesto a disposición 1.5 billones de dólares [1 billón es mil millones: 1.000.000.000.000] para el «mercado de repos», que es la principal fuente de crédito a corto plazo en el sistema financiero [«Repos» o «reportos» o «acuerdos de recompra», o «repurchase agreement» es una operación en la que una parte, generalmente un banco central, vende un título a un adquirente que lo devuelve en un tiempo posterior a un precio más alto]. Incluso en el mundo posterior al 2008, de gigantescas intervenciones de los bancos centrales, 1.5 billones de dólares es mucho. Lo hizo en un particular buen día: viernes 13.

Durante el fin de semana, la Fed decidió que la pandemia, declarada oficialmente el miércoles 11 de marzo, había empujado a los mercados financieros a un territorio totalmente desconocido. Redujo las tasas de interés a cero, moviéndose en un solo salto cuatro de sus pasos típicos de 0.25 por ciento, y anunció que compraría 500 mil millones de dólares en valores del Tesoro (una variedad de «deuda segura» del gobierno de Estados Unidos emitida por el Departamento del Tesoro para diferentes períodos de duración), y $200 mil millones en valores respaldados por hipotecas. La Fed reinició así el programa de expansión cuantitativa del 2011–2014 en una escala inmensa [«Expansión cuantitativa» o «quantitative easing» es una herramienta de política monetaria expansiva realizada por la vía de compra masiva de activos financieros presentes en el mercado, por el Estado]. El punto era inundar los mercados financieros con efectivo lo más rápido posible, para que los bancos pudieran seguir prestando, los compradores de acciones pudieran seguir comprando, y las instituciones pudieran seguir realizando sus pagos de deuda. La prensa financiera, a la que le gustan las metáforas militares, lo calificó de «bazuca nuclear».

El ataque nuclear fracasó. Cuando los mercados reabrieron el lunes 16 de marzo, todos los índices bursátiles de Wall Street perdieron de inmediato alrededor del 12 por ciento de su valor. Luego, la Fed anunció que compraría 1 trillón de dólares de «papel comercial» [«commercial papper«], que es deuda corporativa no garantizada a corto plazo. La Ley de la Reserva Federal requiere que la Fed no asuma riesgos, y sólo cambie efectivo por activos seguros como los bonos del Tesoro, por lo que la decisión de comprar  1 billón de dólares en algo relativamente riesgoso como la deuda corporativa no garantizada habría sido sorprendente en cualquier otra circunstancia.

El Banco Central Europeo anunció su propio fondo de 750 mil millones de euros para comprar deuda comercial y gubernamental. Los bancos centrales de todo el mundo comenzaron a utilizar todos los medios disponibles para inyectar efectivo en sus mercados financieros. Para respaldar sus esfuerzos, la Fed dio a otros bancos centrales acceso a 450 mil millones de dólares en canjes de divisas [«swaps de divisas«], esencialmente, acceso a dólares en caso de que sus bancos tuvieran que hacer pagos en dólares, o sus bancos centrales tuvieran que apoyar sus monedas con dólares. Para el 23 de marzo, la Fed había anunciado que haría tanta «expansión cuantitativa» [o «QE», «quantitative easing»] como fuera necesaria para apoyar al sistema financiero: QE Infinity.

Pareció que el infinito era el precio necesario para estabilizar el sistema financiero global. Las acciones se han recuperado, y ninguna institución «sistémicamente importante» ha fallado, incluso cuando más de 22 millones de estadounidenses (una cifra parcial reflejada en los reclamos de seguro de desempleo) han perdido sus empleos en el peor colapso del mercado laboral en la historia humana registrada. La Ley CARES [«Coronavirus Aid, Relief, and Economic Security Act», Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica del Coronavirus], de 2.2 billones de dólares, aprobada el 27 de marzo, contiene 500 mil millones de dólares en préstamos y garantías de préstamos bajo el control de Steve Mnuchin, el Secretario del Tesoro, el ex ejecutivo de Goldman Sachs y el ex CEO del depredador prestamista hipotecario OneWest. De eso, 454 mil millones de dólares se entregarán al Fondo de Estabilización de Intercambio («Exchange Stabilization Fund») de la Fed, como garantía para que la Fed pueda otorgar préstamos a empresas medianas.
(…)
Es necesario contextualizar estos fondos para la respuesta a la crisis desatada por coronavirus, en el alcance más amplio de los cambios en curso en la estructura de las finanzas globales, y las implicaciones correspondientes para personas reales con trabajos reales. Mucho antes de febrero, había indicios de que los mercados de capitales estaban enfermos. El mercado de «repos» se contrajo abruptamente en septiembre de 2019, lo que llevó al Fed de Nueva York a ofrecer 75 mil millones de dólares todos los días en fondos de veinticuatro horas. En el verano del 2019, la famosa «curva de cupón cero» («yield curve«) del costo de la deuda del Tesoro se invirtió, lo que generalmente indica que los mercados financieros esperan una recesión inminente y, por lo tanto, están dispuestos a pagar más por el acceso a una deuda pública segura a corto plazo. Desde 2011 al menos, la acumulación de capital había estado ejecutándose sobre la base de la continua expansión cuantitativa y las bajas tasas de interés: un flujo incesante de dinero barato que hizo que incluso entidades abiertamente ridículas como WeWork parecieran brevemente empresas multimillonarias. Las corporaciones habían usado principalmente ese efectivo barato para recomprar sus propias acciones. Las recompras alcanzaron un máximo histórico en 2018, cuando las corporaciones estadounidenses gastaron 1.09 billones de dólares en la compra de sus propias acciones. El segundo nivel más alto fue 2019 (Las recompras de acciones son excelentes para los accionistas: las empresas compran más control de sí mismas y aumentan los precios de las acciones, porque hay menos acciones en circulación y cualquiera que tenga esas acciones se enriquece). (Esto es importante, aclara porque economistas del maestrem dicen que la bolsa no tiene que ver con la economía real, nota nuestra)

Las grandes corporaciones también habían estado ocupadas comprándose entre sí: el 2018 y el 2019 establecieron récords para la actividad global de fusiones y adquisiciones, lo cual se desaceleró abruptamente en enero de 2020. En 2018, las acciones estadounidenses no mostraron ganancias en total, y el Financial Times informó que esencialmente todas las clases de activos («asset classes«) globales habían perdido valor [«asset classes» es un grupo de instrumentos financieros que tienen características financieras similares y se comportan de manera similar en el mercado]. Los mercados financieros no funcionaron como se suponía. No estaban haciendo coincidir a los ahorradores con los necesitados de créditos para impulsar el crecimiento del empleo, la innovación, la competencia y todas las demás características de una economía capitalista. Un puñado de muy grandes corporaciones estaban utilizando el exceso de dinero barato del Gobierno para hacerse aún más grandes, para comprar a sus rivales, y para enriquecer a sus accionistas, a un nivel que ellos mismos parecían creer que era insostenible y que estaba a punto de producir una recesión. (Crónica de iuna muerte anunciada como se sugiere en el volante del 1º de mayo 2o20, nota nuestra)

El sistema monetario posterior a 2008 no era como los encargados de las políticas mundiales habían sido educados para administrar, con un conjunto de herramientas que aprendieron a usar en la larga era de la hegemonía neoliberal entre 1979 y 2007. Los billones de dólares de liquidez del banco central no producían inflación. Las bajas tasas de interés estaban perdiendo tracción. Algo estaba mal. Era claramente imposible continuar esa crisis monetaria de bajo nivel para siempre, pero también resultaba imposible hacer cualquier otra cosa.

La pandemia ha aniquilado la mayoría de los límites de lo posible. La Reserva Federal es ahora la única fuente de liquidez global, proporcionando efectivo no solo a todos los mercados financieros y de crédito del planeta, sino también a los bancos centrales del mundo. Su independencia legal y su aislamiento de la supervisión democrática o de toda rendición de cuentas significa que puede actuar más rápido y con más enfoque que cualquier otra institución de gobierno en el planeta. En principio, el Congreso de los Estados Unidos es soberano y la Fed es una agencia delegada, sujeta a muchas leyes que restringen lo que puede hacer, pero para que esa relación de poder funcione, el Congreso tendría que funcionar, y afirmar su rol constitucional como un control de las otras ramas del gobierno. Sin embargo, no tiene la capacidad ni el interés de hacerlo, lo que significa que, en la práctica, la Reserva Federal decide sobre excepciones y normas y determina cómo actuar cuando las instituciones normales demuestran ser incapaces. La crisis de 2020 ha revelado el alcance del poder que ha acumulado desde 2008. Como Adam Tooze ha argumentado recientemente, la verdadera ubicación de la hegemonía global estadounidense no se encuentra en la Casa Blanca, sino en la Reserva Federal.

( La soberanía de la Fed». Por: Trevor Jackson, En términos de gobierno de crisis, Estados Unidos no es un país con un banco central. Es un banco central con un país.
, Fuente: Dissent Magazine, 16 de abril de 2020. Traducción y notas explicativas, por Héctor Testa Ferreira

Otra fuente para documentar sobre la hegemonía del imperialismo yanqui en las finanzas mundiales:

"En marzo, cuando Europa y EE. UU. comenzaron a comprender la magnitud de la pandemia de Covid-19, los inversores entraron en pánico. Los mercados financieros se desplomaron. La derrota fue tan severa que en varias ocasiones en la segunda y tercera semana de marzo, el funcionamiento normal del mercado estaba en duda. Los precios de los bonos del Tesoro de EE. UU., El último activo seguro para los inversores de todo el mundo, se movieron violentamente a medida que los administradores de fondos, luchando por obtener efectivo, vendían todo lo que podían vender. En el mercado de divisas, a través del cual normalmente circulan más de $ 6 trillones cada día, el tráfico fue en una sola dirección: de todas las monedas del mundo, a dólares. Ningún mercado puede funcionar por mucho tiempo así. Sterling se hundió. Incluso el oro se vendió. Esta no fue una crisis bancaria como la de 2008, pero si no fuera por la espectacular intervención realizada por la Reserva Federal de los Estados Unidos, el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo, ahora estaríamos enfrentando no solo los estragos de Covid-19 y las desastrosas consecuencias sociales y económicas del encierro, pero también un ataque cardíaco financiero. En cambio, estamos experimentando una onda expansiva de contracción crediticia. La producción y el empleo se han reducido drásticamente. Se han puesto en marcha enormes programas de gasto público, no para crear nuevos empleos sino para sostener la economía con soporte vital. El desafío no es meramente técnico. Esta es una crisis global, que afecta a prácticamente todas las comunidades del planeta. Y ha expuesto marcadas diferencias entre los principales bloques económicos, de modo que ahora es más difícil que nunca entender cómo encaja realmente lo que llamamos la economía mundial.

Los tres grandes centros de producción, intercambio y actividad corporativa son Estados Unidos, China y la Eurozona. Estos centros económicos están unidos mediante flujos de comercio, organizados a través de complejas cadenas de suministro que abarcan todo el mundo. Cada uno de los tres centros tiene una zona de influencia que se extiende a las regiones vecinas de América Latina, Europa Central y Oriental, África y Asia. Todos están unidos a un sistema financiero global que utiliza el dólar estadounidense como moneda de comercio y crédito. Cada uno de los tres centros tiene debilidades características. La preocupación sobre China es la sostenibilidad de su crecimiento económico impulsado por la deuda. Las debilidades básicas de la Eurozona son que todavía no tiene un respaldo para su sistema bancario desvencijado y que carece de una capacidad fiscal compartida; Además, las finanzas de Italia son tan débiles que amenazan continuamente con alterar la solidaridad europea. En los Estados Unidos, las instituciones nacionales de política económica realmente funcionan: lo demostraron en 2008 y lo están haciendo nuevamente ahora. La Fed y el Tesoro ejercen una gran influencia no solo sobre la economía de los EE. UU. Sino sobre todo el sistema global. La pregunta es cómo se mantienen en relación con una sociedad estadounidense profundamente dividida y cómo su estilo tecnocrático de formulación de políticas es recibido por el ala derecha nacionalista sin saber del Partido Republicano y su defensor en la Casa Blanca.

(...)
La crisis confirma una vez más la posición de la Reserva Federal en el centro de la gobernanza económica. Existe un nuevo mecanismo de cooperación entre la Fed y el Tesoro que puede absorber hasta $ 450 mil millones en pérdidas en préstamos de la Fed. Dado que la mayoría de los préstamos serán reembolsados, esto le proporciona a la Fed una enorme potencia de fuego. Pero no puede abordar cuál es realmente la fuerza decisiva en la crisis, a saber, la epidemia. Menos del 10 por ciento del gasto de estímulo es para el sector de la salud, sin embargo, se necesitan desesperadamente fondos para reparar un sistema que, incluso cuando se impulsa más allá de su capacidad máxima, está amenazado con un colapso financiero. Los mejores hospitales de Estados Unidos son buenos en medicina de alta tecnología y alta tarifa. Pero combatir el coronavirus requiere una supresión integral y un tratamiento masivo de los trastornos respiratorios. Eso no es para lo que está diseñado el sistema excesivamente burocrático de Estados Unidos. Estados como California y ciudades como Nueva York son ricos y están relativamente bien equipados para responder a la emergencia. Pero los siguientes son Nueva Orleans y Detroit, empobrecidos y golpeados, que recientemente escaparon de la bancarrota. Las personas recurren a soluciones propias. A medida que la epidemia explotó en Nueva York, el Upper East Side de Manhattan se vació, mientras los ricos huían a sus casas de playa o fincas en las colinas del norte del estado. En los estados rojos ha habido una corrida en las tiendas de municiones. No es para matar el virus: los feeds de Twitter del lobby de armas advierten sobre bandas merodeadoras de prisioneros que son liberados por gobernadores liberales de las prisiones superpobladas e insalubres de Estados Unidos.
(...)

Continuaremos insidiendo en la colusión y pugna interimperialista, que es como se desenvuelve esta contradicción y que no se entiende muy bien por algunos 

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