¡HÉROES DEL PARTIDO COMUNISTA DEL PERÚ: PERPETUO EJEMPLO DE CÓMO MANTENER EL RUMBO Y DAR LA VIDA POR EL PARTIDO Y LA REVOLUCIÓN!
Hoy, 19 de junio, se cumple el 29º aniversario de la matanza de presos
políticos y prisioneros de guerra peruanos en las cárceles de Lurigancho, El
Frontón y Callao. Los prisioneros de guerra se levantaron en
rebelión contra el nuevo genocidio en marcha, luego de denunciar públicamente,
ante los propios tribunales y autoridades, reiteradamente, la carnicería que el
gobierno y sus fuerzas armadas tramaban; se rebelaron en defensa de la
revolución y de sus vidas demandando veintiséis reivindicaciones muy justas y
racionales.
Compartimos el Artículo de Rosana Bond titulado
« Día de la Heroicidad – Cómo fue la Resistencia » publicado en el periódico de
Brasil « A Nova Democracia » http://www.anovademocracia.com.br/
, nº 90 (junio 2012). La traducción al español es responsabilidad de Gran
Marcha hacia el Comunismo, Madrid, junio 2013.
DIA DE LA HEROICIDAD – COMO FUE LA RESISTENCIA
Rosana Bond
El 19 de junio de 1986 la administración fascista de Alan García asesinó a
cerca de 250 prisioneros políticos del Partido Comunista del Perú (PCP) en uno
de los más sangrientos episodios de terrorismo de Estado cometidos en cáceles
sudamericanas. Desde entonces hasta ahora la fecha es rememorada por el PCP y
por los diversos partidos revolucionarios del mundo como el Día de la
Heroicidad.
Efectivamente, los valerosos hombres y mujeres presos en la capital y
alrededores (Lurigancho, Callao e Isla del Frontón) merecen ser llamados
héroes. Murieron cantando. Y sin ningún temor frente a las tropas del Ejército,
Marina y Aeronáutica, que atacaron los tres presidios como fieras carniceras
armadas con bombas de demolición, bazookas, granadas, gases y ametralladoras.
Por no hablar de lanchas y helicópteros artillados, en el caso de la Isla del
Frontón.
Los militantes comunistas, lejos de actuar como corderos rumbo al matadero,
resistieron hasta el fin, a pesar de la enorme desproporción de fuerza bélica.
En El Frontón, por ejemplo, la batalla duró casi trece horas.
Detalles de esa brava resistencia, fueron publicados casi un año después de los
episodios, en un libro hoy desaparecido en las estanterías, del periodista Juan
Cristóbal. Su título es ¿Todos murieron?
(Lima, Ediciones Tierra Nueva, 1987)
No se trata de una obra que simpatice con el PCP. Se trata solamente del
trabajo de un profesional que, como ciudadano peruano, se sintió también herido
« en las noches más negras que los derechos humanos tuvieron en nuestro país ».
Una convencida alusión a aquellos 18, 19 y 20 de junio (respectivamente fechas
de la orden de matar dada por García, de los ataques propiamente dichos y de la
recogida de los cuerpos, todo eso envuelto en mentiras asquerosas del administrador
[gubernamental], de los militares y de su prensa cómplice).
“Vamos a resistir”
El libro de Cristóbal, que es una recopilación de notas oficiales variadas
(inclusive de los propios presos), testimonios y reportajes da la prensa
monopolista, se inicia mostrando que el PCP sabía que sus camaradas serían
atacados en cualquier instante.
Así, la obra presenta íntegramente un documento de las mujeres del presidio de
Callao, fechado 7 de junio, por tanto 12 días antes de la matanza. En él las
militantes denunciaban la existencia de planes gubernamentales de exterminio en
las cárceles. En aquella época los comunistas presos estaban en una campaña
contra su traslado al « moderno »Canto Grande (Penal Miguel Castro Castro), en
verdad un auténtico matadero y centro de tortura.
« Las presas políticas y prisioneras de guerra, reclusas en este negro campo de
concentración de Callao, convertido en luminosa trinchera de combate, nos
dirigimos a nuestro heroico pueblo combatiente y a la opinión pública para
denunciar: este nuevo gobierno reaccionario más hambreador y más genocida, más
demagógico e hipócrita, viene profundizando su plan genocida contra los presos
políticos, utilizando distintos métodos para sus negros objetivos.
(…) Que quede bien claro que estamos dispuestos a resistir y la sangre que
corra en Frontón, Lurigancho y en Callao caerán sobre (las espaldas) de esas
hienas asesinas » – dijeron las mujeres en fragmentos del documento, hoy
convertido en una pieza histórica de la lucha revolucionaria peruana.
Comprobando que el «estamos dispuestos a resistir » no eran palabras vanas, es
posible constatar en el libro de Cristóbal, buscando informaciones dentro de
los numerosos y heterogéneos textos recopilados por el periodista, que los
prisioneros del PCP efectivamente prepararon una resistencia creativa, usando
todo lo que sus modestos objetos y su situación de confinados permitía.
Leyendo todos aquellos detalles confieso, sin embargo, que no me sorprendí.
Pues cerca de un año antes el ataque estuve clandestinamente en la Isla del
Frontón, para hacer un reportaje, y vi la capacidad admirable de aquellas
personas de transformar el horrible presidio perdido en medio del Pacífico
(donde trozos de vidrio y pedazos de ratas se veían mezclados en la comida) en
un lugar « habitable ».
Es más: en un lugar donde la revolución tenía su curso, a través de la actitud.
Una actitud comunista ejemplar, que ejercitando organización, disciplina,
solidaridad y paciencia (que en el reportaje y en dos libros posteriores,
Sendero Luminoso: Fuego en los Andes y
Perú : del imperio de los incas al imperio de la cocaína, definí
como « paciencia china »), llevó al grupo a implantar allí una realidad opuesta
a las cárceles peruanas de aquel tiempo. Escuela de alfabetización y de
estudios políticos/económicos, cursos de poesía y teatro, biblioteca, cocina,
farmacia, producción de artesanía y hasta producción de libros (escritos a
mano). Todo creado y dirigido por los presos. La cocina propia, para evitar los
vidrios y las ratas, fuer una dura conquista, ya que en los actos de
reivindicación varios compañeros habían perdido la vida.
Volvemos a la resistencia de 1986
Bunker, queso ruso y bandeja
Previendo el ataque fascista, los presos comenzaron a preparar su defensa.
Durante meses elaboraron cuchillos, lanzas con punta de metal, arcos y flechas,
artefactos para lanzar piedras, cócteles molotov y « quesos rusos » (explosivos
caseros de plástico, activados por detonadores). En Lurigancho, crearon además
« chalecos a prueba de balas » hechos con bandejas del comedor. De esta forma,
un día antes de la invasión militarse apoderaron de un pequeño número de
funcionarios como rehenes a los que quitaron algunas armas de fuego (en el caso
del Frontón, tres fusiles y una pistola)
Sin embargo, la decisión más sorprendente, que dejó boquiabiertas y furiosas a
las tropas de las Fuerzas Armadas, fue una protección de cemento armado que
hicieron los prisioneros, recubriendo las paredes internas de algunas
salas-dormitorios en Lurigancho y el Frontón, transformándolos en auténticos
bunkers. En la isla, algunas ventanas también fueron parcialmente pavimentadas,
convirtiéndolas en troneras (orificios a través de los cuales se disparan las
armas)
Allí en El Frontón, además, los presos del PCP construyeron un compartimento
subterráneo suficientemente grande para albergar a 150 personas (que era el
número de prisioneros políticos que quedaban en aquella cárcel). El subterráneo
estaba dotado de respiraderos abiertos al mar.
¿Cómo se obtuvo el cemento?
En el libro de Cristóbal se encuentran dos versiones. La primera es que el
material fue introducido en Lurigancho y en el Frontón escondido en sacos de
productos comestibles llevados a los presos por familiares, poco a poco, en un
sistema como « hormigas ». la otra versión es la de que, en la isla, el cemento
armado fue suministrado por las propias autoridades para la construcción de
baños, en un acuerdo con los prisioneros, ya que (todo indica) que el Gobierno
no quería gastar el dinero con obreros.
¿Y cómo los bunkers no fueron descubiertos antes?
Los diarios de la burguesía, incluidos en el libro, gritaban histéricos en sus
reportajes y editoriales que los alojamientos de Sendero Luminoso (el nombre
usado por ellos para referirse al PCP) en los presidios no eran fiscalizados
porque los « terroristas » tenían un control absoluto sobre ellos.
« ¡Viva la Revolución! »
El esquema de defensa implantado por los
presos funcionó con eficiencia. Para conseguir entrar en Lurigancho y en El
Frontón los militares tuvieron que demoler buena parte de los edificios.
La resistencia de los combatientes comunistas duró largas horas en Lurigancho y
en la isla. Hasta que las tropas reaccionarias, coléricas, mandaron buscar
bombas más potentes para una segunda ofensiva.
Hasta aquel instante su irritación había subido al máximo, principalmente por
el uso de otra arma por los prisioneros, ésta de efecto psicológico: los gritos
de « ¡Viva la Revolución! », cada vez que los cañonazos no afectaban a las
paredes reforzadas con cemento, y el entonar de músicas e himnos del Partido.
No cesaron de cantar ni un minuto. Las voces se fueron silenciando cuando,
después del surgimiento de nuevas bombas y sus fortísimas explosiones, cerca de
170 presos fueron capturados con vida y asesinados, uno por uno. En Lurigancho,
según el libro, estando ya en la fila del exterminio, todos continuaron
cantando hasta que el último camarada recibió el tiro cobarde en la cabeza.
En el Callao, el canto acabó siendo el arma mayor en la resistencia de las
mujeres del PCP. No pudieron usar otra defensa porque la invasión fue rápida.
La existencia de una claraboya facilitó el servicio a los atacantes, que desde
lo alto arrojaron bombas de gas y dominaron a las prisioneras. No obstante, un
grupo de ellas parece haber resistido, pues dos resultaron muertas y cinco
heridas.
Si dije que la defensa de los combatientes del PCP funcionó con eficiencia fue
porque, considerada la fuerza de ataque y el gran aparato bélico empleado por
las tropas fascistas, cerca del 50% de los presos del Frontón y el 76% de
Lurigancho fueron protegidos por su esquema defensivo y estaban vivos al ser
capturados.
Lo que no los protegió fue el barbarismo de los asesinos, definidos por Juan
Cristóbal, como « los actores de este injustificable operativo militar, que
hasta hoy, y hasta siempre, continuará produciendo heridas en tan noble cuanto
sufrido corazón de nuestro pueblo ».
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Este día quedó grabado en las mentes y corazones del pueblo en el Perú y en
los pueblos del mundo. El "Día de la Heroicidad" nos enseña a no
rendirnos y cómo una aparente pérdida se transforma en victoria, porque la
masacre de cientos de camaradas en las luminosas trincheras de
combate
fue en realidad una gran victoria política, militar y moral para el PCP, para
la clase y el pueblo: "Así, los prisioneros de guerra, como el personaje
de la historia, siguen ganando batallas más allá de la muerte, pues viven y
combaten en nosotros, conquistando nuevas victorias; su recia e imborrable
presencia la sentimos palpitante y luminosa, enseñándonos hoy, mañana y siempre
a dar la vida por el Partido y la revolución" (Presidente
Gonzalo, 1987).
¡GLORIA A LOS HEROES CAIDOS, VIVA LA
REVOLUCION!
¡LA SANGRE NO AHOGA LA REVOLUCION, LA RIEGA!
¡VIVA LA REVOLUCION PROLETARIA MUNDIAL!
¡GLORIA AL MARXISMO-LENINISMO-MAOISMO!
¡GLORIA AL DIA DE LA HEROICIDAD!