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207
SOBRE
EL GOBIERNO DE COALICIÓN[*]
24
de abril de 1945
I. LAS
DEMANDAS FUNDAMENTALES DEL
PUEBLO CHINO
Nuestro
Congreso se celebra en las siguientes circunstancias: Después
de casi ocho años de la resuelta, heroica e indomable lucha contra
los agresores japoneses sostenida por el pueblo chino a costa de
incontables penalidades y sacrificios, ha surgido una nueva
situación: se ha logrado la victoria decisiva en la sagrada y justa
guerra en escala mundial contra los agresores fascistas, y se
avecina el momento en que el pueblo chino, en coordinación con los
países aliados, derrotará a los agresores japoneses. Pero China
continúa desunida y sigue atravesando una grave crisis. En tales
circunstancias, ¿qué debemos hacer? Sin
duda alguna, en China se necesita urgentemente
establecer un gobierno provisional democrático de coalición
que agrupe a los representantes de todos los partidos y grupos
políticos así como a personalidades sin partido,
para realizar las reformas democráticas,
superar la actual crisis,
movilizar y unificar a todas las fuerzas antijaponesas del país
y, luchando en eficaz coordinación con los países aliados,
derrotar a los agresores japoneses de modo que el pueblo chino se
libere de sus garras. Luego, debe convocarse una asamblea
nacional sobre una amplia base democrática y crearse un gobierno
democrático definitivo que también sea de coalición e incluya en
forma aún más amplia a los representantes de todos los partidos y
grupos políticos así como a personalidades sin partido, gobierno
que habrá de dirigir a todo el pueblo liberado en la construcción
de una
*
Informe político del camarada Mao Tse-tung ante el VII Congreso
Nacional del Partido Comunista de China.
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208
nueva
China, independiente, libre, democrática, unificada, próspera y
poderosa. En una palabra, hay que
seguir la línea de unidad y democracia, derrotar a los agresores y
construir una nueva China.
Estimamos
que sólo procediendo así se puede interpretar las demandas
fundamentales del pueblo chino. Mi informe, pues, abordará
principalmente estas demandas. El que deba o no crearse en China un
gobierno democrático de coalición ha llegado a ser un problema que
preocupa mucho al pueblo chino y a la opinión pública democrática
en los países aliados. Por eso, en mi informe prestaré particular
atención a esclarecerlo.
En
ocho años de resistencia al Japón, el Partido Comunista de China
ha superado numerosas dificultades y logrado grandes éxitos; sin
embargo, en las circunstancias actuales, nuestro Partido y nuestro
pueblo continúan enfrentados a serias dificultades. La
presente situación exige que el Partido se dedique en forma
aún más efectiva al cumplimiento de sus tareas urgentes y siga
superando las dificultades y luchando
por la realización de las demandas fundamentales del pueblo chino.
II. LA
SITUACIÓN INTERNACIONAL Y LA
SITUACIÓN NACIONAL
¿Podrá
el pueblo chino hacer realidad dichas demandas fundamentales? Eso
depende del grado que alcancen su conciencia política, su unidad y
sus esfuerzos. En todo caso, la actual situación internacional y
nacional ofrece al pueblo chino condiciones sumamente favorables.
Si sabe aprovecharlas como es debido y continúa luchando activa,
resuelta y tenazmente, no cabe duda de que vencerá a los agresores
y construirá una nueva China. El pueblo chino debe redoblar sus
esfuerzos en la lucha por el cumplimiento de sus sagradas tareas.
¿Cuál
es la presente situación internacional?
En
lo militar es la siguiente: El ejército soviético ha comenzado su
asalto a Berlín y, en coordinación con él, las fuerzas aliadas de
Inglaterra, EE.UU. y Francia también están asestando golpes a lo
que queda de las hordas hitlerianas, en tanto que el pueblo italiano
pág.
209
se
ha sublevado. Todo ello permitirá destruir a Hitler de una vez para
siempre. Y cuando esto ocurra, no estará lejana la derrota de los
agresores japoneses. Al contrario
de los cálculos de los reaccionarios chinos y extranjeros,
indefectiblemente las fuerzas agresoras fascistas serán derrocadas
y las fuerzas democráticas populares triunfarán. El mundo marchará
por el camino del progreso, y en modo alguno por el de la reacción.
Desde luego, debemos permanecer muy alerta y tener en cuenta la
posibilidad de que en el curso de los acontecimientos se produzcan
de nuevo algunos zigzags temporales, inclusive algunos serios; en
muchos países todavía son poderosas las fuerzas reaccionarias, que
no quieren que los pueblos de sus propios países y de los demás se
unan, progresen y se liberen. Quien pierda de vista esto cometerá
errores políticos. Con todo,
la tendencia general de la historia ya está definitivamente fijada,
y de ninguna manera cambiará. La situación es desfavorable
solamente para los fascistas, así como para los reaccionarios de
los diversos países, que en la práctica los ayudan, mientras que
es beneficiosa para todos los pueblos y sus fuerzas democráticas
organizadas. El pueblo, y sólo el
pueblo, es la fuerza motriz que hace la historia mundial. El
pueblo soviético ha creado un gran poderío y desempeña el papel
principal en la derrota del fascismo. Son sus esfuerzos,
mancomunados con los de los pueblos de los demás aliados
antifascistas, los qué hacen posible la derrota del fascismo. La
guerra ha educado al pueblo, y el pueblo ganará la guerra, la paz y
el progreso.
Esta
nueva situación es bien diferente de la que existió durante la
Primera Guerra Mundial. En aquel entonces, aún no había surgido la
Unión Soviética, y en numerosos países la conciencia política
del pueblo no era tan elevada como hoy. Las dos guerras mundiales
representan dos épocas completamente distintas.
La
derrota de los países agresores fascistas, la terminación de la
Segunda Guerra Mundial y la instauración de la paz internacional no
significarán el cese de la lucha. Las fuerzas fascistas remanentes,
ampliamente diseminadas, continuarán creando disturbios; dentro del
campo que lucha contra la agresión fascista hay fuerzas
antidemocráticas y opresoras de otras naciones, fuerzas que no
dejarán de oprimir a los pueblos de diversos países y a las
colonias y semicolonias. Por
consiguiente, aun después del establecimiento de la paz
internacional, en una gran parte del mundo seguirán siendo
numerosas las
pág.
210
luchas
entre las masas populares antifascistas y las fuerzas fascistas
remanentes, entre las fuerzas democráticas y las antidemocráticas,
entre las fuerzas de liberación nacional y las de opresión
nacional. Los
pueblos alcanzarán la más amplia victoria sólo cuando hayan
eliminado, mediante prolongados esfuerzos, a las fuerzas fascistas
remanentes, a las fuerzas antidemocráticas
y a todas las fuerzas imperialistas. Ese día no llegará rápida ni
fácilmente, pero llegará sin falta. La victoria en la Segunda
Guerra Mundial antifascista desbrozará el camino a la victoria de
los pueblos en sus luchas de postguerra. Y, a su vez, la victoria en
estas luchas es imprescindible para asegurar una paz sólida y
duradera.
¿Cuál
es la presente situación nacional?
La
larga guerra que sostiene China ha costado y costará enormes
sacrificios a su pueblo, pero, junto con ello, esta misma guerra lo
ha templado. Más que
ninguna de las grandes luchas realizadas por él en los últimos
cien años, esta guerra ha contribuido a elevar su conciencia
política y a promover su unidad.
El pueblo chino enfrenta, además de un formidable enemigo nacional,
las poderosas fuerzas reaccionarias internas, que en la práctica
ayudan a ese enemigo.
Pero esto no es más que un
aspecto de la cuestión. El otro es que el pueblo chino no sólo
tiene una conciencia política más elevada que nunca, sino que
cuenta con poderosas regiones liberadas y con un movimiento
democrático en escala nacional que crece día a día. Estas son las
condiciones favorables de orden interno. Si todas las luchas
realizadas en los últimos cien años por el pueblo chino fracasaron
o sufrieron reveses a causa de la ausencia de ciertas condiciones
internacionales e internas necesarias, hoy la situación ha
cambiado, ya que se presentan todas las condiciones indispensables.
Es perfectamente posible evitar la derrota y obtener la victoria. Si
sabemos unir a todo el pueblo en una lucha resuelta y le damos una
orientación apropiada, la victoria será nuestra.
Se
ha fortalecido extraordinariamente la confianza del pueblo chino en
que podrá, con su unidad, derrotar a los agresores y construir una
nueva China. Ha llegado la hora en que el pueblo chino, superando
todas las dificultades, hará
realidad sus demandas fundamentales, de trascendental significación
histórica. ¿Aún cabe duda al respecto? Creo que no.
Tal
es la actual situación general en los planos internacional y
nacional.
pág.
211
III. LAS
DOS LINEAS EN LA GUERRA DE
RESISTENCIA CONTRA EL JAPON
LA
CLAVE DE LOS PROBLEMAS DE CHINA
Al
abordar la situación nacional, también debemos hacer un análisis
concreto de la Guerra de Resistencia contra el Japón.
China
es una de las cinco grandes potencias del mundo que toman parte en
la guerra antifascista, y el principal país que lucha contra los
agresores japoneses en el continente asiático. El papel del pueblo
chino no sólo es sumamente grande en la guerra contra el Japón,
sino que lo será también en el mantenimiento de la paz mundial en
la postguerra, y será decisivo en el mantenimiento de la paz en el
Oriente. Para liberarse a sí
misma y para ayudar a los países aliados, China ha realizado
inmensos esfuerzos durante ocho años de guerra. Estos esfuerzos han
sido hechos principalmente por su pueblo. En el frente, gran
número de oficiales y soldados de las fuerzas armadas chinas han
luchado y derramado su sangre; en la retaguardia, los obreros, los
campesinos, la intelectualidad y los círculos industriales han
trabajado con ahínco; los chinos de ultramar han brindado su apoyo
financiero a la guerra, y han hecho su contribución a ella todos
los partidos políticos antijaponeses, a excepción de los elementos
antipopulares. En resumen, durante ocho largos años,
el pueblo chino, con su sangre y su sudor, ha combatido heroicamente
contra los agresores japoneses. Sin embargo, desde hace años, los
reaccionarios chinos han venido propalando infundios, embaucando a
la opinión pública, para ocultar al mundo el verdadero papel que
desempeña el pueblo chino en esta guerra. Por otra parte,
nadie ha hecho todavía un balance completo de la experiencia
adquirida por China a lo largo de sus ocho años de resistencia al
Japón. Por consiguiente, corresponde al presente Congreso hacer un
apropiado balance de toda esta experiencia, a fin de educar al
pueblo y proporcionar al Partido las bases para la elaboración de
su política.
Cuando
se trata de hacer tal balance, todo el mundo advierte claramente que
en China hay dos líneas directrices diferentes. Una lleva a
derrotar a los agresores japoneses, mientras que la otra, lejos de
ello, en realidad los ayuda en algunos aspectos, perjudicando a la
Resistencia.
pág.
212
La
política del gobierno del Kuomintang de resistencia pasiva al Japón
y su reaccionaria política interna de represión activa del pueblo,
han acarreado los reveses militares, la pérdida de gran parte del
territorio nacional, la crisis financiera y económica, la opresión
y la miseria para el pueblo y el resquebrajamiento de la unidad
nacional. Estas políticas reaccionarias han obstaculizado la
movilización y unificación de todas las fuerzas antijaponesas del
pueblo chino para una eficaz prosecución de la guerra, así como el
despertar y la unión de nuestro pueblo. No obstante, el proceso del
despertar y la unión del pueblo chino nunca se ha detenido, sino
que se ha desarrollado siguiendo un curso sinuoso bajo la doble
opresión de los agresores japoneses y del gobierno del Kuomintang.
En China, desde hace mucho existen nítidamente dos líneas
distintas: la línea del gobierno del Kuomintang, de opresión
contra el pueblo y de resistencia pasiva, y la línea del pueblo
chino, de despertar y unirse para llevar a cabo una guerra popular.
Aquí está la clave de todos los problemas de China.
LA
HISTORIA SIGUE UN CAMINO SINUOSO
Para
que se comprenda por qué esta cuestión de las dos líneas
constituye la clave de todos los problemas de China, hay que traer a
la memoria la historia de nuestra Guerra de Resistencia.
La
Guerra de Resistencia del pueblo chino contra el Japón ha seguido
un camino sinuoso. Comenzó ya en 1931. El 18 de septiembre de ese
año, los agresores japoneses se apoderaron de Shenyang, y en pocos
meses ocuparon las tres provincias del Nordeste. El gobierno del
Kuomintang adoptó una política de no resistencia. Pero el pueblo y
el sector patriota de las tropas de esas provincias, bajo la
dirección o con la ayuda del Partido Comunista de China y contra la
voluntad del gobierno del Kuomintang, organizaron destacamentos de
voluntarios antijaponeses y el Ejército Unido Antijaponés del
Nordeste y emprendieron una heroica guerra de guerrillas. Esta
guerra cobró en determinado período grandes proporciones y, a
pesar de sus numerosas dificultades y reveses, nunca ha sido
extinguida por el enemigo. En l932, cuando los agresores japoneses
atacaron Shanghai, nuevamente un grupo de patriotas dentro del
Kuomintang desafiaron la voluntad de su gobierno y condujeron al XIX
Ejército a oponer resistencia a los agresores japoneses. En 1933,
cuando éstos
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213
atacaron
Yejé y Chajar, por tercera vez un grupo de patriotas dentro del
Kuomintang desafiaron la voluntad de su gobierno: en cooperación
con el Partido Comunista, organizaron el Ejército Aliado
Antijaponés y presentaron resistencia. Fueron el pueblo chino, el
Partido Comunista de China, los otros grupos democráticos y los
chinos patriotas de ultramar quienes brindaron apoyo a todas estas
acciones militares contra la agresión japonesa, mientras que el
gobierno del Kuomintang, ateniéndose a su política de no
resistencia, no hizo nada en este sentido. Antes por el contrario,
fue ese mismo gobierno el que torpedeó las acciones antijaponesas
en Shanghai y en Chajar. Además, destruyó el Gobierno Popular
establecido en 1933 en Fuchién por el XIX Ejército
¿Por
qué el gobierno del Kuomintang adoptó la política de no
resistencia? La causa principal es que el Kuomintang había roto en
1927 su cooperación con el Partido Comunista y socavado la unidad
del pueblo chino.
En
1924, el Dr. Sun Yat-sen, aceptando las proposiciones del Partido
Comunista de China, convocó el I Congreso Nacional del Kuomintang,
en el cual tomaron parte los comunistas; estableció las Tres
Grandes Políticas: alianza con Rusia, alianza con el Partido
Comunista y ayuda a los campesinos y obreros; creó la Academia
Militar de Juangpu, y fundó un frente único nacional integrado por
el Kuomintang, el Partido Comunista y todos los sectores del pueblo.
Todo esto permitió barrer en 1924-1925 a las fuerzas reaccionarias
en Kuangtung, y realizar en 1926-1927 la victoriosa Expedición al
Norte: fue ocupada gran parte de los valles de los ríos Yangtsé y
Amarillo, fue derrotado el gobierno de los caudillos militares del
Norte y se desplegó una lucha popular liberadora de una envergadura
sin precedentes en la historia de China. Pero, a fines de la
primavera y comienzos del verano de 1927, en el momento decisivo del
avance de la Expedición al Norte, el frente único nacional
integrado por el Kuomintang, el Partido Comunista y todos los
sectores del pueblo, que encarnaba la causa de la liberación del
pueblo chino, fue destruido, junto con toda su política
revolucionaria, por la traidora y antipopular política de
"depuración del partido" y de represión sangrienta
adoptada por las autoridades kuomintanistas. Los aliados de ayer, el
Partido Comunista de China y el pueblo chino, pasaron a ser
considerados como enemigos, y los enemigos de ayer, los
imperialistas y los elementos feudales, como aliados. Así fue como
se desencadenó un pérfido ataque por sorpresa contra el Partido
Comunista y el pue-
pág.
214
blo,
y la gran revolución china, pletórica de vigor y vitalidad, fue
enterrada. Desde entonces, la unidad ha sido reemplazada por la
guerra civil, la democracia por la dictadura, y la China luminosa
por una China sumida en tinieblas. Pero
el Partido Comunista y el pueblo no se dejaron amedrentar, someter
ni exterminar. Se pusieron en pie, se limpiaron las manchas de
sangre, enterraron a los camaradas caídos y volvieron a la lucha.
Enarbolando la gran bandera de la revolución, empuñaron las armas
para resistir y, en vastas zonas del territorio patrio,
establecieron órganos del Poder popular, llevaron a cabo la reforma
del sistema agrario, crearon un ejército popular el Ejército Rojo
de China -- y preservaron e incrementaron las fuerzas
revolucionarias del pueblo chino. Los Tres Principios del Pueblo
revolucionarios del Dr. Sun Yat-sen, abandonados por los
reaccionarios del Kuomintang, fueron llevados adelante por el pueblo
chino, el Partido Comunista de China y otros demócratas.
Después
de la invasión japonesa de las tres provincias del Nordeste, el
Partido Comunista planteó en 1933 a todas las unidades
militares kuomintanistas que atacaban a las bases de apoyo
revolucionarias y al Ejército Rojo, la proposición de que, con
miras a unirse para resistir al Japón, se
firmara un armisticio bajo tres condiciones: cesar los ataques, dar
libertades y derechos al pueblo y armar al pueblo. Pero las
autoridades kuomintanistas rechazaron esta proposición.
Desde
entonces, mientras mayor era el frenesí con que el gobierno del
Kuomintang aplicaba su política de guerra civil, más y más
imperiosa se alzaba la voz del pueblo chino exigiendo el cese de la
guerra civil y la unidad para resistir al Japón. En Shanghai y
muchos otros lugares, brotaron todo tipo de organizaciones populares
patrióticas. Entre
1934 y 1936,
bajo la dirección del Comité Central de nuestro Partido, las
fuerzas principales del Ejército Rojo, que actuaban en diversos
lugares al Sur y al Norte del Yangtsé, se trasladaron al Noroeste
del país venciendo incontables dificultades y se reunieron con las
fuerzas del Ejército Rojo que operaban allí. Fue durante estos dos
años cuando, en consonancia con la nueva situación, el
Partido Comunista de China estableció y comenzó a aplicar una
línea política nueva e integral, la línea de frente único
nacional antijaponés, cuyo objetivo era lograr la unidad para la
resistencia al Japón y crear una república de nueva democracia.
El 9 de diciembre de 1935, dirigidas por nuestro Partido, las masas
estudiantiles de Peiping desencadenaron un heroico movimiento
patriótico; crearon la Vanguardia por la Liberación de la Nación
China[1]
y extendieron este movimiento a todas
pág.
215
las
grandes ciudades del país. El 12 de diciembre de 1936, dos grupos
de patriotas del Kuomintang, partidarios de la resistencia al Japón
-- los del Ejército del Nordeste y del XVII Ejército --, se
unieron y se pronunciaron valientemente contra la reaccionaria
política de las autoridades kuomintanistas, política de
conciliación con el Japón y de represión sangrienta del pueblo en
el país; así se produjo el célebre Incidente
de Sían. Al mismo tiempo, otros patriotas dentro del
Kuomintang también estaban descontentos con esa política de las
autoridades kuomintanistas. En tales circunstancias, éstas se
vieron obligadas a renunciar a su política de guerra civil y a
acceder a las demandas del pueblo. El arreglo pacífico del
Incidente de Sían constituyó un punto de viraje en la situación;
bajo las nuevas circunstancias, se estableció la cooperación
interna y se inició una guerra de resistencia contra el Japón en
escala nacional. En mayo de 1937, poco antes del Incidente de
Lukouchiao, nuestro Partido celebró una conferencia nacional de
significación histórica, que ratificó la nueva línea política
seguida por el Comité Central a partir de 1935.
Desde
el Incidente de Lukouchiao, ocurrido el 7 de julio de 1937, hasta la
caída de Wuján, en octubre de 1938, el gobierno del Kuomintang se
mostró más o menos activo en la guerra contra el Japón. Durante
ese período, ante la ofensiva en gran escala de los agresores
japoneses y el ascenso de la justa indignación patriótica de todo
el pueblo, el gobierno del Kuomintang tuvo que hacer de la lucha
contra los agresores japoneses el centro de gravedad de su política;
esto facilitó hasta cierto
punto el auge de la resistencia antijaponesa de las fuerzas armadas
y el pueblo de todo el país, de modo que, por algún tiempo, hubo
una nueva atmósfera de vitalidad general. En aquel tiempo, todo el
pueblo, nosotros los comunistas y otros partidos y grupos
democráticos depositábamos grandes esperanzas en el gobierno del
Kuomintang, es decir,
esperábamos que el gobierno aprovechara la oportunidad del ascenso
del fervor popular en un momento de crisis nacional para implantar
reformas democráticas y poner en práctica los Tres Principios del
Pueblo revolucionarios del Dr. Sun Yat-sen.
Pero esas esperanzas se vieron frustradas. Incluso durante esos dos
años, mientras participaban más o menos activamente en la
Resistencia, las autoridades kuomintanistas seguían oponiéndose a
que se llevara a cabo una guerra popular con participación de las
amplias masas e imponiendo restricciones a los esfuerzos que, por su
propia cuenta, hacía el pueblo para unirse y realizar actividades
antijaponesas y democráticas. Por una parte, el gobierno del
Kuomintang
pág.
216
modificó
un poco su actitud hacia el Partido Comunista de China y otros
partidos y grupos antijaponeses, pero,
por la otra, continuaba negándose a tratarlos en pie de igualdad y
restringía de mil maneras sus actividades. Siguió manteniendo
recluidos a muchos presos políticos patriotas. Y, sobre
todo, conservó intacta su dictadura oligárquica, establecida en
cuanto desencadenó la guerra civil en 1927, haciendo imposible la
formación de un gobierno democrático de coalición que gozara del
apoyo de toda la nación.
En
los comienzos mismos de este período, los comunistas ya señalamos
que en la Guerra de Resistencia contra el Japón había dos
líneas: guerra popular, de participación general, que lleva a la
victoria, y guerra de participación unilateral, en que el pueblo
permanece oprimido y que lleva a la derrota. Señalamos también
que la guerra sería prolongada y que inevitablemente habría muchas
dificultades y privaciones, pero que el pueblo chino, gracias a sus
esfuerzos, lograría la victoria final.
GUERRA
POPULAR
Durante
ese período, las fuerzas principales del Ejército Rojo de China,
dirigido por el Partido Comunista,
que se habían trasladado al Noroeste, fueron reorganizadas como
VIII Ejército del Ejército Revolucionario Nacional de China, y las
unidades guerrilleras del Ejército Rojo que habían permanecido en
diversos lugares al Norte y al Sur del Yangtsé fueron reorganizadas
como Nuevo 4.ƒ Cuerpo de Ejército del Ejército Revolucionario
Nacional de China. El primero fue enviado a luchar al Norte del
país, y el segundo, al Centro. Durante el período de la guerra
civil, el Ejército Rojo de China conservó y desarrolló las
tradiciones democráticas de la Academia Militar de Juangpu y el
Ejército Revolucionario Nacional de la época de la Expedición al
Norte, y, en determinado momento, sus efectivos llegaron a varios
centenares de miles de hombres. Sin embargo, al comenzar la Guerra
de Resistencia contra el Japón, los efectivos del Ejército Rojo se
encontraban reducidos a sólo unas decenas de miles debido a la
salvaje represión del gobierno kuomintanista contra nuestras bases
de apoyo en el Sur, a las pérdidas sufridas durante la Gran Marcha
y a otras causas. Por ello, algunos menospreciaban a este ejército,
estimando que para la resistencia al Japón había que apoyarse
principalmente en el Kuomintang. Pero
el pueblo es el mejor juez. Sabía que el VIII
pág.
217
Ejército
y el Nuevo 4.ƒ Cuerpo de Ejército, aunque de efectivos reducidos
en esa época, eran tropas de elevada calidad; que eran los únicos
que podían hacer una auténtica guerra popular, y que, tan pronto
como llegaran al frente de la Resistencia y se integraran con las
amplias masas de allí, se les abrirían perspectivas ilimitadas.
El pueblo tenía razón. A la hora en que hago el presente informe,
nuestro ejército se ha ampliado a 910.000 hombres, y los efectivos
de las milicias populares en el campo, que no se apartan de la
producción, han llegado a más de 2.200.000. A pesar de ser
numéricamente muy inferior al ejército actual del Kuomintang
(teniendo en cuenta tanto su ejército central como sus tropas
locales), nuestro ejército
regular se ha convertido ya en la fuerza principal de la Guerra de
Resistencia contra el Japón, a juzgar por la cantidad de tropas
japonesas y títeres a las que combate y la extensión de las zonas
en que opera, por su capacidad combativa, por el apoyo que las
amplias masas populares le brindan en sus operaciones y por sus
cualidades políticas, su unidad interna y su cohesión.
Este
ejército es poderoso porque todos sus hombres poseen una disciplina
consciente; se han unido y luchan, no por los intereses egoístas de
unos cuantos individuos o de un reducido grupo, sino por los
intereses de las grandes masas populares y de toda la nación. El
único propósito de este ejército es mantenerse firmemente junto
al pueblo chino y servirlo de todo corazón.
Guiado
por tal propósito, este ejército tiene un espíritu intrépido;
está decidido a vencer a todo enemigo y jamás se dejará someter.
Sean cuales fueren las
dificultades y privaciones, mientras quede un solo hombre,
continuará luchando.
Guiado
por tal propósito, este ejército ha alcanzado una excelente unidad
tanto en lo interno como en lo externo. En el orden interno, existe
unidad entre oficiales y soldados, entre los niveles superiores e
inferiores y entre el trabajo militar, el político y el de los
servicios de retaguardia. En el orden externo, existe unidad entre
el ejército y el pueblo, entre el ejército y los organismos
gubernamentales y entre nuestras tropas y las tropas amigas. Todo lo
que perjudique a la unidad debe ser eliminado.
Guiado
por tal propósito, este ejército aplica una política correcta
para ganarse a los oficiales y soldados del enemigo, así como en el
trato a los prisioneros. Acoge y reeduca en forma apropiada a todos
aquellos que se rinden voluntariamente, se pasan a nuestro lado o,
después de deponer las armas, se muestran dispuestos a incorporarse
pág.
218
ala
lucha contra el enemigo común. Prohibe matar, maltratar o humillar
a los prisioneros.
Guiado
por tal propósito, este ejército ha elaborado una serie de
principios estratégicos y tácticos indispensables para la guerra
popular. Sabe realizar la ágil y flexible guerra de guerrillas de
acuerdo con las cambiantes condiciones concretas, y también hacer
la guerra de movimientos.
Guiado
por tal propósito, este ejército ha creado un sistema de trabajo
político indispensable para la guerra popular y cuyo objetivo es
promover la unidad en sus propias filas, la unidad con los ejércitos
amigos y la unidad con el pueblo, desintegrar las fuerzas enemigas y
garantizar la victoria en el combate.
Guiado
por tal propósito, todo este ejército; en las condiciones de la
guerra de guerrillas, puede dedicarse, y efectivamente se dedica, en
los intervalos entre batalla y batalla y en las horas que le deja
libres el adiestramiento militar, a la producción de cereales y
demás artículos de
primera necesidad para poder autoabastecerse totalmente, en un 50
por ciento o en una proporción menor, y así superar las
dificultades económicas, mejorar sus condiciones de vida y aliviar
la carga del pueblo. Además, en sus diversas bases de apoyo
militares, utilizando todas las posibilidades, ha establecido un
buen número de pequeñas fábricas de armamento.
Este
ejército es poderoso, además, porque en coordinación con él
combaten vastas organizaciones armadas de masas: los cuerpos
populares de autodefensa y las milicias. En las regiones liberadas
de China, todos los hombres y mujeres jóvenes o de mediana edad
están organizados en cuerpos populares antijaponeses de autodefensa
sobre la base de la voluntariedad y de los principios democráticos
y sin apartarse de la producción. La flor y nata de dichos cuerpos,
excepto aquellos que se incorporan al ejército o a las unidades
guerrilleras, pasa a formar las milicias populares. Sin la
cooperación de estas fuerzas armadas de masas no sería posible
derrotar al enemigo.
Este
ejército es poderoso, finalmente, porque se divide en dos partes:
las fuerzas principales y las fuerzas regionales; las primeras se
mantienen listas en todo momento para operar en cualquier región, y
las segundas se dedican a defender sus propias regiones y a atacar
allí al enemigo, en coordinación con las milicias populares y los
cuerpos de autodefensa. Esta división del trabajo ha recibido el
sincero apoyo del pueblo. De no ser por esta correcta división del
trabajo, si, por ejemplo, se prestara atención sólo al papel de
las fuerzas prin-
pág.
219
cipales
descuidando el de las regionales, tampoco sería posible derrotar al
enemigo en las condiciones de las regiones liberadas de China. Las
fuerzas regionales han organizado numerosos destacamentos de trabajo
armados compuestos de hombres bien preparados y, por lo tanto, más
aptos para el trabajo militar, político y de masas, que penetran
profundamente en la "retaguardia enemiga dentro de la
retaguardia enemiga", lo atacan y movilizan a las masas para la
lucha antijaponesa, en coordinación con las operaciones militares
frontales de las diversas regiones liberadas. Estos destacamentos
han obtenido grandes éxitos.
En
las regiones liberadas de China, respondiendo al llamamiento del
Poder democrático y bajo su dirección, toda la población civil
que se opone a la agresión japonesa se ha agrupado en
organizaciones obreras, campesinas, juveniles, femeninas,
culturales, profesionales, etc., que cumplen fervientemente todo
tipo de tareas en apoyo del ejército. Se trata no solamente de
movilizar a la gente para que ingrese en el ejército, transporte
víveres para éste, se preocupe por las familias de los soldados y
ayude a las tropas a superar sus dificultades materiales, sino
también de movilizar a las unidades guerrilleras, las milicias
populares y los cuerpos de autodefensa, para que ampliamente
realicen ataques por sorpresa y coloquen minas, efectúen acciones
de reconocimiento, eliminen a los agentes del enemigo, transporten y
protejan a los soldados heridos y ayuden directamente al ejército
en sus operaciones. Al mismo tiempo, todo el pueblo de las regiones
liberadas trabaja con entusiasmo en la construcción política,
económica, cultural y sanitaria. A este respecto, lo más
importante es que se moviliza a toda la población para la
producción de cereales y demás artículos de primera necesidad, y
que en todas las entidades oficiales y escuelas, salvo casos
excepcionales, se dedica el tiempo libre a la producción con miras
al autoabastecimiento; esto, sumado a la campaña por la producción
emprendida con el mismo propósito por el pueblo y el ejército, ha
creado un gran auge de la producción, lo que ha permitido sostener
la prolongada Guerra de Resistencia. El enemigo ha causado daños
extraordinariamente graves en las regiones liberadas de China; y las
inundaciones, sequías y plagas también las azotan con frecuencia.
Sin embargo, bajo la dirección del Poder democrático, el pueblo ha
superado y supera en forma organizada esas dificultades, y las
grandes campañas de masas para exterminar la langosta, domeñar los
ríos y proporcionar socorro a las víctimas de las calamidades
naturales, han dado resultados sin precedentes en la
pág.
220
historia;
todo esto nos ha permitido perseverar por largo tiempo en la Guerra
de Resistencia contra el Japón. En
resumen, todo para el frente, todo para la derrota de los agresores
japoneses y para la liberación del pueblo chino: ésta es la
consigna general, la política general del ejército y el pueblo de
las regiones liberadas de China.
He
aquí la verdadera guerra popular. Sólo con una guerra así podemos
vencer al enemigo de la nación. El Kuomintang sufre derrotas
precisamente porque se opone con frenesí a la guerra popular.
Una
vez equipado con armas modernas, el ejército de las regiones
liberadas de China se hará aún más poderoso y podrá derrotar
definitivamente a los agresores japoneses.
LOS
DOS FRENTES DE LA GUERRA
En
la Guerra de Resistencia de China contra el Japón ha habido desde
el mismo comienzo dos frentes: el del Kuomintang y el de las
regiones liberadas.
Después
de la caída de Wuján, en octubre de 1938, los agresores japoneses
cesaron su ofensiva estratégica contra el frente del Kuomintang y
trasladaron gradualmente sus principales fuerzas militares al frente
de las regiones liberadas; al mismo tiempo, ante los sentimientos
derrotistas del gobierno del Kuomintang, se declararon dispuestos a
llegar con él a una paz de compromiso, y, siguiendo una política
destinada a embaucar a la nación china, indujeron al vendepatria
Wang Ching-wei a salir de Chungching y establecer un gobierno títere
en Nankín. A partir de entonces, el gobierno del Kuomintang comenzó
a cambiar de política: apartó gradualmente de la lucha contra el
Japón el centro de su atención para trasladarlo a la lucha contra
el Partido Comunista y el pueblo. Esto se puso en evidencia antes
que nada en el terreno militar. Con
el objeto de conservar su poderío militar, el gobierno del
Kuomintang adoptó una política de resistencia pasiva al Japón e
hizo que el peso de la guerra recayera sobre el frente de las
regiones liberadas, dejando que los agresores japoneses lanzaran
contra ellas vastas ofensivas, mientras él "contemplaba la
pelea de los tigres desde la cumbre".
En
1939, el gobierno del Kuomintang puso en vigor las reaccionarias
"Medidas para restringir las actividades de los partidos
ajenos", privando al pueblo y a los partidos y grupos
antijaponeses de los pocos derechos que habían conquistado al
comienzo de la Resistencia.
pág.
221
Entonces,
en las regiones dominadas por el Kuomintang, los diversos partidos
democráticos, ante todo y sobre todo el Partido Comunista de China,
fueron arrojados a la clandestinidad. En todas las provincias
dominadas por el Kuomintang, las cárceles y los campos de
concentración se atestaron de comunistas, jóvenes patriotas y
otros luchadores por la democracia. En cinco años, desde 1939 hasta
el otoño de 1943, el gobierno del Kuomintang lanzó tres grandes
"campañas anticomunistas"[2],
resquebrajando la unidad nacional y creando el grave peligro de una
guerra civil. Fue durante ese período cuando se ordenó la
"disolución" del Nuevo 4.ƒ Cuerpo de Ejército y se
aniquiló en el Sur de Anjui a más de nueve mil de sus hombres,
acontecimiento que conmovió al mundo entero. Hasta este preciso
momento, las tropas del Kuomintang no han cesado de atacar a las
fuerzas armadas de las regiones liberadas, y nada indica que estos
ataques vayan a cesar. Al mismo tiempo, los reaccionarios
kuomintanistas han venido vomitando insultos y calumnias de toda
clase. Calificativos y acusaciones tales como "partido
traidor", "ejército traidor", "regiones de
traidores", "sabotear la Resistencia y poner en peligro a
la nación", son fabricados por estos reaccionarios para cubrir
de fango al Partido Comunista, al VIII Ejército, al Nuevo 4.ƒ
Cuerpo de Ejército y a las regiones liberadas. Frente a la crisis
surgida, el Comité Central del Partido Comunista de China hizo
público, el 7 de julio de 1939, un manifiesto en el que formulaba
las siguientes consignas:
"Persistir en la resistencia y oponerse a la capitulación;
persistir en la unidad y oponerse a la ruptura; persistir en el
progreso y oponerse al retroceso". Actuando de acuerdo con
estas oportunas consignas, nuestro Partido rechazó enérgicamente,
en el transcurso de esos cinco años, las tres "campañas
anticomunistas", reaccionarias y antipopulares, y superó la
crisis en cada ocasión.
Durante
esos años, en realidad no hubo serias operaciones militares en el
frente del Kuomintang. Las bayonetas de los agresores japoneses
apuntaban principalmente contra las regiones liberadas. En 1943, el
ejército y el pueblo de las regiones liberadas hacían frente al 64
por ciento de las fuerzas invasoras japonesas y al 95 por ciento de
las tropas títeres, en tanto que el frente del Kuomintang no
soportaba más que el 36 por ciento de las tropas japonesas y el 5
por ciento de las tropas títeres.
En
1944, los agresores japoneses emprendieron operaciones para
asegurarse una vía de comunicación transcontinental; las tropas
kuomintanistas, presas de pánico, fueron incapaces de oponer la
menor resistencia. En unos pocos meses cayeron en manos del enemigo
ex-
pág.
222
tensas
zonas de las provincias de Jonán, Junán, Kuangsí y Kuangtung. No
fue sino entonces cuando se produjo cierto cambio en el porcentaje
de las fuerzas enemigas en cada uno de los dos frentes. Aun así, en
el momento en que hago este informe, de las 40 divisiones -- 580.000
hombres -- de las fuerzas invasoras japonesas en China (sin incluir
a las estacionadas en Manchuria), 22 divisiones y media -- 320.000
hombres --, o sea, el 56 por ciento, gravitan sobre el frente de las
regiones liberadas, mientras sólo 17 divisiones y media -- 260.000
hombres --, o sea, el 44 por ciento, gravitan sobre el frente del
Kuomintang. En cuanto a las tropas títeres empeñadas en uno y otro
frente, la proporción no ha cambiado en lo más mínimo.
Téngase
en cuenta, además, que las tropas títeres, con más de 800.000
hombres (incluyendo las fuerzas regulares y las locales), son en su
mayor parte tropas que se han pasado al enemigo comandadas por
generales kuomintanistas, o bien tropas organizadas por oficiales
kuomintanistas tránsfugas. Los reaccionarios del Kuomintang
proporcionaron de antemano a estas fuerzas títeres la absurda y
traidora teoría de "salvar a la nación mediante un rodeo",
y, después de su traición, les han brindado apoyo tanto moral como
organizativo en su lucha conjunta con los agresores japoneses contra
las regiones liberadas del pueblo chino. Más aún, movilizando
grandes fuerzas, que totalizan nada menos que 797.000 hombres,
bloquean y atacan la Región Fronteriza de Shensí-Kansú-Ningsia y
otras regiones liberadas. Esta grave situación la desconocen muchos
chinos y extranjeros a causa de la política de bloqueo de la
información, practicada por el gobierno kuomintanista.
LAS
REGIONES LIBERADAS DE CHINA
Las
regiones liberadas de China, dirigidas por el Partido Comunista,
tienen en la actualidad 95.500.000 habitantes. Se hallan situadas
desde Mongolia Interior, en el Norte, hasta la isla de Jainán, en
el Sur; en la mayoría de los lugares adonde ha llegado el enemigo,
operan el VIII Ejército, el Nuevo 4.ƒ Cuerpo de Ejército u otras
fuerzas armadas populares. La vasta extensión liberada de China
comprende 19 grandes regiones,
que cubren una parte mayor o menor de las provincias de Liaoning,
Yejé, Chajar, Suiyuán, Shensí, Kansú, Ningsia, Shansí, Jopei,
Jonán, Shantung, Chiangsú, Chechiang, Anjui, Chiangsí, Jupei,
Junán, Kuangtung y Fuchién. Yenán es el centro de dirección de
todas estas regiones liberadas. La Región Fronteriza de
Shensí-Kansú-Ningsia,
pág.
223
al
Oeste del río Amarillo, con una población de sólo 1.500.000
habitantes, no es sino una de las 19 regiones del vasto territorio
liberado, y, más aún, es la que tiene menor población después de
la del Este de Chechiang y la de la isla de Jainán. Algunos que
desconocen esto creen que lo que se entiende por regiones liberadas
de China es principalmente la Región Fronteriza de
Shensí-Kansú-Ningsia. Este malentendido es resultado de la
política de bloqueo practicada por el gobierno del Kuomintang. En
cada una de estas regiones liberadas se aplican todas las medidas
que exige la política de frente único nacional antijaponés, y han
sido establecidos, o lo están siendo, gobiernos elegidos por el
pueblo y en los que cooperan comunistas, representantes de otros
partidos y grupos antijaponeses y personalidades sin partido, o sea,
gobiernos locales de coalición. En las regiones liberadas, todas
las fuerzas del pueblo están movilizadas.
Todo esto ha hecho posible que, a pesar de la presión del
formidable enemigo, del bloqueo y los ataques realizados por las
tropas kuomintanistas y de la completa ausencia de ayuda exterior,
las regiones liberadas de China se hayan mantenido inconmovibles, se
hayan desarrollado incesantemente extendiendo su propio territorio y
reduciendo el ocupado por el enemigo, y se hayan convertido en el
modelo para una China democrática y en la fuerza principal que,
luchando en coordinación con los países aliados, expulsará a los
agresores japoneses y liberará al pueblo chino. Las fuerzas armadas
de las regiones liberadas -- el VIII Ejército, el Nuevo 4.ƒ Cuerpo
de Ejército y las demás fuerzas armadas populares --, han dado
ejemplo no sólo por su heroísmo en la guerra contra el Japón,
sino también en lo que se refiere a la aplicación de las medidas
democráticas que exige la política de frente único nacional
antijaponés. El 22 de septiembre de 1937, el Comité Central
del Partido Comunista de China hizo público un manifiesto
declarando que "siendo los Tres Principios del Pueblo del Dr.
Sun Yat-sen lo que China necesita hoy, nuestro Partido está
dispuesto a luchar por su completa realización". Este
manifiesto ha sido llevado totalmente a la práctica en las regiones
liberadas de China.
LAS
REGIONES DOMINADAS POR EL KUOMINTANG
La
principal camarilla gobernante del Kuomintang, persistiendo
testarudamente en su régimen dictatorial, sigue una política de
resistencia pasiva al Japón y una política interna antipopular.
En conse-
pág.
224
cuencia,
sus fuerzas armadas se han reducido a menos de la mitad, con el
agravante de que la mayor parte de las que le restan ha perdido
prácticamente su capacidad combativa; se
ha creado un abismo profundo entre esta camarilla y las grandes
masas populares, y se ha producido una grave crisis: el pueblo vive
sumido en la miseria, hierve de indignación y se rebela en todas
partes; no sólo se ha reducido a la mínima expresión el papel de
esta camarilla en la Guerra de Resistencia, sino que ella misma ha
pasado a ser un obstáculo para la movilización y unificación de
todas las fuerzas antijaponesas del pueblo chino.
¿Por
qué bajo la dirección de esta camarilla se ha producido tan grave
situación? Porque representa los
intereses de los grandes terratenientes, los grandes banqueros y los
magnates de la burguesía compradora de China, capa reaccionaria,
compuesta por un ínfimo puñado de individuos, que monopoliza todos
los importantes organismos militares, políticos, económicos y
culturales bajo el gobierno del Kuomintang. Esta camarilla antepone
la defensa de sus intereses a la resistencia antijaponesa. Afirma
que "la nación está por encima de todo", pero sus actos
nunca se ajustan a las demandas de la mayoría de la nación. Dice
que "el Estado está por encima de todo", pero entiende
por "Estado" el de dictadura feudal-fascista de los
grandes terratenientes, los grandes banqueros y los magnates de la
burguesía compradora, y no un Estado democrático de las amplias
masas populares. Por ello, teme que el pueblo se ponga en pie, teme
a los movimientos democráticos y teme una guerra de resistencia en
que se movilice seriamente a todo el pueblo. En esto radica la causa
primaria de su política de resistencia pasiva al Japón y de su
reaccionaria política interna antipopular, antidemocrática y
anticomunista. Practica en todos los terrenos una doble política.
Por ejemplo, mientras por un lado
resiste al Japón, por el otro sigue una política de resistencia
pasiva; además, es constantemente objeto de las maniobras de los
agresores japoneses para inducirlo a la capitulación. Mientras
declara que se propone desarrollar la economía china, en los hechos
se dedica a multiplicar el capital burocrático, o sea, el capital
de los grandes terratenientes, los grandes banqueros y los magnates
de la burguesía compradora, monopoliza las palancas de la economía
china y oprime sin piedad a los campesinos, los obreros, la pequeña
burguesía y la burguesía no monopolista. Habla de practicar la
"democracia" y "devolver el Poder al pueblo",
pero en realidad reprime ferozmente el movimiento democrático del
pueblo y se niega
pág.
225
a
introducir la más mínima reforma democrática. Pregona que "el
problema del Partido Comunista es un problema político y debe
resolverse por medios políticos", pero en realidad descarga
sobre el Partido Comunista de China una feroz opresión militar,
política y económica, considerándolo como "enemigo número
uno", en tanto que mira al agresor japonés como "enemigo
número dos", y día tras día se afana en intensos
preparativos para una guerra civil, rumiando planes para liquidar al
Partido Comunista. Dice que quiere establecer un "Estado
moderno", pero de hecho hace todo lo posible por mantener su
régimen dictatorial feudal-fascista de los grandes terratenientes,
los grandes banqueros y los magnates de la burguesía compradora.
Nominalmente mantiene relaciones diplomáticas con la Unión
Soviética, pero en los hechos se muestra hostil hacia ella. Por una
parte, entona a coro con los aislacionistas norteamericanos: "Asia
antes que Europa", con la finalidad de prolongar la existencia
de la Alemania fascista y, por consiguiente, la de todos los
fascistas y también la de su propia dominación fascista sobre el
pueblo chino; por otra parte, se disfraza de héroe antifascista
especulando con toda oportunidad en el terreno diplomático. Si
se pregunta de dónde procede toda esta política doble,
contradictoria, la respuesta es que toda ella tiene su causa
primaria en la capa social de los grandes terratenientes, los
grandes banqueros y los magnates de la burguesía compradora.
El
Kuomintang, sin embargo, no es un partido homogéneo. A pesar de
estar dominado y dirigido por la mencionada camarilla reaccionaria,
representante de la capa de los grandes terratenientes, los grandes
banqueros y los magnates de la burguesía compradora, no hay que
identificarlo totalmente con dicha camarilla. Algunas figuras
dirigentes del Kuomintang no forman parte de esa camarilla, sino que
son atacadas, postergadas o desdeñadas por ella. Muchos de sus
cuadros y miembros de base, así como numerosos afiliados a la Liga
Juvenil de los Tres Principios del Pueblo, están descontentos con
la dirección de dicha camarilla, y algunos hasta se oponen a ella.
Análoga situación se observa en las unidades militares, organismos
gubernamentales e instituciones económicas y culturales del
Kuomintang, controlados por esa camarilla reaccionaria. Dentro de
todos ellos hay no pocos elementos democráticos. Incluso la misma
camarilla reaccionaria, lejos de ser un todo único, compacto, está
dividida en varias fracciones que luchan entre sí. Sería a todas
luces incorrecto considerar al Kuomintang como un bloque homogéneo,
compuesto exclusivamente de reaccionarios.
pág.
226
UN
CONTRASTE
El
pueblo chino ha podido observar el vivo contraste que existe entre
las regiones liberadas y aquellas dominadas por el Kuomintang.
¿No
están las cosas claras todavía? Tenemos ante nosotros dos líneas:
la de guerra popular y la de resistencia pasiva, contraria a la
guerra popular; la primera conduce al triunfo, incluso en
condiciones adversas y sin la menor ayuda exterior, como es el caso
de las regiones liberadas; la otra conduce al fracaso, incluso en
condiciones extremadamente propicias y gozando de ayuda exterior,
como es el caso de las regiones dominadas por el Kuomintang.
El
gobierno kuomintanista atribuye sus derrotas a la escasez de
armamento. Pero, cabe preguntar: ¿A quién le falta armamento, a
las tropas del Kuomintang o a las de las regiones liberadas? De
todas las fuerzas militares chinas, las de las regiones liberadas
son las que más sufren de esa escasez; sólo pueden procurarse
armas capturándolas al enemigo o fabricándolas ellas mismas en las
condiciones más adversas.
¿No
es cierto que el ejército central del Kuomintang está mucho mejor
pertrechado que sus tropas locales? Sin embargo, en cuanto a
capacidad combativa, el primero, en su mayor parte, es inferior a
las segundas.
El
Kuomintang tiene a su disposición vastos recursos humanos, pero, a
consecuencia de su errónea política de reclutamiento, tropieza con
extremas dificultades para completar sus tropas. Las regiones
liberadas, en cambio, encontrándose aisladas unas de otras por el
enemigo y sosteniendo combates incesantes, tienen asegurada una
inagotable fuente de recursos humanos, porque en todas ellas se ha
introducido un sistema de milicias populares y de cuerpos de
autodefensa, ajustado a las necesidades del pueblo, y se ha evitado
el empleo abusivo y el despilfarro de estos recursos.
El
Kuomintang controla vastas regiones ricas en cereales; el pueblo le
suministra anualmente de setenta a cien millones de dan de grano;
pero, como los funcionarios desfalcan la mayor parte de lo que pasa
por sus manos, el ejército del Kuomintang sufre de una constante
escasez de víveres y sus soldados andan esmirriados a causa del
hambre. La mayor parte de las regiones liberadas de China están
situadas detrás de las líneas japonesas y sufren la destrucción
que acarrea la política enemiga de "incendiarlo todo, matar a
todos y saquearlo todo", a lo que se suma la aridez de algunas
de estas regiones
pág.
227
como
el Norte de Shensí; así y todo, hemos resuelto con éxito el
problema de la alimentación desarrollando la producción agrícola
mediante nuestros propios esfuerzos.
Las
regiones del Kuomintang están sumidas en una gravísima crisis
económica; la mayoría de sus industrias se han arruinado, y hasta
artículos de primera necesidad corno las telas tienen que ser
importados de los Estados Unidos. Las regiones liberadas de China,
en cambio, han podido autoabastecerse de telas y otros artículos de
primera necesidad desarrollando su industria.
En
las regiones del Kuomintang, los obreros, campesinos, dependientes
de comercio, empleados públicos, intelectuales y trabajadores de la
cultura viven en extrema miseria. En las regiones liberadas de
China, en cambio, toda la población tiene asegurados alimentos,
ropa y trabajo.
Una
de las características de las regiones del Kuomintang es que la
Guerra de Resistencia es aprovechada para amasar fortunas a costa de
los males de la nación, los funcionarios actúan al mismo tiempo
como negociantes, la corrupción es un hábito generalizado y no
queda ni rastro de pudor. En cambio, una de las características de
las regiones liberadas es que sus cuadros dan el ejemplo de vida
sencilla y lucha dura y consagran su tiempo libre a la producción,
y que la integridad se tiene en alta estima y la corrupción ha
quedado rigurosamente proscrita.
En
las regiones del Kuomintang, el pueblo está privado de todas las
libertades, mientras que en las regiones liberadas de China, goza
plenamente de ellas.
¿Quién
tiene la culpa de todas estas anomalías que enfrentan los
gobernantes kuomintanistas? ¿Los demás o ellos mismos? ¿Los
países extranjeros, por no haberles dado suficiente ayuda, o el
propio gobierno del Kuomintang, por su dominación dictatorial, su
corrupción y su incompetencia? ¿No es obvia la respuesta?
¿QUIEN
"SABOTEA LA RESISTENCIA Y PONE
EN PELIGRO A LA NACION"?
¿Acaso
no es el mismo gobierno del Kuomintang el que ha venido saboteando,
como prueban los hechos, la Resistencia del pueblo chino y ha puesto
en peligro a nuestra nación? Durante diez años enteros se dio en
cuerpo y alma a la guerra civil, apuntando la espada contra
pág.
228
sus
propios compatriotas y dejando totalmente de lado la defensa
nacional; más aún, con su política de no resistencia, regaló las
cuatro provincias del Nordeste. Cuando los agresores japoneses
irrumpieron al Sur de la Gran Muralla, no pudo sino oponerles una
resistencia desordenada y se retiró desde Lukouchiao hasta la
provincia de Kuichou. Y son precisamente esos kuomintanistas los que
afirman que "el Partido Comunista sabotea la Resistencia y pone
en peligro a la nación" (véanse las resoluciones de la XI
Sesión Plenaria del Comité Ejecutivo Central del Kuomintang,
celebrada en septiembre de 1943). El único hecho que aducen es que
el Partido Comunista, junto con los diversos sectores del pueblo, ha
creado las regiones liberadas de China, que combaten heroicamente al
Japón. Siendo la lógica de esos kuomintanistas tan diferente de la
del pueblo chino, nada tiene de extraño que no se haya encontrado
un lenguaje común sobre muchos problemas.
Aquí
surgen dos cuestiones:
En
primer lugar, ¿por qué el gobierno del Kuomintang ha abandonado
una población tan numerosa y un territorio tan vasto, que se
extiende desde la provincia de Jeilungchiang hasta Lukouchiao y
desde Lukouchiao hasta la provincia de Kuichou? ¿Acaso no será
porque ha aplicado una política de no resistencia al Japón y luego
una política de resistencia pasiva, así como una política interna
antipopular?
En
segundo lugar, ¿por qué las regiones liberadas de China han podido
desbaratar los constantes y encarnizados ataques de las tropas
japonesas y títeres, recuperar de las garras del enemigo de la
nación tan grandes extensiones del territorio patrio y liberar a
una población tan numerosa? ¿Acaso no será porque han aplicado
una correcta línea de guerra popular?
"DESOBEDIENCIA
A LAS ORDENES GUBERNAMENTALES
Y MILITARES"
Además,
el gobierno del Kuomintang acusa constantemente al Partido Comunista
de China de "desobediencia a las órdenes gubernamentales y
militares". A este respecto sólo diremos: por fortuna, los
comunistas chinos, conservando el sentido común del pueblo chino,
no hemos obedecido a esas "órdenes gubernamentales y
militares", las cuales significaban en realidad la entrega a
los agre-
pág.
229
sores
japoneses de las regiones liberadas, que el pueblo chino les había
arrancado al precio de una lucha dura y difícil. Ejemplos de tales
"órdenes" son las "Medidas para restringir las
actividades de los partidos ajenos", de 1939; la de "disolver
el Nuevo 4.ƒ Cuerpo de Ejército" y la de "retirarse al
Norte del antiguo lecho del río Amarillo", ambas de 1941; la
exigencia de "disolver el Partido Comunista de China", de
1943; la exigencia de "suprimir dentro de un plazo límite
todas las tropas salvo diez divisiones", de 1944; la
proposición que durante las recientes negociaciones nos ha hecho el
Kuomintang, en el sentido de que le transfiramos nuestras fuerzas
armadas y gobiernos locales, a cambio, no de un gobierno de
coalición, sino de la admisión de unos cuantos comunistas en el
gobierno dictatorial del Kuomintang, proposición que describió
como una "concesión" suya, etc. Por fortuna, hemos
desobedecido a todo esto y hemos preservado para el pueblo chino,
intacta, una parte de su territorio y también un heroico ejército
antijaponés. ¿No debe el pueblo chino congratularse de esta
"desobediencia"? ¿Acaso al gobierno del Kuomintang le
parece aún poco el haber entregado a los agresores japoneses, con
sus propias órdenes gubernamentales fascistas y órdenes militares
derrotistas, la tierra y la población de la vasta zona que se
extiende desde la provincia de Jeilungchiang hasta la de Kuichou?
Excepto los agresores japoneses y los reaccionarios, que acogen
favorablemente estas "órdenes gubernamentales y militares",
¿puede haber un chino patriota y honesto que lo haga? En ausencia
de un gobierno de coalición, no formal sino real, no
dictatorial-fascista sino democrático, ¿es concebible que el
pueblo chino permita a los comunistas entregar arbitrariamente al
derrotista y fascista gobierno
dictatorial del Kuomintang las regiones liberadas, donde el
pueblo se ha emancipado, así como el ejército popular, que ha
rendido destacados servicios en la Guerra de Resistencia? De no
haber existido las regiones liberadas y su ejército, ¿qué sería
hoy de la lucha del pueblo chino contra la agresión japonesa? ¿Qué
porvenir esperaría a nuestra nación?
EL
PELIGRO DE UNA GUERRA CIVIL
Hasta
hoy, la principal camarilla
gobernante del Kuomintang se obstina en su reaccionaria política de
dictadura y de guerra civil. Numerosos indicios muestran que
se prepara desde hace mucho, y ahora más que nunca, para
desencadenar una guerra civil tan pronto como
pág.
230
las
tropas de cierto país aliado hayan expulsado a los agresores
japoneses de buena parte del territorio continental de China.
Espera, además, que los generales de cierto país aliado desempeñen
en China la misma función que el general inglés Scobie[3]
desempeñó en Grecia. Aplaude las matanzas perpetradas por Scobie y
el reaccionario gobierno griego. Se propone arrojar otra vez a China
en el torbellino de una guerra civil, parecida a la de 1927-1937.
Tras
la cortina de humo de la "convocación de la Asamblea Nacional"
y la "solución política", está haciendo sigilosos
preparativos para una guerra civil.
Si nuestros compatriotas no prestan atención a este siniestro plan,
no lo denuncian y no ponen freno a tales preparativos, una mañana
de éstas oirán tronar los cañones de la guerra civil.
LAS
NEGOCIACIONES
Con
el fin de derrotar a los agresores japoneses y construir una nueva
China, y para prevenir una guerra civil, el Partido Comunista de
China, previo consentimiento de otros partidos y grupos
democráticos, planteó en septiembre de 1944, en el Consejo
Político Nacional, la demanda de
que se aboliese inmediatamente la dictadura unipartidista del
Kuomintang y se formase un gobierno democrático de coalición.
Esta demanda, indudablemente oportuna, se ha ganado en pocos meses
la aprobación de las amplias masas populares.
A
propósito de la abolición de la dictadura unipartidista, de la
formación de un gobierno de coalición y de la realización de las
reformas democráticas necesarias, más de una vez hemos sostenido
negociaciones con el gobierno del Kuomintang, pero todas nuestras
proposiciones han sido invariablemente rechazadas. El Kuomintang se
niega no sólo a abolir su dictadura unipartidista y formar un
gobierno de coalición, sino también a poner en práctica siquiera
una sola de las urgentes reformas democráticas, tales como la
supresión de los servicios secretos, la derogación de las leyes y
decretos reaccionarios, atentatorios a las libertades del pueblo, la
liberación de los presos políticos, el reconocimiento de la
legalidad de los diversos partidos y grupos políticos, así como el
reconocimiento de las regiones liberadas y la retirada de las tropas
que las bloquean y atacan. He aquí por qué las relaciones
políticas en China se encuentran en un estado de extrema gravedad.
pág.
231
DOS
PERSPECTIVAS
En
vista de la situación en su conjunto y del análisis hecho más
arriba de las condiciones reales, tanto de orden internacional como
interno, quisiera poner en guardia a todos ustedes: no crean que
todas las cosas serán fáciles para nosotros, que irán a las mil
maravillas. No, no hay tal; lo cierto es que estamos
ante dos posibilidades, ante dos perspectivas, una desfavorable y
otra favorable. Una
posibilidad o perspectiva es que se mantenga la dictadura fascista y
no se permita realizar las reformas democráticas; que el acento se
ponga en luchar contra el pueblo y no en luchar contra los agresores
japoneses; que aun después de la derrota de los agresores japoneses
estalle una guerra civil y China sea arrastrada a su vieja condición
de nación martirizada, carente de independencia, libertad,
democracia, unificación, prosperidad y poderío. Esta posibilidad o
perspectiva subsiste; no está excluida, no es que haya desaparecido
por sí sola simplemente porque la situación internacional es
propicia y porque se ha elevado la conciencia política del pueblo
chino y ha crecido su fuerza organizada. Quienes esperan que
esta posibilidad o perspectiva se haga realidad en China son, en el
interior, la camarilla antipopular del Kuomintang y, en el exterior,
los reaccionarios con aspiraciones imperialistas. Este
es un aspecto del asunto, que debemos tener en cuenta.
Pero,
de otro lado, la misma situación en su conjunto y el análisis
arriba hecho de las condiciones internacionales e internas nos
infunden mayor confianza y coraje en nuestra lucha por la
segunda posibilidad o perspectiva. Esta posibilidad o perspectiva
significa vencer todas las dificultades, unir a todo el pueblo,
abolir la dictadura fascista del Kuomintang, introducir las reformas
democráticas, consolidar y aumentar las fuerzas antijaponesas,
derrotar definitivamente a los agresores japoneses y construir una
nueva China, independiente, libre, democrática, unificada, próspera
y poderosa. Quienes abrigan la esperanza de que esta posibilidad o
perspectiva se haga realidad en China son, en el interior, las
amplias masas populares, el Partido Comunista y los otros partidos y
grupos democráticos y, en el exterior, todas las naciones que nos
tratan en pie de igualdad, los progresistas y las masas populares.
Tenemos
clara conciencia de que ante nosotros y ante todo el pueblo chino se
yerguen todavía grandes dificultades y numerosos obstáculos, y de
que aún nos queda un largo y sinuoso camino por
pág.
232
recorrer.
Pero también tenemos clara conciencia de que, junto con todo el
pueblo, podremos superar todas las dificultades y obstáculos y
cumplir la misión que la historia ha encomendado a China. Luchar
con todas nuestras fuerzas para conjurar la primera posibilidad y
materializar la segunda, para hacer imposible la primera perspectiva
y realizar la segunda: ésta es la gran tarea que nosotros mismos y
todo el pueblo tenemos por delante. Tanto la situación
internacional como la nacional son esencialmente favorables para
nosotros y nuestro pueblo. Esto ya lo he dejado bien en claro más
arriba. Esperamos que, teniendo en cuenta la tendencia general de
los acontecimientos en el mundo y la voluntad del pueblo chino, las
autoridades kuomintanistas se decidan a cambiar su actual política
errónea, a fin de facilitar la victoria en la Guerra de Resistencia
contra el Japón, aliviar los sufrimientos del pueblo chino y
acelerar el nacimiento de una nueva China. Debe
comprenderse que, por sinuoso que sea el camino, el pueblo chino ha
de cumplir su misión de conquistar la independencia y la
liberación, y que ha llegado el momento para ello. Las grandes
aspiraciones por las cuales, durante más de cien años, han dado su
vida innumerables mártires, serán hechas realidad por nuestra
generación; y esto nadie podrá impedirlo.
IV. LA
POLITICA DEL PARTIDO
COMUNISTA DE CHINA
Acabo
de analizar las dos líneas en la Guerra de Resistencia de China.
Este análisis era absolutamente necesario, pues hasta el momento
muchos chinos siguen sin saber lo que realmente pasa en esta Guerra.
Con su política de bloqueo, el gobierno del Kuomintang ha ocultado
la verdad a mucha gente en las regiones bajo su dominación y en el
exterior, donde apenas se sabía nada de las regiones liberadas de
China antes de la visita realizada a ellas en 1944 por un grupo de
periodistas chinos y extranjeros. No bien se marchó este grupo de
periodistas, el gobierno del Kuomintang, muy temeroso de que se
conociese la situación real de las regiones liberadas, cerró el
acceso a ellas y no ha permitido a ningún otro periodista
visitarlas. Del mismo modo, impide que se conozca la situación real
de sus propias regiones. En consecuencia, estimo que tenemos la
responsabilidad de hacer conocer por todos los medios la verdad
sobre los "dos tipos
pág.
233
de
regiones". Sólo una clara
noción de la situación global de China permite entender por qué
son tan diferentes las políticas de los dos mayores partidos del
país, el Partido Comunista y el Kuomintang, y por qué hay una
lucha tal entre las dos líneas. únicamente así se puede
comprender que la polémica entre ambos partidos no es, como afirman
algunos, una polémica innecesaria, sin importancia, y aún menos
una simple rencilla, sino una polémica de principios de la cual
depende la existencia misma de centenares de millones de personas.
En
la actual grave situación en que se encuentra nuestra patria, el
pueblo, todos los partidos y grupos democráticos y los demócratas
del país, así como cuantos en el extranjero se preocupan por lo
que pasa en China, esperan que en ella la desunión ceda de nuevo su
puesto a la unidad y se introduzcan las reformas democráticas;
todos quieren conocer la política que el Partido Comunista de China
propugna para solucionar los numerosos problemas vitales de la
actualidad. Los miembros de nuestro Partido, como es natural,
sienten una preocupación aún mayor por todo ello.
Nuestra
política de frente único nacional antijaponés ha sido siempre
inequívoca y ha soportado la prueba de ocho años de guerra. El
presente Congreso debe sacar las conclusiones correspondientes, que
nos servirán de guía en nuestra lucha futura.
Me
detendré a continuación en algunas conclusiones definitivas a las
que ha llegado nuestro Partido a propósito de los aspectos
importantes de nuestra política para solucionar los problemas de
China.
NUESTRO
PROGRAMA GENERAL
A
fin de movilizar y unificar a todas las fuerzas antijaponesas del
pueblo chino para aplastar definitivamente a los agresores japoneses
y construir una nueva China, independiente, libre, democrática,
unificada, próspera y poderosa, nuestro pueblo, el Partido
Comunista y todos los partidos y grupos democráticos antijaponeses
necesitan perentoriamente un programa común, acordado por todos.
Tal
programa puede ser dividido en dos partes: un programa general y
otro concreto. Comencemos por el programa general, para pasar
después al concreto.
Sentada
la exigencia general de aplastar definitivamente a los agresores
japoneses y construir una nueva
China, los comunistas nos identificamos, en la actual etapa de
desarrollo de China, con la abru-
pág.
234
madora
mayoría de la población en los
siguientes puntos esenciales: Primero, el régimen estatal de
China no debe ser un régimen feudal, fascista y antipopular, de
dictadura de los grandes terratenientes y la gran burguesía, ya que
los dieciocho años de dominación de la principal camarilla
gobernante del Kuomintang han demostrado la total bancarrota de
semejante régimen antipopular. Segundo, no se puede, y por
consiguiente no se debe intentar, establecer en nuestro país un
Estado de dictadura democrática de viejo tipo, ejercida
exclusivamente por la burguesía nacional, ya que, en China, por una
parte, esta clase se ha mostrado muy débil tanto económica como
políticamente, y, por la otra, ha surgido hace mucho un nuevo
factor: el proletariado consciente, que, con el Partido Comunista
como jefe, ha demostrado su gran capacidad en el escenario político
chino y asumido la dirección de las amplias masas del campesinado,
la pequeña burguesía urbana, la intelectualidad y otros elementos
democráticos. Tercero, es igualmente imposible para el pueblo chino
implantar un régimen estatal socialista en la presente etapa de
desarrollo del país, cuando su misión sigue siendo combatir la
opresión extranjera y la feudal y todavía no se presentan las
condiciones socio-económicas que requiere tal régimen.
¿Qué
es entonces lo que preconizamos? El establecimiento, tras la
completa derrota de los agresores japoneses, de un régimen estatal
de frente único, de alianza democrática, basado en la abrumadora
mayoría de la población y dirigido por la clase obrera, un régimen
que llamamos de nueva democracia.
Este
es un régimen estatal que se ajusta realmente a las demandas de la
mayoría aplastante de la población china, ya que se ha ganado o
puede ganarse la aprobación, primero, de los millones de obreros
industriales y de las decenas de millones de obreros artesanos y
asalariados agrícolas; segundo, del campesinado, que constituye el
80 por ciento de la población china, o sea, 360 millones sobre un
total de 450 millones de habitantes, y, tercero, de la pequeña
burguesía urbana, la burguesía nacional, los shenshi sensatos
y otros patriotas.
Naturalmente,
entre estas clases no dejarán de existir contradicciones, siendo
una de las más evidentes la contradicción entre el trabajo y el
capital. Por lo tanto, cada una de estas clases tendrá demandas
propias. Sería una hipocresía y un error negar la existencia de
esas contradicciones y demandas. Pero, a lo largo de toda la etapa
de nueva democracia, esas contradicciones y demandas no pueden ni
deben prevalecer sobre las demandas comunes. Podrán ser reajus-
pág.
235
tadas,
lo que permitirá a esas clases realizar conjuntamente la
construcción política, económica y cultural del Estado de nueva
democracia.
La
política de nueva democracia, que preconizamos, consiste en
derrocar la opresión extranjera y liquidar la opresión interior
feudal y fascista, para luego establecer un régimen político de
frente único de todas las clases democráticas, y no uno de vieja
democracia. Lo que preconizamos coincide plenamente con las tesis
revolucionarias del Dr. Sun Yat-sen, quien escribía en el
"Manifiesto del I Congreso Nacional del Kuomintang":
"En
los Estados modernos, el llamado sistema democrático está en
general monopolizado por la burguesía y se ha convertido
simplemente en un instrumento de opresión contra la gente
sencilla. En cambio, según el Principio de la Democracia sostenido
por el Kuomintang, el sistema democrático es un bien común de
toda la gente sencilla y no se permite que sea propiedad exclusiva
de unos pocos."
Este
es un gran precepto político del Dr. Sun Yat-sen. El pueblo chino,
el Partido Comunista de China y todos los demás demócratas deben
acatarlo, ponerlo resueltamente en práctica y luchar con decisión
contra cualquier individuo o grupo que lo viole o se oponga a él;
así defenderán y desarrollarán este principio político de nueva
democracia, que es perfectamente correcto.
En
cuanto a la organización del Poder de nueva democracia, debe
aplicarse el centralismo democrático, siendo las asambleas
populares en los diversos niveles las que determinarán la
orientación política general y elegirán los respectivos
gobiernos. Este sistema será democrático y al mismo tiempo
centralizado, o sea, centralizado sobre una base democrática y
democrático bajo una dirección centralizada. Sólo tal sistema
permite hacer efectiva una amplia democracia invistiendo de plenos
poderes a las asambleas populares en los diversos niveles; por otra
parte, permite administrar en forma centralizada los asuntos
estatales dando a los gobiernos en los diversos niveles la
posibilidad de administrar en forma centralizada todos los asuntos
que les encomienden las respectivas asambleas populares, así corno
de salvaguardar cuanto sea esencial para la vida democrática del
pueblo.
El
ejército y demás fuerzas armadas constituirán una parte
importante del aparato del Poder estatal de nueva democracia, pues
sin ellos no se podría defender el Estado. Todas las fuerzas
armadas del Estado de nueva democracia, lo mismo que el resto del
aparato del
pág.
236
Poder,
pertenecerán al pueblo y lo defenderán; no tendrán nada en común
con los ejércitos, las fuerzas policiales, etc., de viejo tipo, que
pertenecen a una minoría y oprimen al pueblo.
La
economía de nueva democracia, que propugnamos, también concuerda
con los principios del Dr. Sun Yat-sen. Por lo que respecta a la
cuestión agraria, el Dr. Sun preconizaba "La tierra para el
que la trabaja". En lo referente a la cuestión de la industria
y el comercio, planteaba en el Manifiesto arriba citado:
"Todas
las empresas, pertenecientes a chinos o extranjeros, que fueren de
carácter monopolista o demasiado grandes para la administración
privada, tales como bancos, ferrocarriles y líneas aéreas, serán
administradas por el Estado, con el fin de que el capital privado
no pueda dominar la vida material del pueblo; éste es el sentido
fundamental de la limitación del capital."
En
la etapa actual, estamos completamente de acuerdo con estos
planteamientos del Dr. Sun sobre los problemas económicos.
Hay
quienes sospechan que los comunistas chinos nos oponemos al
desarrollo de la iniciativa individual, al desarrollo del capital
privado y a la protección de la propiedad privada; pero están
equivocados. Son la opresión extranjera y la feudal las que
obstaculizan sin piedad el desarrollo de la iniciativa individual
del pueblo chino, obstruyen el desarrollo del capital privado y
destruyen la propiedad de las amplias masas populares. La misión
del sistema de nueva democracia, que preconizamos, consiste
precisamente en eliminar esos obstáculos y detener esa destrucción,
garantizar a las amplias masas populares la posibilidad de
desarrollar libremente su iniciativa individual dentro de los marcos
de la vida en la sociedad, garantizar el libre desarrollo de una
economía privada capitalista que no pueda "dominar la vida
material del pueblo", sino que la beneficie, y proteger toda
propiedad privada legítimamente adquirida.
De
conformidad con los principios del Dr. Sun y con la experiencia de
la revolución china, la economía china en la etapa actual debe
estar integrada por tres sectores: el del Estado, el privado y el
cooperativo. Pero el Estado al que nos referimos aquí no debe ser,
en absoluto, "propiedad exclusiva de unos pocos", sino
forzosamente un Estado de nueva democracia, Estado que sea "un
bien común de toda la gente sencilla", bajo la dirección del
proletariado.
La
cultura de nueva democracia debe ser, asimismo, "un bien "
común de toda la gente sencilla, es decir, una cultura nacional,
cien-
pág.
237
tífica
y de masas, y de ningún modo una cultura que sea "propiedad
exclusiva de unos pocos".
Todo
lo dicho constituye el programa general o fundamental que los
comunistas postulamos para la presente etapa, para toda la etapa de
la revolución democrático-burguesa. Es nuestro programa mínimo
con relación a nuestro programa futuro o máximo, que prevé la
implantación del socialismo y del comunismo. La realización de
dicho programa permitirá a China dar un paso adelante, esto es,
pasar de su actual condición de país y sociedad colonial,
semicolonial y semifeudal, a ser un país y sociedad de nueva
democracia.
La
hegemonía política del proletariado, así como el sector estatal y
el cooperativo de la economía, dirigidos por él, todo ello
previsto en nuestro programa, son elementos de socialismo. No
obstante, la realización de este programa no hará todavía de
China una sociedad socialista.
Los
comunistas nunca ocultamos nuestras aspiraciones políticas. Nuestro
programa futuro o máximo es llevar a China a la sociedad socialista
y a la comunista. Esto es definitivo y no admite duda. El nombre de
nuestro Partido y nuestra concepción marxista del mundo indican de
manera inequívoca este supremo ideal para el futuro, infinitamente
bello y luminoso. Al ingresar en el Partido, todo comunista tiene
presentes dos objetivos claramente definidos: la revolución de
nueva democracia, en la actualidad, y el socialismo y el comunismo,
en el futuro; y por estos objetivos luchará a pesar de la
hostilidad, las calumnias, las injurias y las befas, estúpidas y
abyectas, de los enemigos del comunismo, las cuales debemos combatir
resueltamente. En cuanto a los incrédulos bienintencionados,
no debemos atacarlos, sino explicarles las cosas con buena voluntad
y paciencia. Todo esto es sumamente claro, definitivo, y no admite
equívocos.
Pero,
en China, todo comunista, así como todo simpatizante del comunismo,
debe luchar por el objetivo de la etapa actual, luchar contra la
opresión extranjera y la feudal, por liberar al pueblo chino de su
trágica condición colonial, semicolonial y semifeudal, y por crear
una China de nueva democracia dirigida por el proletariado, cuya
tarea principal es la emancipación del campesinado, una China de
los Tres Principios del Pueblo revolucionarios del Dr. Sun Yat-sen,
una China independiente, libre, democrática, unificada, próspera y
poderosa. Esto es lo que en efecto hemos venido haciendo; los
pág.
238
comunistas,
junto con las amplias masas populares de China, ya llevamos
veinticuatro años de lucha heroica por este objetivo.
Si
un comunista o simpatizante del comunismo no lucha por dicho
objetivo, o si, menospreciando la revolución democrático-burguesa,
reduce o debilita aunque sea un poco sus esfuerzos, flaquea un tanto
en su devoción y celo por esta causa o no está dispuesto a dar por
ella su sangre y su vida, contentándose con disertar sobre
socialismo y comunismo, estará traicionando consciente o
inconscientemente, en mayor o menor medida, al socialismo y al
comunismo, y no será un combatiente consciente y leal del
comunismo. Es una ley marxista el que
sólo se pueda llegar al socialismo pasando por la etapa de la
democracia. En el caso de China, la lucha por la democracia
seguirá aún por mucho tiempo. Sería
pura quimera tratar de construir una sociedad socialista
sobre las ruinas del orden colonial, semicolonial y semifeudal, sin
un Estado unificado de nueva democracia, sin el desenvolvimiento del
sector estatal de la economía de nueva democracia, sin el
desarrollo del sector privado capitalista y del sector cooperativo,
sin el desarrollo de una cultura nacional, científica y de masas -
la cultura de nueva democracia -, sin la liberación y el desarrollo
de la iniciativa individual de los centenares de millones de seres
del pueblo, en una palabra, sin
una consecuente revolución democrático-burguesa de nuevo tipo,
dirigida por el Partido Comunista.
Hay
quienes no entienden por qué los comunistas, lejos de temer el
capitalismo, abogamos por su desarrollo en determinadas condiciones.
Nuestra respuesta es sencilla: La sustitución de la opresión del
imperialismo extranjero y del feudalismo interno por un cierto
desarrollo del capitalismo no sólo es un progreso, sino también un
proceso inevitable. Esto no sólo será beneficioso para la
burguesía, sino al mismo tiempo, y quizás en mayor medida, para el
proletariado. Lo que le sobra a la China de hoy es el imperialismo
extranjero y el feudalismo interno, y no el capitalismo nacional;
por el contrario, hay en nuestro país demasiado poco capitalismo.
Cosa extraña, algunos voceros de la burguesía china no se atreven
a preconizar directamente el desarrollo del capitalismo, sino que
recurren a rodeos para hablar del problema. Otra gente llega hasta
negar categóricamente la necesidad de un determinado desarrollo del
capitalismo en China y predica que se puede pasar de buenas a
primeras a la sociedad socialista y hacer realidad "de un solo
golpe" los Tres Principios del Pueblo y el socialismo. Es obvio
que estos fenómenos son, en un caso, reflejo de la debilidad de la
burguesía nacional china, y en
pág.
239
el
otro, demagogia de los grandes terratenientes y la gran burguesía
para engañar al pueblo. Basándonos en nuestro conocimiento
marxista de las leyes del desarrollo social, los comunistas tenemos
clara conciencia de que en China, bajo un régimen estatal de nueva
democracia, además de desarrollar la economía estatal, la economía
individual de los trabajadores y su economía cooperativa, es
necesario, en interés del progreso social, facilitar el desarrollo
de la economía privada capitalista, siempre que no domine la vida
material del pueblo. Los
comunistas chinos tenemos suficiente discernimiento como para no
dejarnos desorientar por charlas huecas ni trampas.
Hay
quienes dudan de la sinceridad de los comunistas cuando afirmamos
que "siendo los Tres Principios del Pueblo [. . .] lo que China
necesita hoy, nuestro Partido está dispuesto a luchar por su
completa realización". Esta duda proviene de su incomprensión
del hecho de que los postulados fundamentales de los Tres Principios
del Pueblo, interpretados en 1924 por el Dr. Sun Yat-sen en el
"Manifiesto del I Congreso Nacional del Kuomintang" y
aceptados por nosotros, coinciden con ciertos principios
fundamentales del programa de nuestro Partido para la etapa actual,
o sea, de nuestro programa mínimo. Debe señalarse que estos Tres
Principios del Pueblo del Dr. Sun coinciden con el programa de
nuestro Partido para la presente etapa sólo en ciertos puntos
básicos, y no en todo. El
programa de nueva democracia de nuestro Partido es, desde luego,
mucho más completo que los Tres Principios del Pueblo del Dr. Sun;
sobre todo, con el desarrollo de la revolución china en los veinte
años transcurridos desde la muerte del Dr. Sun, la teoría, el
programa y la práctica de nueva democracia de nuestro Partido se
han desarrollado grandemente, y en adelante experimentarán un
desarrollo aún mayor. Sin embargo, por su esencia, estos
Tres Principios del Pueblo del Dr. Sun, distintos de los viejos Tres
Principios del Pueblo, constituyen un programa de nueva democracia
y, naturalmente, son "lo que China necesita hoy" y
"nuestro Partido está dispuesto a luchar por su completa
realización". Para los comunistas chinos, luchar por el
programa mínimo de nuestro Partido y luchar por los Tres Principios
del Pueblo revolucionarios, o sea, por los nuevos Tres Principios
del Pueblo del Dr. Sun, es, en lo fundamental (no en todos los
aspectos), una y la misma cosa. Por ello, el pasado y el presente
demuestran, y el futuro lo seguirá demostrando, que los comunistas
chinos somos más sinceros y consecuentes que nadie en llevar a la
práctica los Tres Principios del Pueblo revolucionarios.
pág.
240
Hay
quienes se preguntan si los comunistas chinos, una vez en el Poder,
no implantarán una dictadura del proletariado y un gobierno
unipartidista, siguiendo el ejemplo de Rusia. Nuestra respuesta es
que un Estado de nueva democracia, basado en la alianza de las
diversas clases democráticas, es por principio distinto de un
Estado socialista de dictadura del proletariado. Está fuera de duda
que el régimen de nueva democracia, que preconizamos, se erigirá
bajo la dirección del proletariado, bajo la dirección del Partido
Comunista; no obstante, a lo largo de la etapa de la nueva
democracia, no puede y, por lo tanto, no debe haber en China una
dictadura de una sola clase ni un gobierno de un solo partido.
No tenemos motivo para negarnos a cooperar con cualquier partido
político, grupo social o individuo que adopte hacia el Partido
Comunista una actitud de cooperación y no de hostilidad. Fue la
historia de Rusia la que dio forma al sistema ruso. Allí ha sido
abolido el sistema social de explotación del hombre por el hombre y
puesto en práctica un sistema político, económico y cultural del
tipo más moderno de democracia: el socialista; el pueblo ha
repudiado a todos los partidos políticos antisocialistas y apoya
solamente al Partido bolchevique. Esto ha dado forma a la situación
existente en Rusia, lo que para el pueblo ruso es del todo necesario
y justificado. Pero hasta en ese país, donde no hay otro partido
político que el Partido bolchevique, el sistema adoptado en los
órganos del Poder también es el de la alianza de los obreros,
campesinos e intelectuales, o sea, el del bloque de los comunistas y
los sin partido, y no un sistema que sólo admita en los órganos
del Poder a los miembros de la clase obrera o del Partido
bolchevique. En cuanto a China, es la actual etapa de su historia la
que está dando forma al sistema chino para esta etapa. Por
un largo período existirá en China una forma particular de Estado
y de Poder, distinta del sistema ruso pero perfectamente necesaria y
justificada para nosotros, esto es, la forma de Estado y de Poder de
nueva democracia, basada en la alianza de las diversas clases
democráticas.
NUESTRO
PROGRAMA CONCRETO
Sobre
la base del programa general arriba delineado, nuestro Partido debe
tener asimismo un programa concreto para cada período.
Nuestro programa general de nueva democracia ha permanecido y
permanecerá inalterado a lo largo de toda la etapa de la revolución
pág.
241
democrático-burguesa,
es decir, durante varias décadas. Pero
dado que la situación cambia en las diversas fases de esta etapa,
no podemos dejar de introducir, como es natural, los cambios
correspondientes en nuestro programa concreto. Por ejemplo,
durante la Expedición al Norte, la Guerra Revolucionaria Agraria y
la Guerra de Resistencia contra el Japón, ha permanecido sin cambio
nuestro programa general de nueva democracia, pero
sí ha habido cambios en nuestro programa concreto, porque se han
producido cambios en el campo de nuestros enemigos y en las filas de
nuestros amigos durante esos tres períodos.
Actualmente,
el pueblo chino se encuentra ante
la siguiente situación:
1) los
agresores japoneses aún no han sido derrotados;
2) el pueblo chino necesita con urgencia trabajar
conjuntamente por un cambio democrático, con el fin de lograr la
unidad nacional, y movilizar y unificar rápidamente a todas las
fuerzas antijaponesas para derrotar a los agresores japoneses en
coordinación con los países aliados;
3) el
gobierno del Kuomintang está quebrantando la unidad nacional e
impidiendo este cambio democrático.
En
tales circunstancias, ¿cuál es nuestro programa concreto o, en
otros términos, cuáles son las demandas inmediatas del pueblo
chino.
Consideramos
que son adecuadas y constituyen un mínimo las demandas siguientes:
Movilizar
todas las fuerzas y, en coordinación con los países aliados,
derrotar definitivamente a los agresores japoneses y establecer la
paz internacional;
Abolir la dictadura
unipartidista del Kuomintang y formar un gobierno democrático de
coalición y un mando supremo conjunto;
Castigar a los elementos projaponeses, los fascistas y los
derrotistas, que quebrantan la unidad nacional y se oponen al
pueblo, para forjar la unidad nacional;
Castigar a los reaccionarios que crean la crisis de una guerra
civil, a fin de asegurar la paz interior;
Castigar a los colaboracionistas, emprender expediciones punitivas
contra los oficiales que se han pasado al enemigo, y castigar a los
espías a sueldo del Japón;
pág.
242
Suprimir
todos los servicios secretos, instrumentos reaccionarios de
represión contra el pueblo, poner fin a toda actividad relacionada
con ellos y eliminar los campos de concentración;
Revocar todas las leyes y decretos reaccionarios y atentatorios
contra las libertades del pueblo: libertades de palabra, prensa,
reunión, asociación, pensamiento y fe, y contra la inviolabilidad
de la persona, a fin de garantizar plenas libertades y derechos al
pueblo;
Reconocer la legalidad de todos los
partidos y grupos democráticos;
Poner en
libertad a todos los presos políticos patriotas; Retirar todas las
tropas que rodean y atacan las regiones liberadas de China y
despacharlas al frente de la Guerra de Resistencia;
Reconocer a todas las fuerzas armadas antijaponesas de las regiones
liberadas y a los gobiernos de estas regiones, elegidos por el
pueblo;
Consolidar y expandir las regiones
liberadas y sus fuerzas armadas, y recuperar todo el territorio
perdido;
Ayudar al pueblo de las regiones
ocupadas por el Japón a organizar fuerzas armadas clandestinas en
preparación de levantamientos armados;
Permitir que el pueblo se arme a sí mismo para defender patria y
hogar;
Transformar en los terrenos político y
militar a las fuerzas armadas directamente bajo las órdenes del
mando supremo del Kuomintang, las cuales no dejan de perder
batallas, de oprimir al pueblo ni de discriminar a las demás
tropas, y castigar a los generales responsables de las desastrosas
derrotas sufridas;
Mejorar el sistema de
reclutamiento y las condiciones de vida de oficiales y soldados;
Preocuparse por las familias de los combatientes de la
Guerra de Resistencia, de modo que los oficiales y soldados en el
frente puedan combatir libres de inquietudes familiares;
Preocuparse por las familias de los combatientes que han
entregado su vida por la patria, así como por los soldados
inválidos, y ayudar a los desmovilizados a encontrar medios de
vida y trabajo;
Desarrollar la industria de
guerra en interés de la Resistencia;
pág.
243
Distribuir
equitativamente entre todas las fuerzas armadas antijaponesas el
armamento y la ayuda financiera proporcionados por los países
aliados;
Castigar a los funcionarios corruptos
y asegurar una administración íntegra;
Mejorar las condiciones materiales de los empleados públicos de
niveles medio e inferior;
Dar al pueblo chino
los derechos democráticos;
Abolir el sistema
de pao
y chia[4],
que sirve para oprimir al pueblo;
Socorrer a
los refugiados de guerra y a las víctimas de las calamidades
naturales;
Crear un fondo sustancial para
auxiliar ampliamente a las víctimas de la ocupación japonesa una
vez recuperado el territorio perdido;
Abolir
los múltiples impuestos y contribuciones exorbitantes y establecer
un sistema único de impuestos progresivos;
Efectuar reformas en el agro, reducir los arriendos y los
intereses, proteger en forma apropiada los derechos del
arrendatario, conceder préstamos a bajo interés a los campesinos
necesitados y ayudar a los campesinos a organizarse, para facilitar
el desarrollo de la producción agrícola;
Proscribir el capital burocrático;
Poner fin a
la actual política de controles económicos; Detener la
desenfrenada inflación y el alza vertiginosa de los precios;
Ayudar a la industria privada ofreciéndole facilidades para
la obtención de créditos, la adquisición de materias primas y la
venta de sus productos;
Mejorar las condiciones
de vida de los obreros, prestar socorro a los desempleados y ayudar
a los obreros a organizarse, para facilitar el desarrollo de la
producción industrial;
Poner fin al
adoctrinamiento kuomintanista[5]
en la instrucción pública y promover una cultura y una enseñanza
nacionales, científicas y de masas;
Garantizar
la vida material del personal docente y administrativo de los
centros de enseñanza y la libertad académica;
Proteger
los intereses de la juventud, la mujer y la infancia y prestar
ayuda a los jóvenes que se han visto obligados a in-
pág.
244
terrumpir
sus estudios, ayudar a los jóvenes y las mujeres a organizarse
para participar, en pie de igualdad con los demás, en todas las
actividades que contribuyan a la Guerra de Resistencia y al
progreso social, asegurar la libertad de matrimonio y la igualdad
de sexos, e impartir a los jóvenes y niños una educación útil;
Mejorar la
situación de las minorías nacionales y reconocer su derecho a la
autonomía;
Proteger los intereses de
los chinos de ultramar y proporcionar ayuda a los que regresen a la
patria;
Proteger a los extranjeros que se
refugien en China para escapar de la opresión japonesa, y
apoyarlos en su lucha contra el agresor japonés;
Mejorar las relaciones chino-soviéticas.
Para
hacer realidad todas estas demandas, es de la mayor importancia
abolir inmediatamente la dictadura unipartidista del Kuomintang y
establecer un gobierno central provisional democrático de coalición
que goce del apoyo de toda la nación y en el que participen los
representantes de todos los partidos y grupos antijaponeses, así
como personalidades sin partido. A menos que se cumpla este
requisito, será imposible ejecutar en escala nacional, vale decir,
en las regiones dominadas por el Kuomintang, ninguna reforma más o
menos seria.
Todas
estas demandas son la voz de las grandes masas populares de China y
también de amplios sectores de la opinión pública democrática en
los países aliados.
Es
completamente indispensable un programa concreto mínimo acordado
por todos los partidos y grupos democráticos antijaponeses; estamos
dispuestos a celebrar consultas con ellos sobre la base del programa
arriba señalado. Cada partido puede tener sus propias demandas,
pero todos debemos convenir en un programa común.
En
las regiones dominadas por el Kuomintang, un programa así es por
ahora nada más que una exigencia; en las regiones ocupadas por el
Japón, a excepción del punto relativo a la organización de
fuerzas armadas clandestinas en preparación de levantamientos
armados, éste es un programa que podrá llevarse a la práctica
sólo después de la recuperación de dichas regiones; en las
regiones liberadas, este programa se viene aplicando desde hace
tiempo y debe seguir aplicándose en el futuro.
Las
antecitadas demandas inmediatas o programa concreto del pueblo
chino, tocan muchos problemas vitales del período de la gue-
pág.
245
rra
y de la postguerra, que requieren aquí una explicación. Al
explicarlos, criticaremos algunos de los erróneos puntos de vista
de la principal camarilla gobernante del Kuomintang y, al mismo
tiempo, aclararemos algunas cuestiones planteadas por otras
personas.
1. Aplastar
definitivamente a los agresores japoneses,
sin permitir ningún
compromiso a medio camino
La
Conferencia de El Cairo[6]
tomó la decisión de imponer a los agresores japoneses la rendición
incondicional. La decisión es correcta. Pero ahora éstos andan
haciendo gestiones entre bastidores en un intento de lograr una paz
de compromiso; mientras tanto, los elementos projaponeses en el
gobierno kuomintanista coquetean con emisarios secretos del Japón,
actuando el gobierno títere de Nankín como intermediario, sin que
a esto se le haya puesto freno. De ahí que el peligro de un
compromiso a medio camino aún no haya sido del todo superado.
Igualmente, la Conferencia de El Cairo hizo bien en decidir la
restitución a China de las cuatro provincias del Nordeste, de
Taiwán y de las islas Pengju. Sin embargo, dada la política
presente del gobierno del Kuomintang, es imposible confiar en él
para combatir hasta el río Yalu y recobrar todo el territorio
perdido. En estas circunstancias, ¿qué debe hacer el pueblo chino?
Exigir al gobierno del Kuomintang el aplastamiento definitivo de los
agresores japoneses y no permitir ningún compromiso a medio camino.
Hay que acabar inmediatamente con toda intriga tendiente a un
compromiso. El pueblo chino debe exigir al gobierno kuomintanista
que renuncie a su actual política de resistencia pasiva y vuelque
toda su fuerza militar en una guerra activa contra el Japón. El
pueblo chino no debe apoyarse pura y simplemente en el Kuomintang,
sino acrecentar sus propias fuerzas armadas -- el VIII Ejército, el
Nuevo 4.ƒ Cuerpo de Ejército y las demás fuerzas armadas
populares --, y organizar por su cuenta y ampliamente fuerzas
armadas antijaponesas en todos los lugares adonde ha Llegado el
enemigo, a fin de recuperar, en coordinación directa con las
operaciones de los países aliados, todo el territorio perdido.
Vencer a los agresores japoneses es un derecho sagrado del pueblo
chino. En caso de que los reaccionarios intenten privarlo de este
derecho, reprimir sus actividades antijaponesas o minar sus fuerzas
antijaponesas, el pueblo chino deberá, si resulta inútil la
persuasión, contraatacar con decisión en legítima de-
pág.
246
fensa,
pues tales actos reaccionarios, de traición a los intereses de la
nación, no significarán otra cosa que ayudar a los agresores
japoneses.
2. Abolir
la dictadura unipartidista del Kuomintang y
establecer un
gobierno democrático de coalición
Para
aplastar definitivamente a los agresores japoneses, se hace
necesario efectuar las reformas democráticas en todo el país, pero
esto no es posible sin abolir la dictadura unipartidista del
Kuomintang y establecer un gobierno democrático de coalición.
La
dictadura unipartidista del Kuomintang es, en realidad, la dictadura
de la camarilla antipopular de dicho partido; es ella la saboteadora
de la unidad nacional china, la responsable de las derrotas en la
Guerra de Resistencia en el frente del Kuomintang y el principal
obstáculo para la movilización y unificación de las fuerzas
antijaponesas del pueblo chino. Por su amarga experiencia en ocho
años de guerra antijaponesa, el pueblo chino conoce ya
profundamente lo criminal que es esta dictadura y, como es natural,
reclama su inmediata abolición. Esta dictadura antipopular es
también la siniestra engendradora de la guerra civil, cuyas
trágicas calamidades volverán a abatirse sobre el pueblo a menos
que aquélla sea abolida inmediatamente.
La
voz del pueblo chino, que reclama la abolición de dicha dictadura
antipopular, se ha alzado con tal amplitud y vigor que hasta las
mismas autoridades kuomintanistas se han visto obligadas a admitir
públicamente la necesidad de "poner fin antes del plazo
previsto al régimen de tutela", hecho que demuestra cuán
impopular y desacreditado ha llegado a ser este "régimen de
tutela" o "dictadura unipartidista". Ya no queda en
China nadie que se atreva a hablar bien de este "régimen de
tutela" o "dictadura unipartidista", y a afirmar que
no se deba abolirlo o "ponerle fin"; esto supone un gran
cambio en la situación.
Ha
quedado definitivamente sentada la necesidad de "ponerle fin";
sobre esto ya no cabe ninguna duda. Pero ¿cómo hacerlo? Aquí
difieren las opiniones. Unos dicen: Hay que ponerle fin
inmediatamente y establecer un gobierno provisional democrático de
coalición. Otros dicen: Hay que esperar un poco; se convocará la
"Asamblea Nacional" y entonces se ha de "devolver el
Poder al pueblo", pero no será entregado a un gobierno de
coalición.
pág.
247
¿Qué
quiere decir todo esto?
Se
trata de dos maneras de proceder: la sincera y la hipócrita.
Primero,
la manera sincera. Consiste en proclamar sin demora la abolición de
la dictadura unipartidista del Kuomintang, instaurar un gobierno
central provisional compuesto por representantes del Kuomintang, del
Partido Comunista y de la Liga Democrática, así como por
personalidades sin partido, y promulgar un programa político
democrático conforme a las demandas inmediatas del pueblo chino,
que acabarnos de exponer, a fin de restablecer la unidad nacional y
derrotar a los agresores japoneses. Conviene, para examinar estas
cuestiones, convocar una conferencia de mesa redonda en que
participen representantes de los diversos partidos y grupos
políticos y personalidades sin partido, de modo que se llegue a un
acuerdo y se pongan manos a la obra. Esta es la política de unidad,
que sostiene firmemente el pueblo chino.
Segundo,
la manera hipócrita. Consiste en convocar arbitrariamente, pasando
por alto las demandas de las grandes masas populares y de todos los
partidos y grupos democráticos, una "Asamblea Nacional"
acaparada por la camarilla antipopular del Kuomintang, en la que se
adopte una "constitución" que en realidad mantenga la
dictadura y se oponga a la democracia, para vestir con ropaje de
legalidad al ilegal "Gobierno Nacional", gobierno
designado en privado por unas decenas de kuomintanistas, que en modo
alguno se basa en la voluntad del pueblo, sino que ha sido impuesto
a éste por la fuerza; así, fingiendo "devolver el Poder al
pueblo", en realidad no se hará más que "devolver el
Poder" a la misma camarilla antipopular del Kuomintang. Todo el
que desapruebe esto será acusado de atentar contra la "democracia"
y la "unificación", y se encontrarán "motivos"
para decretar contra él una expedición punitiva. Esta es una
política de ruptura, a la que se opone firmemente el pueblo chino.
Las
medidas que nuestros héroes antipopulares están por adoptar de
acuerdo con esta política de ruptura, entrañan el peligro de
llevarlos a su propia ruina. Ellos se aprestan a ponerse al cuello
un dogal que jamás podrán desatar; ese dogal se llama "Asamblea
Nacional". Su intención es usar la "Asamblea Nacional"
corno una varita mágica, primero, para impedir la formación de un
gobierno de coalición, segundo, para mantener su régimen
dictatorial, y, tercero, para justificar una guerra civil. Pero la
lógica de la historia es contraria a sus deseos: "levantarán
una piedra sólo para dejarla caer sobre sus propios pies".
pág.
248
Pues
es obvio para todo el mundo que, en las regiones dominadas por el
Kuomintang, el pueblo carece de libertades, que, en las regiones
ocupadas por los invasores japoneses, no se pueden celebrar
elecciones con participación popular, y que las regiones liberadas,
donde el pueblo disfruta de libertades, no son reconocidas por el
gobierno kuomintanista. En tales condiciones, ¿de dónde pueden
provenir los representantes de la nación?, ¿de dónde puede
provenir la "Asamblea Nacional"? La "Asamblea
Nacional" por la que se desgañitan no es otra que la amañada
por el propio gobierno dictatorial del Kuomintang hace ocho años,
durante el período de la guerra civil. Si tal asamblea se reúne,
inevitablemente el pueblo de todo el país se levantará contra
ella. Cabe preguntar: ¿Cómo podrán nuestros héroes antipopulares
salir entonces del apuro? En última instancia, la convocación de
la espuria "Asamblea Nacional" no haría más que
llevarlos a su propia ruina.
Para
poner fin a la dictadura unipartidista del Kuomintang, los
comunistas proponemos dos pasos sucesivos: primero, formar en la
etapa actual, previo acuerdo de los representantes de los diversos
partidos y grupos políticos y personalidades sin partido, un
gobierno provisional de coalición; segundo, en la próxima etapa,
convocar una asamblea nacional por medio de elecciones libres y sin
restricciones, y establecer un gobierno de coalición definitivo. En
resumen, en una y otra etapa se implantará un gobierno de
coalición, que agrupará a los representantes de todas las clases y
partidos políticos que quieran participar en él, con miras a
luchar, siguiendo un programa democrático común, por la
Resistencia en el presente y por la reconstrucción nacional en el
futuro.
Piensen
lo que piensen sobre el particular los kuomintanistas o cualquier
otro partido, grupo o individuo, quiéranlo o no, tengan conciencia
o no de ello, ése es el único camino que China puede seguir. Esta
es una ley de la historia, una tendencia necesaria e inevitable, que
ninguna fuerza puede desviar.
Tanto
en ésta como en cualquier otra cuestión relativa a las reformas
democráticas, los comunistas declaramos: Aunque las autoridades
kuomintanistas se obstinan en su errónea política y se valen de
las negociaciones para ganar tiempo y apaciguar a la opinión
pública, estamos prontos a reanudar las negociaciones con ellas
apenas muestren disposición a renunciar a su errónea política
actual y a realizar las reformas democráticas. Pero las
negociaciones deben basarse en el principio general de resistencia,
unidad y democracia; no podemos
pág.
249
estar
de acuerdo con ninguna medida o plan que se aleje de este principio
general, ni con ninguna otra palabrería, por bonita que suene.
3. Libertad
para el pueblo
En
la actualidad, la lucha del pueblo chino por la libertad está
dirigida, ante todo y sobre todo, contra los agresores japoneses.
Pero el gobierno del Kuomintang mantiene privado de la libertad al
pueblo y lo tiene atado de pies y manos, imposibilitándolo de
luchar contra los agresores japoneses. Sin resolver este problema no
será posible movilizar y unificar a todas las fuerzas antijaponesas
del país. Si hemos planteado en nuestro programa la abolición de
la dictadura unipartidista, la formación de un gobierno de
coalición, la supresión de los servicios secretos, la derogación
de las leyes y decretos atentatorios a las libertades, el castigo de
los colaboracionistas, espías, elementos projaponeses, fascistas y
funcionarios corruptos, la liberación de los presos políticos, el
reconocimiento de la legalidad de todos los partidos y grupos
democráticos, la retirada de las tropas que cercan y atacan las
regiones liberadas, el reconocimiento de las regiones liberadas, la
abolición del sistema de pao y chia, así corno otras
muchas demandas en los terrenos económico y cultural y en lo
relativo a los movimientos de masas, lo hemos hecho justamente con
el propósito de romper los grilletes que encadenan al pueblo y
darle libertad para resistir al Japón, lograr la unidad y
conquistar la democracia.
La
libertad la conquista el pueblo mismo, y no se la otorga nadie como
limosna. En las regiones liberadas de China, el pueblo ya la ha
conquistado, y en el resto del país, también puede y debe hacerlo.
Cuanta más libertad conquiste el pueblo chino y cuanto más
poderosas se hagan las fuerzas democráticas organizadas, tanto
mayor será la posibilidad de instaurar un gobierno provisional
unificado de coalición. Una vez formado, este gobierno dará, a su
vez, plena libertad al pueblo y con ello consolidará sus propios
cimientos. Será entonces cuando se podrá, tras la derrota de los
agresores japoneses, celebrar elecciones libres y sin restricciones
en todo el territorio patrio, instituir una asamblea nacional
democrática y establecer un gobierno unificado de coalición que
sea definitivo. Sin libertad para el pueblo no puede haber ni una
asamblea nacional ni un gobierno auténticamente elegidos por el
pueblo. ¿Acaso no es esto claro?
Las
libertades de palabra, prensa, reunión, asociación, pensamiento y
fe, así como la inviolabilidad de la persona, son las libertades
más
pág.
250
importantes
para el pueblo. En China, sólo las regiones liberadas las han hecho
plena realidad.
En
1925, el Dr. Sun Yat-sen dijo en su Testamento, redactado en su
lecho de muerte:
"Durante
cuarenta años me he dedicado a la causa de la revolución nacional
con el fin de alcanzar la libertad y la igualdad para China. Mi
experiencia de estos cuarenta años me ha convencido profundamente
de que, para lograr este objetivo, debernos despertar a las masas
populares y unirnos en una lucha común con las naciones del mundo
que nos traten en pie de igualdad."
Los
indignos sucesores del Dr. Sun, que lo han traicionado, lejos de
despertar a las masas populares, las oprimen y las privan de toda
libertad de palabra, prensa, reunión, asociación, pensamiento y
fe, así como de la inviolabilidad de la persona; además, tildan de
"partido traidor", "ejército traidor" y
"regiones de traidores" al Partido Comunista, al VIII
Ejército y el Nuevo 4.ƒ Cuerpo de Ejército y a las regiones
liberadas, los cuales se dedican concienzudamente a despertar a las
masas populares y protegen con celo sus libertades y derechos.
Esperamos que pronto se pondrá fin a esta época de trastrueque de
lo justo y lo injusto. De prolongarse esta situación, se agotará
la paciencia del pueblo chino.
4. Unificación
por el pueblo
Con
el fin de aplastar a los agresores japoneses, prevenir una guerra
civil y construir una nueva China, es preciso transformar la China
dividida en una China unificada. Esta es una tarea histórica del
pueblo chino.
Pero
¿de qué tipo de unificación se trata? ¿Unificación despótica,
impuesta por un dictador, o unificación democrática, realizada por
el pueblo? Desde Yuan Shi-kai, los caudillos militares del Norte se
empecinaron en imponer una unificación despótica. Pero, ¿cuál
fue el resultado? Contrariamente a lo que buscaban, lograron la
división en lugar de la unificación, y acabaron por ser
derribados. Siguiendo los pasos de Yuan Shi-kai, la camarilla
antipopular del Kuomintang pretendió una unificación despótica, y
durante diez años enteros se dedicó a la guerra civil, con el
resultado de que franqueó la entrada a los agresores japoneses y
tuvo que retirarse hasta el monte Emei[7].
pág.
251
Y
ahora, desde la cumbre, vuelve a predicar a voz en cuello su teoría
de la unificación despótica. Pero ¿a quién se dirigen sus
prédicas? ¿Puede haber algún chino patriota y honrado que se
preste a escucharlas? Habiendo vivido dieciséis años bajo la
dominación de los caudillos militares del Norte y dieciocho bajo el
yugo dictatorial del Kuomintang, el pueblo chino ha adquirido ya
suficiente experiencia y perspicacia. Está por una unificación
democrática, realizada por las grandes masas populares, y no por
una unificación despótica, impuesta por un dictador. Ya en 1935,
los comunistas formulamos la política de frente único nacional
antijaponés, y desde entonces no hemos cesado ni un solo día de
luchar por tal objetivo. En 1939, cuando el Kuomintang puso en
práctica sus reaccionarias "Medidas para restringir las
actividades de los partidos ajenos", creando así un grave
peligro de capitulación, ruptura y retroceso, y los kuomintanistas
se desgañitaban pregonando su teoría de la unificación despótica,
nosotros declaramos que la unificación debía basarse en la
resistencia y no en la capitulación, en la unidad y no en la
ruptura, en el progreso y no en el retroceso; que sólo ésta podía
ser una unificación genuina, y que cualquiera otra sería falsa[8].
Ya han transcurrido seis años, pero el problema sigue siendo el
mismo.
¿Es
acaso posible la unificación si el pueblo no tiene ni libertad ni
democracia? Tan pronto como las tenga, habrá unificación. El
movimiento del pueblo chino por la libertad, la democracia y un
gobierno de coalición es al mismo tiempo un movimiento por la
unificación. Este es también el objetivo que perseguimos cuando
formulamos en nuestro programa concreto una serie de demandas
exigiendo libertad, democracia y un gobierno de coalición. Sin
abolir la dictadura de la camarilla antipopular del Kuomintang y
establecer un gobierno democrático de coalición, no sólo será
imposible llevar a cabo ninguna reforma democrática en las regiones
dominadas por el Kuomintang y movilizar allí a todos los militares
y civiles para derrotar a los agresores japoneses, sino que
desembocaremos en las trágicas calamidades de una guerra civil.
Esta ya es una verdad elemental para mucha gente. ¿Por qué tantos
demócratas, pertenecientes o no a partidos políticos, entre ellos
muchos del Kuomintang, reclaman unánimemente la instauración de un
gobierno de coalición? Justamente porque han adquirido clara
conciencia de la crisis actual y comprenden que de otra manera será
imposible superarla y lograr la unidad para la lucha contra el
enemigo y para la reconstrucción nacional.
pág.
252
5. Ejército
popular
Sin
un ejército que se mantenga en la posición del pueblo, el pueblo
chino no podrá conseguir la libertad y la unificación, establecer
un gobierno de coalición, derrocar definitivamente a los agresores
japoneses ni construir una nueva China. En la actualidad, las
únicas fuerzas armadas que se mantienen por entero en la posición
del pueblo son los ejércitos, no muy numerosos aún, de las
regiones liberadas, o sea, el VIII Ejército y el Nuevo 4.ƒ Cuerpo
de Ejército. Estas fuerzas están lejos de ser suficientes. Sin
embargo, la camarilla antipopular del Kuomintang se desvive por
socavar y liquidar a las fuerzas armadas de las regiones liberadas.
En 1944, el gobierno del Kuomintang presentó un "memorándum"
al Partido Comunista exigiéndole "suprimir dentro de un plazo
limite" las cuatro quintas partes de estas fuerzas. En 1945,
durante las últimas negociaciones, ha llegado a exigir al Partido
Comunista que se las entregue todas, a cambio de lo cual le
concedería la "legalidad".
Esta
gente dice a los comunistas: Entreguen sus tropas y les concederemos
la libertad. Según su teoría, los partidos que no poseen fuerzas
armadas deberían gozar de libertad. Ahora bien, en 1924-1927, el
Partido Comunista contaba sólo con pequeñas fuerzas armadas; no
obstante, la libertad de que gozaba se desvaneció tan pronto como
el gobierno del Kuomintang comenzó a aplicar su política de
"depuración del partido" y de represión sangrienta. Y
hoy día, la Liga Democrática de China y los demócratas dentro del
Kuomintang no tienen fuerzas armadas, pero tampoco gozan de
libertad. Durante los últimos dieciocho años, en las regiones
dominadas por el gobierno kuomintanista, los obreros, campesinos,
estudiantes y las personas de tendencias progresistas en los medios
culturales, docentes e industriales no han contado con fuerzas
armadas, pero tampoco han gozado de libertad. ¿Acaso se les ha
negado la libertad a estos partidos y grupos democráticos y a estos
sectores de la población porque organizaron ejércitos, practicaron
el "separatismo feudal", crearon "regiones de
traidores" o violaron "órdenes gubernamentales y
militares"? No, de ningún modo. Todo lo contrario, se ven
privados de la libertad precisamente porque no han hecho nada de
eso.
"El
ejército pertenece al Estado." Nada más cierto; no existe en
el mundo un solo ejército que no pertenezca a un Estado. Pero ¿a
qué clase de Estado debe pertenecer? ¿A un Estado de dictadura
feudal-fascista de los grandes terratenientes, los grandes banqueros
pág.
253
y
los magnates de la burguesía compradora, o a un Estado de nueva
democracia de las amplias masas populares? En China sólo cabe
establecer un Estado de nueva democracia y, sobre esta base, un
gobierno de coalición de nueva democracia; todas las fuerzas
armadas de China deben pertenecer a tal gobierno de tal Estado, de
modo que puedan defender la libertad del pueblo y luchar eficazmente
contra los agresores extranjeros. Tan pronto como aparezca en China
un gobierno de coalición de nueva democracia, le serán
transferidas las tropas de las regiones liberadas. Pero tendrán que
serlo también todas las tropas del Kuomintang.
En
1924, el Dr. Sun Yat-sen dijo: "A partir de hoy, la revolución
nacional debe entrar en una nueva era. [. . .] el primer paso
consiste en unir a las fuerzas armadas con el pueblo, y el segundo,
en transformarlas en fuerzas armadas del pueblo."[9]
El VIII Ejército y el Nuevo 4.ƒ Cuerpo de Ejército han podido
obtener victorias precisamente porque, siguiendo esta orientación,
se han convertido en "fuerzas armadas del pueblo", es
decir, en un ejército popular. En los primeros tiempos de la
Expedición al Norte, el ejército del Kuomintang dio el "primer
paso" de que habló el Dr. Sun, y por eso obtuvo victorias.
Pero, desde las postrimerías de la Expedición al Norte hasta la
fecha, ha desandado incluso ese "primer paso" y ha
mantenido una posición antipopular, y por ello se ha ido
corrompiendo y degenerando cada día más. Dentro de su elemento en
la guerra interior, no puede menos que estar fuera de su elemento en
la guerra exterior. Todos los oficiales patriotas y honrados del
ejército del Kuomintang deben levantarse para hacer revivir el
espíritu del Dr. Sun y transformar sus tropas.
En
la transformación de los viejos ejércitos, es preciso reeducar
apropiadamente a todos los oficiales susceptibles de serlo,
ayudándolos a eliminar sus viejas concepciones y a adquirir las
correctas, a fin de que puedan servir en el ejército popular.
Luchar
por la formación del ejército popular de China es deber de todo el
pueblo. Sin un ejército popular, nada tendrá el pueblo. Esta es
una cuestión que no admite palabrerías.
Los
comunistas estamos dispuestos a apoyar la transformación del
ejército chino. El VIII Ejército y el Nuevo 4.ƒ Cuerpo de
Ejército deben considerar como ejércitos amigos, y prestarles la
debida ayuda, a todas las fuerzas armadas que quieran unirse con el
pueblo y combatir a los agresores japoneses en vez de luchar contra
las regiones liberadas de China.
pág.
254
6. El
problema agrario
Con
el fin de aplastar a los agresores japoneses y construir una nueva
China, es imperativo reformar el sistema agrario y emancipar a los
campesinos. El postulado del Dr. Sun Yat-sen de "La
tierra para el que la trabaja" es correcto para la presente
época, en que hacemos una
revolución de carácter democrático-burgués.
¿Por
qué decimos que nuestra revolución en la época actual es una
"revolución de carácter democrático-burgués"? Porque
el blanco de esta revolución no es la burguesía en general, sino
la opresión extranjera y la feudal; porque las medidas adoptadas en
ella no están encaminadas en general a abolir la propiedad privada,
sino a protegerla, y porque, si bien, como resultado de esta
revolución, la clase obrera podrá acumular las fuerzas para
conducir a China hacia el socialismo, el capitalismo se desarrollará
en medida apropiada durante un período bastante largo. "La
tierra para el que la trabaja" significa transferir la tierra
de manos de los explotadores feudales a manos de los campesinos,
significa transformar la propiedad privada de los terratenientes
feudales en propiedad privada de los campesinos y emancipar así a
éstos de las relaciones agrarias feudales, lo cual permitirá
convertir el país de agrícola en industrial. "La tierra para
el que la trabaja" es, por consiguiente, un postulado
democrático-burgués, y no socialista proletario, un postulado de
todos los demócratas revolucionarios, y no exclusivamente de los
comunistas. La diferencia está en que, en las condiciones de China,
sólo los comunistas lo tomamos con toda seriedad: no nos limitamos
a hablar sobre él, sino que lo ponemos en práctica. ¿Quiénes son
los demócratas revolucionarios? Además del proletariado, que es el
sector más consecuente de los demócratas revolucionarios, está el
campesinado, que es el más numeroso. Los campesinos en su
abrumadora mayoría, o sea, con la sola excepción de los campesinos
ricos, que arrastran un rabo feudal, reclaman activamente "La
tierra para el que la trabaja". La pequeña burguesía urbana,
que forma también un sector de los demócratas revolucionarios,
encuentra provechosa para ella la política de "La tierra para
el que la trabaja", pues ésta permite desarrollar las fuerzas
productivas de la agricultura. La burguesía nacional es una clase
vacilante; por su necesidad de mercados, también aprueba esta
política; pero, al mismo tiempo, como la mayoría de sus
integrantes están vinculados a la propiedad de la tierra, muchos de
ellos temen esta política. El Dr. Sun Yat-sen fue el primer
demócrata revolucionario de China;
pág.
255
representando
al sector revolucionario de la burguesía nacional, a la pequeña
burguesía urbana y al campesinado, emprendió una revolución
armada y formuló sus postulados de "igualamiento del derecho a
la propiedad de la tierra" y de "La tierra para el que la
trabaja". Pero, lamentablemente, cuando estuvo en el Poder, no
tomó ninguna iniciativa para reformar el sistema agrario. Al llegar
al Poder, la camarilla antipopular del Kuomintang traicionó por
entero esos postulados. Es ella misma la que ahora se opone
tercamente a la política de "La tierra para el que la
trabaja", ya que representa a la capa de los grandes
terratenientes, los grandes banqueros y los magnates de la burguesía
compradora. En China no hay un
partido político que represente exclusivamente al campesinado, y
los partidos políticos de la burguesía nacional no tienen un
programa agrario resuelto; por eso, el Partido Comunista se ha
convertido en el dirigente de los campesinos y de todos los demás
demócratas revolucionarios, pues es el único que ha elaborado y
llevado a la práctica un resuelto programa agrario y ha luchado
concienzudamente por los intereses del campesinado, ganándose así
en las amplias masas campesinas a un gran aliado.
Entre
1927 y 1936, el Partido Comunista de China adoptó medidas para
reformar radicalmente el sistema agrario e hizo realidad el
postulado del Dr. Sun de "La tierra para el que la trabaja".
Fue la misma camarilla antipopular del Kuomintang, que agrupa a
todos los indignos sucesores de Sun Yat-sen, la que durante esos
diez años sostuvo a zarpazos y dentelladas una guerra contra el
pueblo, o sea, contra la política de "La tierra para el que la
trabaja".
Durante
la Guerra de Resistencia contra el Japón, el Partido Comunista de
China ha hecho una importante concesión: ha sustituido la política
de "La tierra para el que la trabaja" por la de reducción
de los arriendos y los intereses. Esta concesión fue
correcta, ya que impulsó al Kuomintang a participar en la
Resistencia y debilitó la oposición de los terratenientes de las
regiones liberadas a nuestro esfuerzo por movilizar a las campesinos
para la Guerra de Resistencia. Si no surgen obstáculos especiales,
estamos dispuestos a continuar esta política aun después de la
guerra: primero se hará extensiva a todo el país la reducción de
los arriendos y los intereses, y luego se adoptarán medidas
apropiadas para llevar a cabo gradualmente la política de "La
tierra para el que la trabaja".
Sin
embargo, los que han traicionado al Dr. Sun se oponen no sólo a la
política de "La tierra para el que la trabaja", sino
también a la reducción de los arriendos y los intereses. El
gobierno del Kuomintang
pág.
256
no
aplica el decreto sobre un "25 por ciento de reducción de los
arriendos" ni otros similares, que él mismo ha promulgado;
nuestras regiones liberadas son las únicas que los han aplicado,
crimen que les ha valido el calificativo de "regiones de
traidores".
Durante
la Guerra de Resistencia, ha surgido lo que se llama teoría de las
dos etapas: la de la "revolución nacional" y la de la
"revolución por la democracia y la vida del pueblo". Esta
es una teoría errónea.
"Frente
a un formidable enemigo, no hay que plantear las reformas en favor
de la democracia y de la vida del pueblo; más vale esperar hasta
que los japoneses se hayan ido." Esta es la absurda teoría de
la camarilla antipopular del Kuomintang y su objetivo consiste en
impedir la victoria completa de la Guerra de Resistencia. ¡Y que
haya quienes se hacen eco de este disparate, aprobándolo
servilmente!
"Frente
a un formidable enemigo, hay que resolver los problemas de la
democracia y de la vida del pueblo, porque sin ello será imposible
crear bases de apoyo antijaponesas y resistir al ataque del Japón."
Esto es lo que preconiza el Partido Comunista de China, y también
lo que ha puesto en práctica, con excelentes resultados.
Durante
la Guerra de Resistencia, la reducción de los arriendos y los
intereses, así como todas las demás reformas democráticas, están
al servicio de esta Guerra. Para debilitar la oposición de los
terratenientes al esfuerzo de guerra, nos limitamos a la reducción
de los arriendos y los intereses en lugar de abolir la propiedad de
los terratenientes sobre la tierra; además, los estimularnos a que
coloquen sus haberes en la industria, y damos a los shenshi
sensatos la posibilidad de participar, junto con los demás
representantes del pueblo, en las actividades públicas en favor de
la Resistencia así como en el trabajo de los órganos de Poder. En
cuanto a los campesinos ricos, los alentamos a desarrollar la
producción. Todas estas medidas forman parte de nuestra resuelta
línea de reformas democráticas en las zonas rurales, y son
absolutamente necesarias.
Existen,
pues, dos líneas: una es impedir testarudamente que los campesinos
chinos resuelvan sus problemas en lo que respecta a la democracia y
a la vida del pueblo, lo que Lleva a la corrupción e impotencia y a
la incapacidad para combatir al Japón; la otra es apoyar
resueltamente a los campesinos en la solución de dichos problemas,
lo que conduce a ganarse al más grande aliado, que representa el 80
por ciento de la población, para organizar poderosas fuerzas de
combate. La primera es la línea del gobierno del Kuomintang, y la
segunda, la de las regiones liberadas de China.
pág.
257
Vacilar
entre una y otra, apoyar de palabra al campesinado, pero carecer de
decisión para reducir los arriendos y los intereses, para armar a
los campesinos y para establecer el Poder democrático en las zonas
rurales: tal es la línea de los oportunistas.
Movilizando
todas sus fuerzas, la camarilla antipopular del Kuomintang viene
lanzando contra el Partido Comunista de China toda clase de pérfidos
ataques, abiertos y encubiertos, militares y políticos, cruentos e
incruentos. Por su naturaleza social, la controversia entre ambos
partidos se refiere, en esencia, al problema de las relaciones
agrarias. En fin de cuentas, ¿en qué punto hemos provocado la ira
de la camarilla antipopular del Kuomintang? ¿No habrá sido
precisamente en esta cuestión? Si dicha camarilla ha sido aclamada
y estimulada por los agresores japoneses, ¿no será precisamente
porque les ha rendido un gran servicio en esta cuestión? Si se ha
pretendido que "el Partido Comunista sabotea la Resistencia y
pone en peligro a la nación", si se nos ha tildado de "partido
traidor", "ejército traidor" y "regiones de
traidores", y si se nos ha acusado de "desobediencia a las
órdenes gubernamentales y militares", ¿no será precisamente
porque el Partido Comunista de China ha hecho a este respecto un
trabajo serio, realmente acorde con los intereses de la nación?
El
campesinado es la fuente de origen de los obreros chinos. En el
futuro, decenas de millones de campesinos marcharán a las ciudades
e ingresarán en las fábricas. Para levantar una poderosa industria
nacional y construir un buen número de grandes ciudades modernas,
China tendrá que atravesar un prolongado proceso de transformación
de población rural en urbana.
El
campesinado desempeña el papel principal en el mercado de la
industria china. Son los campesinos los que proporcionan la mayor
parte de los víveres y materias primas y absorben la mayor parte de
los productos industriales.
El
campesinado es la fuente de origen del ejército chino. Los soldados
son campesinos en uniforme, enemigos jurados de los agresores
japoneses.
El
campesinado es la principal de las fuerzas que luchan por la
democracia en China en la etapa actual. Los demócratas chinos no
podrán llegar a ninguna parte si no se apoyan en los 360 millones
de campesinos.
Es
al campesinado a quien va dirigido principalmente el movimiento
cultural de China en la etapa actual. ¿No resultaría en esencia
pura charlatanería hablar de liquidación del analfabetismo,
populari-
pág.
258
zación
de la enseñanza, arte y literatura de masas y salud pública, si se
dejara de lado a los 360 millones de campesinos?
Claro
está que, al decir esto, no estoy pasando por alto la importancia
política, económica y cultural de los restantes 90 millones de
personas, en especial de la clase obrera, que es políticamente la
más consciente y por ello la calificada para dirigir todo el
movimiento revolucionario. A este respecto no debe haber equívocos.
Comprender
todo esto es absolutamente necesario no sólo para los comunistas,
sino también para todos los demócratas de China.
Una
vez introducidas reformas en el sistema agrario, aunque se trate
sólo de una reforma tan elemental como la reducción de los
arriendos y los intereses, los campesinos se sentirán más
interesados en la producción. Luego, a medida que se ayude a los
campesinos a organizarse, gradualmente y de acuerdo con el principio
de voluntariedad, en cooperativas de producción agrícola y de otro
tipo, habrán de desarrollarse las fuerzas productivas. Por el
momento, las cooperativas de producción agrícola no pueden pasar
de ser organizaciones de trabajo colectivo y de ayuda mutua basadas
en la economía individual (o sea, en la propiedad privada) de los
campesinos, tales como brigadas de intercambio de trabajo, grupos de
ayuda mutua o equipos de intercambio de trabajo; sin embargo, esto
ya permite incrementar en forma asombrosa la productividad del
trabajo y la producción. Semejantes organizaciones se han creado
ampliamente en las regiones liberadas, y en adelante deben
generalizarse lo más posible.
Conviene
señalar aquí que entre los campesinos existían ya organizaciones
de tipo cooperativo, tales como las brigadas de intercambio de
trabajo, pero no representaban sino un medio con que los campesinos
se socorrían en su trágica vida. Ahora, las brigadas de
intercambio de trabajo en las regiones liberadas son diferentes
tanto en su forma como en su contenido; han pasado a ser para las
masas campesinas un medio de desarrollar la producción y luchar por
una vida mejor.
El
papel, positivo o negativo, grande o pequeño, que en la vida del
pueblo chino desempeñan la política y la práctica de un partido,
se ve, en última instancia, en si contribuyen al desarrollo de las
fuerzas productivas del pueblo chino y en qué medida lo hacen, si
frenan o liberan estas fuerzas. Aplastar
a los agresores japoneses, realizar la reforma agraria, emancipar al
campesinado, desarrollar una industria moderna y crear una nueva
China, independiente, libre, democrática, unificada, próspera y
poderosa: sólo esto permitirá liberar las fuerzas productivas de
la sociedad china y ganará el aplauso del pueblo chino.
pág.
259
Conviene
señalar aquí también que a los intelectuales que vienen de la
ciudad a trabajar al campo no les es fácil comprender que las zonas
rurales están todavía basadas en la economía individual, dispersa
y atrasada, y que, además, las regiones liberadas se encuentran
temporalmente separadas unas de otras por el enemigo y empeñadas en
la guerra de guerrillas. Por no comprender estas características, a
menudo enfocan los problemas rurales y llevan el trabajo en el campo
de manera inapropiada, con los mismos puntos de vista de la vida y
el trabajo en la ciudad; como resultado, se divorcian de la realidad
de las zonas rurales y no pueden fundirse con los campesinos. Estos
fenómenos tienen que eliminarse mediante la educación.
Los
numerosos intelectuales revolucionarios de China deben adquirir
conciencia de la necesidad de integrarse con los campesinos, quienes
necesitan de ellos y esperan su ayuda. Deben marchar al campo con
entusiasmo, despojarse de sus atavíos de estudiante para ponerse
ropa de tela basta y comenzar de buen grado por la tarea más
modesta; deben averiguar allí lo que desean los campesinos,
ayudarlos a despertar y a organizarse en la lucha por llevar a cabo
la revolución democrática en el campo, que es una tarea
importantísima de la revolución democrática china.
Tras
el aplastamiento de los agresores japoneses, las tierras de que
éstos se han apoderado y las de los principales colaboracionistas
deben ser confiscadas y distribuidas entre los campesinos con poca
tierra o sin ella.
7. El
problema de la industria
Para
derrotar a los agresores japoneses y construir una nueva China, es
indispensable desarrollar la industria. Pero, bajo la dominación
del gobierno del Kuomintang, se depende en todo del extranjero, y la
política financiera y económica de dicho gobierno socava toda la
vida económica del pueblo. La mayoría de las pocas y pequeñas
empresas industriales que hay en las regiones dominadas por el
Kuomintang, no han podido evitar la quiebra. En ausencia de reformas
políticas, están condenadas a la destrucción todas las fuerzas
productivas, lo mismo en la agricultura que en la industria.
Considerado
el problema en su conjunto, no se puede desarrollar la industria sin
una China independiente, libre, democrática y unificada. Aplastar a
los agresores japoneses significa conquistar la independencia.
Abolir la dictadura unipartidista del Kuomintang, formar
pág.
260
un
gobierno democrático unificado de coalición, convertir todas las
tropas del país en fuerzas armadas del pueblo, realizar la reforma
agraria y emancipar al campesinado, significa conquistar la
libertad, la democracia y la unificación. Sin independencia,
libertad, democracia y unificación es imposible crear una verdadera
gran industria, y sin industria no hay defensa nacional sólida, ni
bienestar del pueblo, ni prosperidad y poderío de la nación.
La historia de los 105 años transcurridos desde la Guerra del Opio
de 1840, en particular la de los 18 años desde que el Kuomintang
escaló el Poder, ha hecho evidente este punto capital ante el
pueblo chino. Una China que no sea pobre y débil, sino próspera y
poderosa, supone una China que no sea colonial y semicolonial, sino
independiente, que no sea semifeudal, sino libre y democrática, y
que no esté dividida, sino unificada. Durante tantos años,
¡cuántos no soñaron, en la China semicolonial, semifeudal y
dividida, con desarrollar la industria, edificar la defensa
nacional, forjar el bienestar del pueblo y hacer a la patria
próspera y poderosa! Pero todos sus sueños se desvanecieron.
Muchos pedagogos, hombres de ciencia y estudiantes bienintencionados
se sumieron en su trabajo o estudio, manteniéndose al margen de la
política, en la creencia de que podrían servir a su país con sus
conocimientos; pero sus aspiraciones resultaron ser un sueño, que
también se desvaneció. Esto fue muy bueno, ya que el hundimiento
de sus ingenuas ilusiones marcó el punto de partida de la
prosperidad y el poderío de China. El pueblo chino ha aprendido
mucho en la Guerra de Resistencia contra el Japón: ha llegado a
comprender la necesidad de crear, después de la derrota de los
agresores japoneses, una China de nueva democracia, independiente,
libre, democrática, unificada, próspera y poderosa; todos estos
factores están interrelacionados, y no se puede prescindir de
ninguno. Si esto se logra, un futuro promisorio se le abrirá a
China. Sólo se podrá liberar las fuerzas productivas del pueblo
chino y darles la posibilidad de desarrollarse plenamente cuando se
materialicen en todo el país las condiciones políticas de nueva
democracia. Es cada vez mayor el número de personas que comprenden
esto.
Una
vez dadas las condiciones políticas de nueva democracia, el pueblo
chino y su gobierno deben tomar medidas efectivas para edificar
gradualmente, en el curso de un cierto número de años, las
industrias pesada y ligera, transformando así a China de país
agrícola en industrial. Un Estado de nueva democracia no puede
consolidarse a menos que se base en una economía sólida, esto es,
en una agricultura avanzada,
pág.
261
mucho
más desarrollada que la actual, y en una gran industria que ocupe
una posición netamente predominante en la economía nacional, con
un desarrollo correspondiente de las comunicaciones, el comercio y
las finanzas.
Los
comunistas estamos dispuestos a luchar por estos objetivos junto con
todos los partidos y grupos democráticos y con los círculos
industriales del país. La clase obrera china desempeñará un gran
papel en el cumplimiento de esta tarea.
Desde
la Primera Guerra Mundial, la clase obrera china ha venido luchando
como fuerza consciente por la independencia y la liberación del
país. En 1921 nació su vanguardia, el Partido Comunista, y
entonces la lucha por la liberación de China entró en una nueva
etapa. Durante tres
períodos, a saber, la Expedición al Norte, la Guerra
Revolucionaria Agraria y la Guerra de Resistencia contra el Japón,
la clase obrera y el Partido Comunista de China han realizado
ingentes esfuerzos en pro de la causa de la liberación del pueblo
chino y han hecho inapreciables contribuciones a ella. La
clase obrera desempeñará un importantísimo papel en la lucha por
la derrota final de los agresores japoneses, particularmente en la
lucha por la recuperación de las grandes ciudades y las principales
vías de comunicación. Se puede predecir que, después de la Guerra
de Resistencia, serán aún mayores sus esfuerzos y contribuciones.
La misión de la clase obrera china consiste en luchar no sólo por
el establecimiento de un Estado de nueva democracia, sino también
por la industrialización de China y la modernización de su
agricultura.
Bajo
el régimen estatal de nueva democracia, se adoptará una política
de reajuste de las relaciones entre el trabajo y el capital. Por una
parte, se protegerán los intereses de los obreros implantando,
según las circunstancias, una jornada de ocho a diez horas,
proporcionando apropiada ayuda a los desocupados, introduciendo
seguros sociales adecuados y defendiendo los derechos sindicales.
Por la otra, a las empresas estatales, privadas y cooperativas se
les garantizarán los beneficios legítimos que correspondan a una
actividad lícita. De este modo, tanto el Estado como los
particulares y tanto el trabajo como el capital se esforzarán
conjuntamente por el desarrollo de la producción industrial.
Una
vez derrotados los agresores japoneses, sus empresas y bienes y los
de los principales colaboracionistas deben ser confiscados y quedar
a disposición del gobierno.
pág.
262
8. El
problema de la cultura, la educación y
los intelectuales
Entre
las desgracias que la opresión extranjera y la feudal han acarreado
al pueblo chino, figuran las que se abaten sobre nuestra cultura
nacional. Y éstas son particularmente graves para las instituciones
culturales y docentes progresistas, así como para los trabajadores
progresistas de la cultura y de la enseñanza. A fin de barrer la
opresión extranjera y la feudal y crear un Estado de nueva
democracia, hacen falta gran número de intelectuales al servicio
del pueblo: pedagogos, profesores, hombres de ciencia,
ingenieros, técnicos, médicos, periodistas, escritores, literatos
y artistas, así como trabajadores corrientes de la cultura. Ellos
deben poseer el espíritu de servir al pueblo, y trabajar
arduamente. Todo intelectual que rinda servicios meritorios al
pueblo debe ser respetado y considerado como un valioso bien de la
nación y la sociedad. China es un país culturalmente atrasado a
consecuencia de la opresión extranjera y la feudal, y la lucha
liberadora de su pueblo necesita imperiosamente la participación de
intelectuales; de ahí la particular importancia que adquiere el
problema de la intelectualidad. Los numerosos intelectuales
revolucionarios han desempeñado un importante papel en la causa de
la liberación del pueblo chino durante los últimos cincuenta años,
en especial a partir del Movimiento del 4 de Mayo y durante los ocho
años de Guerra de Resistencia. En las luchas venideras les
corresponderá un papel aún más importante. Por lo tanto, el
gobierno del pueblo debe, en lo sucesivo, preparar planificadamente,
en las diversas ramas, cuadros intelectuales salidos de las amplias
masas populares, y, al mismo tiempo, prestar atención a unir y
reeducar a todos los intelectuales existentes que puedan ser útiles.
Una
importante tarea para la nueva China es la liquidación del
analfabetismo, que afecta al 80 por ciento de la población.
Hay
que adoptar medidas apropiadas y enérgicas para barrer toda la
cultura y educación esclavizadoras, feudales y fascistas.
Hay
que prevenir y combatir con energía las enfermedades entre la
población y ampliar los servicios populares de asistencia médica e
higiene.
En
lo que se refiere a los intelectuales de viejo cuño que trabajan en
los dominios de la cultura, la enseñanza y la medicina, hay que
reeducarlos de manera apropiada, para que asimilen las nuevas
concepciones y métodos y sirvan al pueblo.
pág.
263
La
cultura nacional y la instrucción pública de China deben ser de
nueva democracia; esto quiere decir que China tiene que forjar una
nueva cultura y una nueva instrucción pública, nacionales,
científicas y de masas.
Respecto
a la cultura extranjera, es errónea la política de rechazo puro y
simple; hay que asimilar todo cuanto aquélla tenga de progresista,
a fin de utilizarlo como punto de referencia en el desarrollo de la
nueva cultura china. Pero también es errónea la política de
imitación ciega; hay que asimilar críticamente la cultura
extranjera, en función de las necesidades reales del pueblo chino.
La nueva cultura creada en la Unión Soviética debe servirnos de
modelo en la edificación de la cultura popular. De la misma manera,
tampoco debemos rechazar pura y simplemente la cultura china
antigua, ni imitarla a ciegas, sino asimilarla críticamente, de
modo que sirva al desarrollo de la nueva cultura china.
9. El
problema de las minorías nacionales
La
camarilla antipopular del Kuomintang niega la multiplicidad nacional
de China y llama "clanes"[10]
a todas las nacionalidades, con excepción de la jan. Haciendo suya
íntegramente la reaccionaria política de la dinastía Ching y de
los caudillos militares del Norte respecto
a las minorías nacionales, las oprime y explota a más no poder.
De ello son evidencia la matanza de mongoles de la Liga de Ijcho, en
1943, la represión armada de las minorías nacionales en Sinchiang,
desde 1944 hasta la fecha, y las matanzas de juis en Kansú, durante
los últimos años. Estas
son manifestaciones de una concepción y una política erróneas en
la cuestión nacional, inspiradas por el chovinismo de gran jan.
En
1924, el Dr. Sun Yat-sen escribió en el "Manifiesto del I
Congreso Nacional del Kuomintang":
"El
Principio del Nacionalismo del Kuomintang tiene un doble
significado: de una parte, la
liberación de la nación china por sí misma, y de la otra, la
igualdad de todas las nacionalidades de China."
Y
más adelante:
pág.
264
El
Partido Comunista de China está totalmente de acuerdo con esta
política del Dr. Sun respecto a las nacionalidades. Los
comunistas deben ayudar activamente a las amplias masas populares de
las diversas minorías nacionales en su lucha por la realización de
esta política; deben ayudar a estas masas, incluidos los dirigentes
vinculados con ellas, en su lucha por la emancipación y el
desarrollo en los terrenos
político, económico y cultural, y ayudarles a crear fuerzas
armadas propias que defiendan los intereses de las masas. Hay que
respetar su lengua, escritura, costumbres, hábitos y creencias
religiosas.
Desde
hace años, en la Región Fronteriza de Shensí-Kansú-Ningsia y en
las regiones liberadas del Norte de China, se ha mantenido una
actitud correcta hacia los mongoles y los juis, y el trabajo entre
ellos ha sido fructífero.
10. El
problema de la política exterior
El
Partido Comunista de China está de acuerdo con la Carta del
Atlántico y con las decisiones de las conferencias internacionales
de Moscú, El Cairo, Teherán y Crimea[11],
porque todas ellas contribuyen a la derrota de los agresores
fascistas y al ulterior mantenimiento de la paz mundial.
El
principio fundamental para la política exterior preconizado por el
Partido Comunista de China es: Sobre la base de la lucha por
derrotar definitivamente a los agresores japoneses, de la defensa de
la paz mundial, del respeto mutuo a la independencia y la igualdad,
así como de la promoción recíproca de los intereses y la amistad
entre los Estados y pueblos, China establecerá y fortalecerá
relaciones diplomáticas con los diversos países y solucionará con
ellos todos los problemas de interés común, tales como la
coordinación de las operaciones militares, las conferencias de paz,
el intercambio comercial y las inversiones.
El
Partido Comunista de China está totalmente de acuerdo con las
proposiciones de la Conferencia de Dumbarton Oaks y con las
decisiones de la Conferencia de Crimea relativas a la creación de
una organización encargada de garantizar la paz y la seguridad
internacionales en la postguerra. Saluda a la Conferencia de las
Naciones
pág.
265
Unidas
sobre la Organización Internacional, en San Francisco. Ha enviado a
dicha Conferencia su propio representante, que forma parte de la
delegación china, para expresar la voluntad del pueblo chino[12].
Sostenemos
que el gobierno del Kuomintang debe poner fin a su actitud hostil
hacia la Unión Soviética y mejorar sin demora las relaciones
chino-soviéticas. La Unión Soviética fue el primer país en
renunciar a los tratados desiguales con China y concluir con ella
nuevos tratados en pie de igualdad. En la época del I Congreso
Nacional del Kuomintang, convocado por el Dr. Sun Yat-sen en 1924, y
de la subsiguiente Expedición al Norte, la Unión Soviética fue el
único país que ayudó a China en su guerra de liberación. Después
del estallido de la Guerra de Resistencia en 1937, la Unión
Soviética, nuevamente, fue la primera en brindar ayuda a China en
su lucha contra los agresores japoneses. El pueblo chino expresa su
reconocimiento al Gobierno y al pueblo soviéticos por esta ayuda.
Opinamos que la solución definitiva y completa de los problemas del
Pacífico será imposible sin la participación de la Unión
Soviética.
Pedimos
a los gobiernos de los países aliados, y en primer lugar a los de
Estados Unidos e Inglaterra, que presten seria atención a la voz de
las vastas masas populares de China y se abstengan de perjudicar la
amistad entre sus países y nuestro pueblo contraponiendo su
política exterior a la voluntad de éste. Consideramos que cometerá
un garrafal error todo gobierno extranjero que ayude a los
reaccionarios chinos y se oponga a la lucha del pueblo chino por la
democracia.
El
pueblo chino aplaude los pasos que han dado muchos gobiernos
extranjeros renunciando a los tratados desiguales impuestos a China
y concluyendo con ella nuevos tratados en pie de igualdad. Pero la
conclusión de estos últimos no significa, a nuestro juicio, que
China goce ya de auténtica igualdad. La igualdad efectiva y genuina
nunca puede ser un simple regalo de gobiernos extranjeros, sino que
el pueblo chino la debe conquistar principalmente con sus propios
esfuerzos, y la manera de hacerlo es transformar a China en un
Estado de nueva democracia en los terrenos político, económico y
cultural; de otro modo, la independencia y la igualdad serán
nominales y no reales. Esto quiere decir que con la actual política
del gobierno del Kuomintang, China nunca alcanzará la independencia
y la igualdad genuinas.
Sostenemos
que, a fin de extirpar definitivamente el fascismo y el militarismo
japoneses así como sus causas políticas, económicas y sociales,
es preciso, tras la derrota y la rendición incondicional de los
pág.
266
agresores
japoneses, ayudar a las fuerzas democráticas del pueblo japonés a
instaurar su propio régimen democrático. Sin tal régimen
democrático, no se podrá extirpar definitivamente el fascismo y el
militarismo japoneses ni asegurar la paz en el Pacífico.
Estimamos
correcta la decisión de la Conferencia de El Cairo respecto a la
independencia de Corea; el pueblo chino debe ayudar al pueblo
coreano a lograr su liberación.
Esperamos
que la India obtenga su independencia. Porque una India
independiente y democrática es necesaria no sólo para su propio
pueblo, sino también para la paz mundial.
En
lo que respecta a los países del Sudeste de Asia - Birmania,
Malaya, Indonesia, Vietnam y las Filipinas -, esperamos que, después
de la derrota de los agresores japoneses, sus pueblos obtengan el
derecho a crear Estados independientes y democráticos. En cuanto a
Tailandia, hay que tratarla del mismo modo que a los países
satélites del fascismo en Europa.
*
* *
Hasta
aquí los puntos esenciales de nuestro programa concreto.
Repetimos:
sin un gobierno democrático de coalición que goce del apoyo de
toda la nación, no se podrá cumplir felizmente, en todo el país,
este programa concreto en ninguno de sus puntos.
Con
sus veinticuatro años de lucha por la liberación del pueblo chino,
el Partido Comunista de China ha conquistado una posición tal que
cualquier partido político o grupo social, cualquier individuo,
chino o extranjero, que no respete sus opiniones sobre los problemas
de China, cometerá un grave error y estará condenado al fracaso.
Ha habido y hay quienes se obstinan en actuar a su antojo, sin
respetar nuestras opiniones; sin embargo, todos ellos terminan en un
callejón sin salida. ¿Por qué? Sencillamente porque nuestras
opiniones corresponden a los intereses de las amplias masas
populares. El Partido Comunista de
China es el portavoz más fiel del pueblo chino; quien se niegue a
respetarlo, de hecho estará negándose a respetar a las amplias
masas populares, y fracasará inevitablemente.
LAS
TAREAS EN LAS REGIONES DOMINADAS POR EL KUOMINTANG
Acabo
de exponer detalladamente el programa general y el programa concreto
de nuestro Partido. A no dudar, ambos serán lleva-
pág.
267
dos
a la práctica en toda China; la situación internacional y nacional
en su conjunto abre al pueblo chino esta perspectiva. Sin embargo,
en la actualidad, son diferentes las circunstancias en las regiones
dominadas por el Kuomintang, las regiones ocupadas por el Japón y
las regiones liberadas, lo que nos obliga a establecer distinciones
entre los tres tipos de regiones al poner en práctica estos
programas. Condiciones diferentes determinan tareas diferentes.
Ya he mencionado más arriba algunas de estas tareas, y quisiera
hablar de algunas otras.
En
las regiones dominadas por el Kuomintang, el pueblo no goza de
libertad para sus actividades patrióticas, y los movimientos
democráticos son considerados ilegales; pero están
desarrollándose intensas actividades en las que toman parte
numerosas capas sociales, muchos partidos y grupos democráticos y
gran cantidad de demócratas. La Liga Democrática de China hizo
público en enero último un manifiesto reclamando que se pusiera
fin a la dictadura unipartidista del Kuomintang y se estableciera un
gobierno de coalición. Numerosos sectores sociales han hecho
declaraciones similares. Incluso en el seno del Kuomintang, mucha
gente se muestra más y más escéptica y descontenta con la
política de su propia dirección y percibe con creciente intensidad
el peligro que supone el aislamiento de su partido de las amplias
masas populares; por eso, reclama reformas democráticas que
correspondan a la época. En Chungching y otros lugares, se
desarrollan movimientos democráticos entre los obreros, campesinos,
trabajadores de la cultura, estudiantes, trabajadores de la
enseñanza, mujeres, industriales y comerciantes, empleados públicos
y hasta en un sector de los militares. Todo esto indica que los
movimientos democráticos de todas las capas sociales oprimidas
convergen poco a poco hacia un objetivo común. Sin embargo, en el
presente, una debilidad de estos movimientos es que los sectores
básicos de la sociedad todavía no toman parte ampliamente en
ellos, que aún siguen sin organizarse sectores de extraordinaria
importancia y cuyas condiciones de vida son insoportables: los
campesinos, los obreros, los soldados y el personal de niveles
inferiores de la administración pública y la enseñanza. Otra
debilidad es que, entre los demócratas que participan en estos
movimientos, muchos carecen todavía de claridad y firmeza respecto
a la orientación fundamental de realizar una lucha sobre una base
democrática en procura de un cambio de la situación. Con
todo, la situación objetiva está obligando a las diversas capas,
partidos políticos y grupos sociales oprimidos a
pág.
268
adquirir
conciencia política y a unirse gradualmente. La represión del
gobierno kuomintanista, por intensa que sea, no podrá impedir el
desarrollo de estos movimientos.
Todas
las capas, partidos políticos y grupos sociales víctimas de la
opresión en las regiones dominadas por el Kuomintang deben
desarrollar ampliamente sus movimientos democráticos y unificar
paso a paso sus fuerzas todavía
dispersas, para luchar por la unidad nacional, el establecimiento de
un gobierno de coalición, la derrota de los agresores japoneses y
la construcción de una nueva China. El Partido Comunista de China y
el pueblo de las regiones liberadas deben proporcionarles toda la
ayuda posible.
En
las regiones dominadas por el Kuomintang, los comunistas deben
continuar la política de amplio frente único nacional antijaponés.
En la lucha por el objetivo común, debemos cooperar con todo el que
no se nos oponga hoy, aun cuando lo hubiera hecho hasta ayer.
LAS
TAREAS EN LAS REGIONES OCUPADAS POR EL JAPON
En
las regiones ocupadas por el Japón, los comunistas deben exhortar a
todos los que se oponen al Japón a que, siguiendo el ejemplo de
Francia e Italia, se agrupen en distintos tipos de organizaciones y
formen fuerzas armadas clandestinas en preparación de
levantamientos armados, de modo que, cuando llegue el momento,
aniquilen a los agresores japoneses mediante una acción desde
dentro en coordinación con las tropas que ataquen desde fuera. Con
sus atrocidades, pillajes, violaciones y vejámenes contra nuestros
hermanos y hermanas en las regiones ocupadas, los agresores
japoneses y sus serviles lacayos han provocado la ardiente cólera
de todo el pueblo chino; muy pronto sonará la hora de la venganza y
el desagravio. La victoria en el frente europeo y las victorias de
nuestro VIII Ejército y nuestro Nuevo 4.ƒ Cuerpo de Ejército han
estimulado al pueblo de las regiones ocupadas, exaltando su
entusiasmo por la lucha contra el Japón. Allí,
el pueblo necesita perentoriamente organizarse para conquistar la
liberación lo más pronto posible. Por eso, debemos atribuir la
misma importancia a nuestro trabajo en las regiones ocupadas que al
trabajo en las regiones liberadas. Hay que enviar a las primeras
gran número de cuadros. Hay que formar y promover gran número de
activistas entre la población de esas mismas regiones para que
trabajen en su localidad. Debemos intensificar nuestro trabajo
pág.
269
clandestino
en las cuatro provincias del Nordeste, que fueron las primeras en
caer en manos de los agresores japoneses y que constituyen para
ellos una región industrial clave y una importante zona de
concentración de tropas. Con miras a la recuperación de ese
territorio, debemos reforzar nuestro trabajo por aglutinar a los
refugiados que han venido al Sur de la Gran Muralla desde esas
provincias.
En
todas las regiones ocupadas, los comunistas deben seguir la política
de un frente único nacional antijaponés lo más amplio posible. A
fin de derrocar al enemigo común, deben unirse con todas las
personas, sean quienes fueren, siempre que se opongan a los
agresores japoneses y a sus serviles lacayos.
A
las tropas y la policía títeres y a las demás personas que ayudan
al enemigo a combatir a nuestros compatriotas debemos conminarlas a
que reconozcan cuanto antes el carácter criminal de sus actos, se
arrepientan a tiempo y se rediman de sus crímenes ayudando a sus
compatriotas en la lucha contra el enemigo. De otra manera, no
escaparán a la justicia de la nación el día del derrumbe del
enemigo.
Los
comunistas deben efectuar un trabajo de persuasión en todas las
organizaciones títeres que tengan masas, a fin de ganar a las masas
engañadas para el frente de la lucha contra el enemigo de la
nación. Al mismo tiempo, hay que reunir pruebas sobre los
colaboracionistas culpables de los crímenes más atroces y que
rehusen enmendarse, con miras a castigarlos según la ley cuando se
recupere el territorio perdido.
A
los reaccionarios del Kuomintang que traicionan a la nación
organizando colaboracionistas para luchar contra el pueblo chino, el
Partido Comunista de China, el VIII Ejército, el Nuevo 4.ƒ Cuerpo
de Ejército y las demás fuerzas armadas populares, hay que
conminarlos a arrepentirse sin demora. De lo contrario, serán
castigados sin piedad, junto con los colaboracionistas, cuando se
recupere el territorio perdido.
LAS
TAREAS EN LAS REGIONES LIBERADAS
En
las regiones liberadas, nuestro Partido ha puesto en práctica con
señalados éxitos todo su programa de nueva democracia y ha reunido
enormes fuerzas antijaponesas, a las que de ahora en adelante debe
desarrollar y consolidar en todos los aspectos.
pág.
270
En
las actuales circunstancias, las tropas de las regiones liberadas
deben lanzar ampliamente ataques sobre todos los lugares que estén
ocupados por las tropas japonesas y títeres y que podamos tomar,
con el fin de expandir las regiones liberadas y reducir las ocupadas
por el enemigo.
Sin
embargo, hay que tener en cuenta, al mismo tiempo, que el enemigo
todavía es fuerte y puede lanzar nuevos ataques sobre las regiones
liberadas. El ejército y el pueblo de estas últimas tienen que
estar listos para frustrar en cualquier momento sus ataques, y
prestar atención a la consolidación de las regiones liberadas en
todos los terrenos.
Debemos
aumentar los efectivos del ejército, unidades guerrilleras,
milicias populares y cuerpos de autodefensa de las regiones
liberadas y elevar su capacidad combativa intensificando su
adiestramiento y consolidación, con el objeto de preparar las
fuerzas suficientes para derrotar definitivamente a los agresores.
En
las regiones liberadas, el ejército debe apoyar al gobierno y amar
al pueblo; los órganos del Poder democrático, a su vez, deben
conducir al pueblo a apoyar al ejército y a preocuparse por las
familias de los soldados. De esta manera, se harán aún mejores las
relaciones entre ejército y pueblo.
En
el trabajo dentro de los gobiernos locales de coalición y en las
organizaciones de masas, los comunistas debemos continuar nuestra
buena cooperación, sobre la base del programa de nueva democracia,
con todos los demócratas antijaponeses.
Del
mismo modo, en el trabajo militar, los comunistas debemos cooperar
muy bien con todos los demócratas antijaponeses dispuestos a
trabajar con nosotros, pertenezcan o no a las fuerzas armadas de las
regiones liberadas.
A
fin de aumentar el entusiasmo de los obreros, campesinos y demás
masas trabajadoras en la Resistencia y en la producción, es preciso
aplicar consecuentemente la política de reducción de los arriendos
y los intereses y la de mejoramiento de las condiciones materiales
de los obreros y empleados. Los cuadros de las regiones liberadas
deben esforzarse por aprender a realizar el trabajo económico. Hay
que movilizar todas las fuerzas disponibles para desarrollar en gran
escala la agricultura, la industria y el comercio y para mejorar las
condiciones de vida del ejército y el pueblo. Con este fin, es
necesario organizar la emulación en el trabajo y premiar a los
héroes del trabajo y a los trabajadores modelo. Después de que los
agresores japoneses
pág.
271
hayan
sido expulsados de las ciudades, nuestros cuadros deberán aprender
rápidamente a realizar el trabajo económico urbano.
Es
preciso desarrollar la cultura y la instrucción pública en las
regiones liberadas, a fin de elevar la conciencia política de las
amplias masas populares, ante todo la de los obreros, campesinos y
soldados, así como para formar gran número de cuadros. Los
trabajadores de la cultura y de la enseñanza en estas regiones
deben imprimir a su trabajo un contenido y una forma ajustados a las
peculiaridades actuales del campo y a las necesidades y deseos de la
población rural.
En
todo nuestro trabajo en las regiones liberadas, hay que utilizar con
la mayor economía los recursos humanos y materiales del lugar,
teniendo en cuenta, en todos los casos, también el futuro, y
evitando todo empleo abusivo y despilfarro. Y ello no sólo con
miras a derrotar a los agresores japoneses, sino también a
construir una nueva China.
En
todo nuestro trabajo en las regiones liberadas, hay que prestar suma
atención a ayudar a la gente del lugar a administrar sus asuntos, y
también a preparar gran número de cuadros nativos entre los
mejores representantes de la población. La gran misión de la
revolución democrática en el campo no podrá cumplirse a menos que
los camaradas venidos de fuera se fusionen con la población del
lugar, ayuden entusiasta y sinceramente a los cuadros nativos de una
manera que corresponda a las condiciones reales, y los cuiden como a
sus propios hermanos y hermanas.
Adondequiera
que lleguen, el VIII Ejército, el Nuevo 4.ƒ Cuerpo de Ejército y
las demás fuerzas armadas populares deben ayudar sin demora a la
población local a organizar no sólo milicias populares y cuerpos
de autodefensa, sino también unidades y agrupaciones militares
locales, dirigidas igualmente por cuadros del lugar. De ellas podrán
surgir más tarde unidades y agrupaciones del ejército regular, en
cuyo mando participarán cuadros nativos. Esta es una tarea de
extrema importancia. Sin cumplirla no es posible crear sólidas
bases de apoyo antijaponesas ni engrosar las fuerzas armadas
populares.
Desde
luego, toda la población local, por su parte, debe dispensar cálida
acogida y prestar ayuda a los cuadros revolucionarios y a las
fuerzas armadas populares procedentes de otras zonas.
Hay
que llamar la atención de todos sobre el problema de cómo
habérselas con los saboteadores camuflados de la causa nacional.
Porque si es fácil identificar y neutralizar a los enemigos
declarados, a los que sabotean abiertamente la causa nacional, no lo
es en cuanto
pág.
272
a
los enemigos camuflados, a los que la sabotean solapadamente. De ahí
la necesidad de una actitud rigurosa al respecto, sin perjuicio de
una actitud prudente al tomar las medidas del caso.
De
conformidad con el principio de la libertad de fe, en las regiones
liberadas de China se permite la profesión de todos los cultos. Los
protestantes, católicos, musulmanes, budistas y los creyentes de
las demás religiones tienen asegurada la protección del gobierno
popular, a condición de que acaten las leyes de éste. Todo el
mundo es libre de profesar o no una religión, y no se permite
ninguna coacción ni discriminación al respecto.
Conviene
que nuestro Congreso proponga al pueblo de las diversas regiones
liberadas celebrar en Yenán, a la brevedad posible, una conferencia
de sus representantes, a fin de examinar los medios de coordinar las
actividades de dichas regiones, reforzar su trabajo en la
Resistencia, ayudar al movimiento democrático antijaponés de la
población de las regiones dominadas por el Kuomintang, prestar
ayuda a la población de las regiones ocupadas en la organización
de fuerzas armadas clandestinas y promover la unidad de toda la
nación y la formación de un gobierno de coalición[13].
Ahora que las regiones liberadas de China se han convertido en el
centro de gravedad de la lucha de todo el pueblo contra la agresión
japonesa y por la salvación nacional, y que las amplias masas
populares del país entero tienen puestas en nosotros sus
esperanzas, es nuestra obligación no defraudarlas. La celebración
de esta conferencia ha de dar un gran impulso a la causa de la
liberación nacional del pueblo chino.
V. ¡QUE
TODO EL PARTIDO SE UNA Y LUCHE POR
EL CUMPLIMIENTO DE SUS
TAREAS!
Camaradas:
Ahora que conocemos nuestras tareas y la política que hemos
adoptado para cumplirlas, ¿cuál debe ser nuestra actitud en la
aplicación de esta política y en el cumplimiento de estas tareas?
La
actual situación internacional y nacional abre ante nosotros y todo
el pueblo chino una brillante perspectiva y ofrece condiciones más
favorables que nunca; esto es evidente, indudable. Pero, al mismo
tiempo, subsisten graves dificultades. Quien ve sólo el
aspecto brillante, sin ver las
dificultades, no puede luchar eficazmente por el cumplimiento de las
tareas del Partido.
pág.
273
En
sus veinticuatro años de historia, incluidos los ocho años de
Guerra de Resistencia, nuestro Partido ha forjado para el pueblo
chino, luchando junto a él, una fuerza poderosa; y los éxitos
logrados en nuestro trabajo son evidentes, indudables. Pero, al
mismo tiempo, nuestro trabajo aún adolece de deficiencias. Quien
ve sólo los éxitos, sin ver las deficiencias, tampoco puede luchar
eficazmente por el cumplimiento de las tareas del Partido.
En
los veinticuatro años transcurridos desde su nacimiento en 1921, el
Partido Comunista de China ha atravesado tres grandes luchas: la
Expedición al Norte, la Guerra Revolucionaria Agraria y la actual
Guerra de Resistencia contra el Japón. Desde su mismo nacimiento,
el nuestro ha sido un partido basado en la teoría
marxista-leninista, pues esta teoría es la cristalización del
pensamiento científico del proletariado mundial, el pensamiento más
correcto y más revolucionario. Al integrarse la verdad universal
del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución
china, esta revolución tomó un aspecto completamente nuevo, y
comenzó toda una etapa histórica, la etapa de la nueva democracia.
Armado con la teoría e ideología marxista-leninistas, el Partido
Comunista de China ha aportado al pueblo chino un nuevo estilo de
trabajo, que consiste principalmente en integrar la teoría con la
práctica, forjar estrechos vínculos con las masas populares y
practicar la autocrítica.
La
verdad universal del marxismo-leninismo, que refleja la práctica de
la lucha del proletariado mundial, se convierte en un arma
omnipotente para el pueblo chino cuando se la integra con la
práctica concreta de la lucha revolucionaria del proletariado y las
amplias masas populares de China. Es esto lo que ha hecho el Partido
Comunista de China. Nuestro
Partido ha crecido y progresado a través de una lucha resuelta
contra todas las manifestaciones del dogmatismo y del empirismo,
contrarios a este principio. El dogmatismo
se aparta de la práctica concreta, mientras que el empirismo toma
por verdad universal tal o cual experiencia fragmentaria; ambas
concepciones oportunistas van en contra del marxismo. En sus
veinticuatro años de lucha, nuestro Partido ha combatido y continúa
combatiendo estas concepciones erróneas, y así se ha consolidado
ideológicamente en sumo grado. Nuestro Partido cuenta en la
actualidad con 1.210.000 militantes. La abrumadora mayoría de ellos
se han incorporado al Partido durante la Guerra de Resistencia, y
entre estos militantes se observa todo tipo de concepciones
incorrectas. Algo semejante ocurre entre los que ingresaron en el
Partido antes de la Guerra de Resis-
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tencia.
La labor de rectificación,
efectuada en los últimos años, ha dado notables resultados y
contribuido considerablemente a eliminar tales concepciones
incorrectas. Hay que continuar esta labor y desarrollar aún más la
educación ideológica dentro del Partido de acuerdo con el espíritu
de "sacar lecciones de los errores pasados para evitarlos en el
futuro, y tratar la enfermedad para salvar al paciente".
Es preciso hacer comprender a los cuadros dirigentes del Partido en
todos los niveles que la estrecha
integración de la teoría y la práctica constituye uno de los
rasgos sobresalientes que distinguen al Partido Comunista de todos
los demás partidos políticos. Por
consiguiente, la educación ideológica es el eslabón clave que
debemos empuñar firmemente en nuestro trabajo por unir a todo el
Partido para la gran lucha política. De no proceder así, el
Partido no podrá cumplir ninguna de sus tareas políticas.
Otro
rasgo sobresaliente que distingue al Partido Comunista de todos los
demás partidos políticos, es que mantenemos la más íntima
ligazón con las amplias masas populares. Servir de todo corazón al
pueblo, sin apartarnos de las masas ni por un instante; guiarnos en
cada caso por los intereses del pueblo y no por los intereses de
ningún individuo o pequeño grupo; identificar nuestra
responsabilidad ante el pueblo con nuestra responsabilidad ante los
organismos dirigentes del Partido:
tal es nuestro punto de partida. Los
comunistas deben estar dispuestos en todo momento a perseverar
en la verdad, porque toda verdad concuerda con los intereses del
pueblo; los comunistas deben estar dispuestos en todo momento a
corregir sus errores, porque todo error va en contra de los
intereses del pueblo.
La experiencia de los últimos veinticuatro años nos demuestra que
toda tarea, política y estilo de trabajo correctos responden
siempre a las demandas de las masas en determinado tiempo y lugar y
nos unen con ellas, y que toda tarea, política o estilo de trabajo
erróneo no responde jamás a las demandas de las masas en
determinado tiempo y lugar y nos aparta de ellas. Enfermedades
tales como el dogmatismo, el empirismo, el autoritarismo, el
seguidismo, el sectarismo, el burocratismo y la arrogancia en el
trabajo son indefectiblemente perjudiciales e intolerables, y toda
persona que las padezca tiene que superarlas, porque ellas nos
apartan de las masas. Nuestro
Congreso debe llamar a todo el Partido a mantenerse vigilante y
velar porque ningún camarada, en ningún puesto de trabajo, se
aparte de las masas. Es necesario enseñar a cada camarada a amar a
las masas populares y a escucharlas atentamente; a fundirse con las
masas dondequiera que
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se
encuentre y, en lugar de situarse por encima, adentrarse en ellas; a
despertar a las masas y elevar su conciencia política partiendo de
su nivel, y, ciñéndose al principio de plena voluntariedad,
ayudarlas a organizarse gradualmente y a desplegar paso a paso todas
las luchas necesarias que permitan las condiciones internas y
externas en determinado tiempo y lugar. El autoritarismo es erróneo
en cualquier tipo de trabajo, porque rebasa el nivel de conciencia
política de las masas y viola el principio de voluntariedad,
reflejando el mal de la precipitación. Nuestros camaradas no deben
dar por sentado que lo que ellos comprenden también es comprendido
por las masas. Para saber si las masas lo comprenden y están
dispuestas a actuar, debemos ir a investigar entre ellas. Actuando
así, podremos evitar el autoritarismo. También es erróneo el
seguidismo en cualquier tipo de trabajo, porque queda por debajo del
nivel de conciencia política de las masas y viola el principio de
dirigirlas en su avance, reflejando el mal de la lentitud. Nuestros
camaradas no deben suponer que las masas no comprenden nada
de lo que ellos todavía no han llegado a comprender. Ocurre con
frecuencia que las amplias masas se nos adelantan y están ansiosas
de avanzar un paso, mientras que nuestros camaradas, incapaces de
actuar como dirigentes suyos, reflejan las opiniones de ciertos
elementos atrasados y las consideran equivocadamente corno si fueran
de las amplias masas, convirtiéndose en cola de esos elementos. En
resumen, hay que hacer comprender a cada camarada que el criterio
supremo para juzgar las palabras y actos de un comunista reside en
precisar si éstos concuerdan con los intereses supremos de las
grandes masas populares y si se ganan su apoyo. Hay
que hacer comprender a cada camarada que, si nos apoyamos en el
pueblo, creemos firmemente en el inagotable poder creador de las
masas populares y, en consecuencia, confiamos en el pueblo y nos
fundimos con él, superaremos toda dificultad y aplastaremos a
cualquier enemigo, en vez de ser aplastados por él.
Practicar
a conciencia la autocrítica es otro rasgo sobresaliente que
distingue a nuestro Partido de los demás partidos políticos. Hemos
dicho que la habitación se debe limpiar regularmente, porque de
otra manera se amontonará el polvo, y que tenemos que lavarnos la
cara con regularidad, porque de otra manera se nos cubrirá de
mugre. La mente de nuestros camaradas y el trabajo de nuestro
Partido también pueden cubrirse de polvo y hay que limpiarlos y
lavarlos. "El agua corriente no se corrompe y a los goznes de
la puerta no los carcomen los gusanos." Este proverbio
significa que el movimien-
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to
constante impide el ataque de los microbios y otros organismos.
Revisar regularmente nuestro
trabajo, desarrollar, durante el proceso de revisión, el estilo
democrático de trabajo, no temer a la crítica ni a la autocrítica
y aplicar aquellas máximas populares chinas tan instructivas como
"di todo lo que sepas y dilo sin reservas", "no
culpes al que hable, antes bien, toma sus palabras como una
advertencia" y "corrige tus errores, si los has cometido,
y guárdate de ellos, si no has cometido ninguno": he aquí la
única forma eficaz de evitar que el polvo y los microbios políticos
infecten la mente de nuestros camaradas y el cuerpo de nuestro
Partido. La campaña de rectificación, cuyo propósito es "sacar
lecciones de los errores pasados para evitarlos en el futuro, y
tratar la enfermedad para salvar al paciente", ha surtido gran
efecto precisamente porque hemos desplegado una crítica y una
autocrítica correctas y no deformadas, concienzudas y no formales.
Los comunistas chinos, que en todo partimos de los intereses
supremos de las grandes masas del pueblo chino, que estamos
convencidos de la completa justicia de nuestra causa, que no nos
detenemos ante ningún sacrificio personal y estamos dispuestos en
todo momento a dar nuestras vidas por esta causa, ¿cómo podríamos
ser reacios a desprendernos de las ideas, puntos de vista, opiniones
o métodos que no respondan a las necesidades del pueblo? ¿Cómo
podríamos alegrarnos de que el polvo y los microbios políticos
ensucien nuestros limpios rostros e infecten nuestros sanos cuerpos?
Incontables mártires revolucionarios han ofrendado sus vidas por
los intereses del pueblo, y a los que vivimos se nos llena de dolor
el corazón cada vez que les recordamos. ¿Habrá interés personal
que no podamos sacrificar o error que no queramos corregir?
Camaradas,
volveremos al frente después de este Congreso y, guiados por sus
resoluciones, lucharemos por la derrota final de los agresores
japoneses y por la construcción de una nueva China. Para lograr
este objetivo, debemos unirnos con el pueblo de todo el país.
Repito: Debemos unirnos con todas las clases, partidos políticos,
grupos sociales e individuos que están a favor de la derrota de los
agresores japoneses y la construcción de una nueva China. Para
lograr este objetivo, debemos unir sólidamente a todas las fuerzas
de nuestro Partido bajo los principios de organización y disciplina
del centralismo
democrático. Debemos unirnos con todo camarada que esté dispuesto
a observar el Programa, los Estatutos y las decisiones del Partido.
Durante la Expedición al Norte, nuestro Partido con-
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taba
apenas con 60.000 militantes; la mayor parte de sus organizaciones
fueron destruidas más tarde por el enemigo. Durante la Guerra
Revolucionaria Agraria, el Partido no rebasaba los 300.000
militantes; la mayoría de sus organizaciones corrió más tarde la
misma suerte. Ahora tenemos más de 1.200.000 militantes, y en
ninguna circunstancia debemos permitir que el enemigo nos destruya.
Si sabemos aprovechar la experiencia de esos tres períodos, ser
modestos, guardarnos del engreimiento y fortalecer, dentro del
Partido, la unidad entre todos los camaradas y, fuera de él, la
unidad con el pueblo de todo el país, no seremos destruidos por el
enemigo, sino que, al contrario, nosotros destruiremos resuelta,
definitiva, cabal y totalmente a los agresores japoneses y a sus
serviles lacayos; entonces construiremos una China de nueva
democracia.
La
experiencia obtenida en los tres períodos de la revolución,
especialmente en la Guerra de Resistencia, nos ha convencido a
nosotros y a todo el pueblo chino de que sin los esfuerzos del
Partido Comunista de China, sin los comunistas chinos corno sostén
del pueblo, no es posible alcanzar la independencia y la liberación
del país, ni tampoco su industrialización y la modernización de
su agricultura.
Camaradas,
estoy firmemente convencido de que contando con el Partido Comunista
de China, dotado de la experiencia de los tres períodos de la
revolución, cumpliremos nuestra gran misión política.
Miles
y miles de mártires han ofrendado heroicamente sus vidas en aras de
los intereses del pueblo. ¡Mantengamos en alto su bandera y
avancemos por el camino teñido con su sangre!
Una
China de nueva democracia está a punto de nacer. ¡Saludemos ese
gran día!