sábado, 17 de septiembre de 2016

Apuntes sobre la llamada teoría del Confederalismo Democrático. Un articulo del camarada Miguel Alonso.




Articulo del camarada Miguel Alonso 
 “No hay que olvidar jamás la lucha de clases”

Mao Tse-Tung 
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Creemos que es oportuno señalar algunas cuestiones sobre la teoría del Confederalismo Democrático como superadora de la Dictadura del Proletariado ya que, últimamente, parece crecer la confusión sobre esta cuestión, de la mano de los anarquistas o seudo-anarquistas que propugnan esta teoría y que tiene como principales valedores a los seguidores del dirigente kurdo Abdulah Öcalan, impulsor del mismo en Turquía y en la Rojava siria.
Esperamos que estos apuntes sirvan para una crítica en profundidad de la citada teoría aunque suponemos ya la han hecho los camaradas maoístas turcos y kurdos.
Es importante señalar que esta crítica para nada cuestiona el derecho a la autodeterminación del pueblo kurdo, su heroica lucha o el deber internacionalista de apoyarla.
Desconocemos en realidad si Öcalan fue alguna vez marxista o simplemente se apoyó en un entorno, que se definía como M-L, para el desarrollo del PKK, pero es evidente en su libro, su total abandono del mismo. El texto publicado en el 2012 es un reflejo, ecléctico y confuso de la ideología que niega la lucha de clases como motor de la historia y basa su discurso en las culturas, etnias o incluso imperios del pasado para afirmar como objetivos paradigmáticos la democratización y  la des-centralización confederal.
En el libro base de esta teoría el “Confederalismo Democrático,” escrito por Abdulah Öcalan, se afirma:
“Si el Estado-Nación es la columna vertebral de la modernidad capitalista, ciertamente es también la jaula de la sociedad natural.” Y un párrafo más adelante dice: “El Estado-Nación domestica a la sociedad en nombre del Capitalismo y aliena a la comunidad de sus fundamentos naturales.”(1)
El texto de Öcalan ataca de forma reiterada el Estado nación asimilándolo al capitalismo. Como vemos lo pone en el centro de todos los males, como los anarquistas. Ahora bien no habla, ¡ni una sola cita!, de la lucha de clases y sus contradicciones o del carácter de las mismas. Eso sí, habla de la comunidad natural y sus fundamentos. Para él la comunidad natural es un sujeto por encima de la historia y de la lucha d clases. Una idealización basada en los clanes y los códigos culturales de las etnias primigenias. Parece olvidar el autor que cualquier formación humana tiene su forma específica de lucha de clases, aunque esta se dé entre siervos y señores. ¡El capitalismo no invento la lucha de clases! Tampoco lo hizo Marx, que tan solo la puso como centro y motor de la historia, señalando que la contradicción entre la burguesía y el proletariado llevaba a la destrucción del capitalismo y a una sociedad de transición socialista, en forma de dictadura revolucionaria del proletariado.
El texto de Öcalan define el Confederalismo Democrático como:
“Este tipo de autoridad o administración puede ser llamada administración política no estatal o democracia sin Estado. Los procesos de toma de decisión democráticos no deben ser confundidos con los procesos conocidos de la administración pública. Los Estados sólo administran mientras que las democracias gobiernan. Los Estados están fundados en el poder, las democracias están basadas en el consenso colectivo. El mandato en el Estado está determinado por decreto, aunque puede en parte ser legitimado a través de elecciones. Las democracias usan elecciones directas. El Estado usa la coerción como medio legitimo. Las democracias se apoyan sobre la participación voluntaria.
El Confederalismo Democrático está abierto a otros grupos y facciones políticas. Es flexible, multi-cultural, anti-monopólico, y orientado hacia el consenso. La ecología y el feminismo son pilares centrales.
En el marco de este tipo de auto-administración, una economía alternativa se vuelve algo necesario, lo que incrementa los recursos de la sociedad en lugar de explotarlos y así hace justicia a las múltiples necesidades de la sociedad” (1)

La lucha es permanente y la paz transitoria

Es evidente el eclecticismo que lleva a negar que la propia “auto-administración” que propone, sea una forma de poder estatal des-centralizado, pero aun se hace más confusa cuando plantea que, de esa forma, nazca una nueva economía alternativa, pues para nada habla de la propiedad de los medios de producción o de la distribución de la riqueza. Por no olvidar que ese nuevo poder tiene necesariamente un carácter de clase y partidario.
Sería importante que nos explicara su concepto del “consenso” pues creemos evidente que contradicciones antagónicas o en el seno del Pueblo, entre oprimidos y opresores, no se resuelven sin que el mismo signifique el predominio de uno de los términos opuestos.
La armonía y los defensores del “reino de la armonía” como Confucio, predicaban el Status quo. “La armonía natural” es el retorno a los ritos que situaban a los señores siempre sobre los siervos, a los mandarines sobre los campesinos. La armonía y la paz tienen siempre un sello de dictadura de una clase por mucho que se empeñen los teóricos oportunistas en negarlo.
Las sociedades se desarrollan en lucha, los periodos de “consenso” son siempre transitorios.
Las contradicciones son siempre irreconciliables y serán resueltas según su carácter. En este sentido Mao Tse-tung afirma: “Todas las contradicciones son irreconciliables. ¿Dónde están las contradicciones reconciliables? Algunas contradicciones son antagonistas, otras no los son. Pero no se puede afirmar que haya contradicciones irreconciliables y contradicciones reconciliables” (2)
La solución a la contradicción antagónica Burguesía/proletariado, entre nosotros y el enemigo, es Revolución socialista y su forma ineludible es la Dictadura del Proletariado.
Ignorar el carácter de clase de la democracia pone, esta teoría, al nivel de la charlatanería metafísica burguesa, en la que los términos son usados en abstracto como “valores” universales.

Negar la necesidad de la Revolución.

Pero donde llega al delirio el texto es cuando afirma:
“Los monopolios económicos, políticos, ideológicos y militares son construcciones que contradicen la naturaleza de la sociedad a través de la simple pugna por un superávit. Éstos no crean valores. Tampoco puede una revolución crear una nueva sociedad. Sólo puede influenciar el tejido ético y político de una sociedad.”(1)
No pensamos discutir un disparate, tan obvio, como la negación de la Revolución y su necesidad para crear una nueva sociedad, pues pretender que la ideología burguesa sea vencida al margen de una revolución que destruya el poder burgués, es cuando menos ingenuo cuando no, un disparate malintencionado.
Desconocer o ignorar que también en la lucha ideológica, la cuestión del Poder es central, solo conduce al fracaso. La ideología que predomina esta siempre  al servicio de una clase determinada, no es una forma aparte de la política, como pretenden los que tratan de presentarla como una cuestión de simples “sensibilidades” o formas pos-modernas de interpretarla. El día a día de nuestros pensamientos, de nuestra conducta, está marcado por nuestra ideología, por nuestra posición de clase, seamos conscientes de ello o no.
La lucha contra la ideología burguesa sigue incluso después de la toma del poder por los trabajadores y trabajadoras, siendo la toma del Poder la base imprescindible para esta lucha. Es un camino largo, tortuoso y prolongado pues aun, con la Dictadura del Proletariado, hemos visto la feroz resistencia del pensamiento burgués capaz de lograr la restauración del poder perdido.
Solo en el marco revolucionario de la Dictadura del Proletariado se puede lograr la victoria, en sucesivas revoluciones culturales, contra la ideología burguesa y capitalista y su tenaz resistencia.

La mujer sostiene la mitad del cielo.

Marx y Engels señalaron: “el desarrollo de una sociedad se mide por el puesto que en ella ocupan la mujer”
En el poder burgués, la opresión de la mujer, de sus derechos, obedece a códigos reaccionarios, bien religiosos, mágicos o al vulgar machismo (supremacía del hombre) que esto genera. Son rezagos semi-feudales en la superestructura ideológica burguesa.

Evidentemente nunca han formado parte del pensamiento revolucionario marxista, que es un pensamiento de liberación plena del ser humano.  
En la sociedad socialista la contradicción hombre-mujer es resuelta con la plena igualdad y libertad sexual, siendo manifestaciones del pensamiento burgués cualquier tipo de discriminación u opresión sobre la misma.

Claro está que nada se resuelve simplemente por decretos o proclamaciones, es parte central de la tenaz lucha ideológica que tiene que librar el proletariado revolucionario contra cualquier forma de opresión por motivos de sexo u orientación sexual.  
Pero volvamos al PKK, para ver que el abandono del de la ideología proletaria el M-L y de la lucha por el socialismo, comenzó en los años noventa, renunciando al mismo, con análisis tan sorprendentes sobre la URSS como el siguiente, tomado de un texto de sus seguidores:  “Ideológicamente, se produjo una declinación hacia el dogmatismo, al materialismo vulgar y al chauvinismo pan-ruso; políticamente, fue la creación del centralismo extremo, una suspensión de la lucha de clases democrática, y el ascenso de los intereses del Estado al nivel del factor determinante; socialmente, se redujo la vida libre y democrática de la sociedad y sus individuos; económicamente, el sector estatal fue dominante y  fue un fracaso el intento de superar una sociedad de consumo que era emulada en el extranjero…”
Evidentemente ni una sola crítica al revisionismo ni al oportunismo o al abandono de la Dictadura del Proletariado por “el Estado de todo el Pueblo” de renegado Jruschov, como causa del colapso de la URSS. Esto indica el rigor de los análisis oportunistas, no hay otra forma de decirlo, pues no cabe duda, que no fue por ignorancia, que se escamoteo la crítica al revisionismo soviético, el acontecimiento más importante que vivió la izquierda, junto a la GRCP, en la segunda mitad del siglo XX.
Eso sí, cargan las tintas en acusaciones como; “una suspensión de la lucha de clases democrática”. ¡A qué conclusión llegan estos oportunistas poniéndose al nivel del pensamiento idealista burgués!

El peligroso camino de negar la realidad conduce a la capitulación frente al poder burgués.

Una vez más Bakunin resucita en sus sueños del pueblo sin estado, sin gobierno, al identificar Estado y su desaparición como el centro de la lucha, olvidando el carácter político de la lucha de clases y su existencia hasta conseguir una sociedad comunista.
Cautivos del temor por los conceptos, los anti-autoritarios y libertarios atacan las estructuras organizativas del poder proletario calificándolas de autoritarias o patriarcales. ¿Es esto así acaso? La respuesta sin duda en ¡No!
Los mecanismos de Poder son creados para ejercer el mismo, dando solución a diversos tipos de contradicciones. Esto es así en todas las organizaciones humanas.
Así cuando hablamos de Poder, hablamos de que clase predomina sobre las demás y que intereses defiende. Poder político a nivel de la superestructura social emanada por un modo de producción concreto. Es importante esta cuestión pues no se trata de valores inmutables sino que el modo de producción los determina.
Conviene recordar que la Dictadura del Proletariado o la Dictadura Democrática-Popular, es el poder de las clases populares, con la dirección del proletariado y su vanguardia política, sobre la burguesía, los terratenientes o los reaccionarios. Es una estructura de dominio sobre esta, punitiva, capaz de impedir la inevitable contra-ofensiva burguesa a los 3 niveles; económico, ideológico y político.

Para concluir estos apuntes críticos, señalar que órganos básicos de la Dictadura del Proletariado son las Comunas Populares y los Comités Revolucionarios, son la forma que la misma ejerce su poder y organiza la propiedad colectiva, dando solución a las contradicciones en el seno del pueblo, siendo la base organizativa del pueblo en armas. Las comunas no son asambleas de charlatanes o de discusiones bizantinas, son  los trabajadores y trabajadoras haciendo suyo el poder de la dictadura de clase. Participes de la verdadera democracia, centro político y organizador de multitud de tareas, basándose en el auto-sostenimiento (descentralización) y trabajo duro.
Notas:
(1) Abdulah Öcalan. Confederalismo Democrático. 1912
(2) Mao Ste-tung. Sobre la construcción del Socialismo. 1973

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